Asamblea General no levantó vetos a dos artículos de la Rendición de Cuentas
Ochenta y cinco legisladores -incluyendo a los blancos, pese a que expusieron sus observaciones- votaron a favor y sólo siete, todos colorados, se expresaron por la negativa.
La Asamblea General, entonces, presidida con estilo marmóreo por Nin Novoa, dejó firmes las observaciones del Poder Ejecutivo a los artículos 241 y 253 de la Rendición de Cuentas. El artículo 241 cometía al Ministerio de Industria y Energía el diseño de una política nacional de telecomunicaciones antes del 1º de marzo de 2010, suspendiendo el otorgamiento de licencias para cualquier servicio en ese ámbito hasta tal fecha; se entendió que podría comprometer al futuro gobierno, al tiempo que la suspensión aludida podría distorsionar servicios de diversa índole en funcionamiento. La nueva redacción establece que Industria y Energía «propondrá» al Poder Ejecutivo el diseño de esa política «para facilitar el desarrollo y la evolución del sector antes del 1º de marzo de 2010″. El artículo 253 fue vetado en parte, al advertirse que su redacción contenía un error: en vez de Inspección General de Hacienda debía decir Auditoría Interna de la Nación, lo que fue corregido. Los blancos se incomodaron mucho por la convocatoria de esta sesión a último momento -esa fue su opinión- y por carecer de información del oficialismo acerca de los alcances, sobre todo, del primero de los artículos vetados. Alberto Heber, por ejemplo y a raíz de esa molestia, gesticuló como en el Senado, sin considerar el menor espacio disponible por la estrechez de las bancas de Diputados, lo que fue sufrido por quienes estaban a sus lados. Fue posible observar otros aspectos, apropiados para el cotilleo. A Danilo Astori se le notó muy desapasionado, desasido, como si las recientes vacaciones en Buenos Aires hubiesen sido excesivas. Bueno, también pudo ocurrir que se haya sentido desacomodado por estar nuevamente en un recinto donde lo acribillaron a interpelaciones, ahora sólo incomodado por disparos de los fotógrafos; estuvo, además, custodiado por Carlos Baráibar, entre sueños, y por Alberto Cid, en estado de vigilia permanente. En la bancada colorada se vio a Sanguinetti al frente, muy solo, sin el calor, la cercanía, el cariño de quien supo ser su fiel soldado. Sin uniforme, Washington Abdala se sentó detrás de don Julio María, ignorándose si para custodiarlo -por un acto reflejo- o para vigilarlo (que quiere decir otra cosa ¿no?). ¡Y cuántas canas en la bancada del Frente! Parecía un geriátrico, parecía.
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