"Un dolor que no detiene, no inmoviliza, sino que impulsa"
Cientos de personas, legisladores de los partidos de izquierda, representantes de organizaciones sociales y religiosas, desbordaron la iglesia. Durante el oficio, presidido por el arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás Cotugno, se vivieron escenas de profunda emoción.
También estuvieron presentes en la misa los obispos Orlando Romero (Canelones), Raúl Scarrone (Florida), Daniel Gil (Salto) y Julio Bonino (Tacuarembó).
Al final de la ceremonia, Cotugno se acercó al féretro y expresó: «Al despedir a nuestro hermano a la morada eterna, quisiera decir una palabra que me corresponde como integrante de la Comisión para la Paz, que presido».
«De ahora en adelante, materialmente ya no seremos seis, seremos cinco. Pero quiero decirte, Perico, que estarás siempre en medio de nosotros y quisiera decirte que desde la visión de lo definitivo, de lo eterno, desde ese Dios que es amor, presidas tú esta Comisión para la Paz, para que tengamos paz».
«Yo te he conocido justamente al empezar este trabajo de la Comisión. Te conocía por los escritos y por lo que decían de ti. Nunca me había encontrado contigo».
«Pero desde que te conocí, desde que entramos en ese edificio para trabajar juntos para la paz, he aprendido a valorarte por lo que eres más que por lo que pudiste haber dicho o escrito. Y te he apreciado y te he querido».
«Al despedirte no es decirte adiós –dijo Cotugno– es decirte, porque creemos en ese Cristo vivo que es fuente de resurrección y realidad, quédate con nosotros y ayúdanos desde el cielo a dar ese aporte de vida, fe y amor que hace posible esa paz que humanamente es imposible».
«Por eso contigo queremos seguir adelante por este camino delicado, difícil, que creemos que con la ayuda de Dios y tu intervención ante Dios nos ayudes a llegar a la paz de nuestro pueblo. Que haya paz en el corazón de aquellos que más que otros han sufrido, como consecuencia de la injusticia, la opresión, el crimen». «A todos danos la posibilidad de dar ese paso como el Señor quiere que lo demos, mediante el perdón. No hay paz sin perdón, por más que se pueda llegar a una justicia jurídicamente acertada. Si no hay ese sumplemento de vida divina, nuestra paz social será imposible».
«Perico, te pedimos que desde el cielo nos des la paz de Dios, que haga posible la paz entre nosotros», afirmó Cotugno.
«Dolor que impulsa»
Luego de finalizada la ceremonia en la iglesia, una verdadera multitud acompañó el cortejo fúnebre hasta el Cementerio Central.
Allí, en nombre del Servicio de Paz y Justicia, el coordinador de la entidad, Raúl Martínez, dijo: «No esperábamos por muchos años venir a entregar a esta tierra el cuerpo de Perico, porque él estaba lleno de vida. Estas horas son de desconcierto, dolor y rebeldía».
«Es un dolor que no detiene, no immoviliza, sino que es un dolor que impulsa, se proyecta, empuja a seguir adelante, como él quería hacerlo y como él lo hizo».
Martínez agregó: «No es una rebeldía ante lo inevitable, sino ante lo que se oculta, ante el silencio, el miedo, la injusticia, por lo que él se rebeló cada día de su vida».
«No fue un hombre de lanzar ideas a cubierto de cualquier riesgo, por el contrario, asumió los peligros que sus propuestas implicaban y coherente con ellas enfrentó los momentos más difíciles. Así fue que en aquellos años de miedos y silencios impuestos por la dictadura, cuando cada gesto por la verdad y la justicia podían costar la cárcel, la tortura o la muerte, predicó con la palabra y el ejemplo la causa de los derechos humanos».
«En esa lucha no podía olvidarse a las personas que un día fueron hundidas en la oscuridad de la desaparición, víctimas del odio irracional que se padeció durante los años de la dictadura. Hasta el último día de su vida trabajó por esa verdad que se nos pretende ocultar».
«Por eso puede comprenderse que hoy, al saber de su muerte, tanta gente se conmueve, se acongoja y se indigna ante su ausencia».
Por su parte, el representante de los familiares de detenidos desaparecidos, Javier Miranda, afirmó: «Recordamos al compañero que invitamos a trabajar en ese camino por la verdad y la justicia, que nos comprometemos a reforzar y recorrer hasta el final».
«Destacamos su humildad, su sincera lucha por los derechos humanos, siendo digno y fiel a sus maestros, Jesús e Ignacio».
«Creemos que el país debe reivindicar a Perico, porque es necesario que esta sociedad recupere la esperanza por un Uruguay mejor».
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