Comerciantes se defienden. Ya se habían aplicado en 2001 ante la ola de robos

Cambadu relanza los "botones de pánico"

El «botón silencioso» o de «pánico» fue aplicado por el Centro de Almaceneros Minoristas, Baristas, Autoservicistas y Afines del Uruguay (Cambadu) ya en el año 2001 ante la ola de robos que en esa época afectó a los comerciantes.

Ayer en conferencia de prensa el presidente del Centro dijo que, ante la nueva situación de conflictividad y violencia que los pequeños comerciantes, sobre todo los que están instalados en barrios con «mayores problemáticas» decidieron volver a relanzar este sistema de seguridad. Aquellos comerciantes que decidan instalarlo deberán pagar 500 pesos por única vez y luego una cuota de 390 pesos más IVA para mantenerlo. La persona que lo adquiera dará aviso mediante un sistema computarizado a la empresa de seguridad encargada -en este caso Roytronic- la que dará aviso de forma inmediata a la Policía y al servicio 911. «Ellos son los encargados de disponer luego el operativo, por lo general, cuando el botón es usado, se designa el patrullero que está más cerca para que acuda al comercio que solicita ayuda. La Policía tarda en llegar alrededor de cinco minutos», dijo Mario Menéndez.

En el año 2001 este sistema fue colocado en 300 comercios de la capital, la mayoría los mantiene hasta hoy. Ahora Cambadu apunta a todos sus socios que totalizan 3.300.

El testimonio de Luis Inzaurralde, uno de los comerciantes que utiliza este sistema de alarmas desde el año 2001 y que ayer participó en la conferencia de prensa del Centro, es positivo respecto a este sistema. Él tiene un autoservicio en el barrio Cerrito de la Victoria y contó a LA REPUBLICA que hasta ese año, por lo menos lo habían robado más de sesenta veces, «a esa altura el Banco de Seguros no nos aseguraba, nadie nos quería asegurar el comercio por la alta siniestralidad que tenía».

«A partir del 2001 y con la iniciativa de los pulsadores y todos los carteles que pusimos comenzamos en una etapa de prevención. Nosotros ante cualquier duda, o movimiento sospechoso lo activábamos. A veces en el acierto, a veces en el error, pero eso llevaba a que, en pocos minutos el comercio estuviera rodeado de policías y eso fue disuadiendo a la delincuencia que es muy frecuente en esa zona».

Inzaurralde dijo que antes de comenzar a trabajar con este sistema ellos llamaban a la jefatura pero el patrullero llegaba recién a los 45 minutos de la denuncia. «Venían cuando los que nos habían robado estaban tomando el café en la casa», y agrega que con este sistema silencioso la llegada de los efectivos «es mucho más veloz». «La llamada se le transmite al patrullero que está más cerca del lugar y son ellos los que reciben la orden de trasladarse al comercio que pide ayuda. Esto luego de que comienza a aplicarse se transmite en el boca a boca, incluso entre la misma delincuencia que dicen: ojo que ahí en tres o cuatro minutos está la policía».

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