
En menos de una hora de charla franca, este hombre de 48 años respondió a todas mis preguntas sin que su semblante mostrara alteración alguna. Rechazó los rótulos de izquierda, centro o derecha y se autodefinió como enemigo tanto del neoliberalismo que encarnan Lacalle y de Posadas, como del “neoestatismo” que impulsa el Frente Amplio.
–¿Cómo te ubicás ideológicamente? ¿Derecha, centro, izquierda?
Creo que el tema de la izquierda y la derecha responde a una necesidad de la gente y de los analistas de clasificar. Pero es algo que está perdiendo actualidad. El concepto viene de la Revolución Francesa, cuando se enfrentaban girondinos y jacobinos. Los que se sentaban a la derecha en la Convención no querían limitar el poder del gobernante y los que se sentaban a la izquierda querían limitárselo. Y fijate cuál es la realidad hoy: los que queremos limitar el poder del presidente (que tiene mayorías parlamentarias) nos estaríamos sentando, en la Asamblea Francesa, a la izquierda; y los que no quieren limitar ese poder y votan todas las leyes se sentarían a la derecha. Me podés decir que los de izquierda se identifican más con lo que tiene que ver con la justicia social…y yo en eso no le doy la derecha a nadie. Hago mías las palabras de Felipe González, el año pasado, cuando dijo que recorría América y veía que quienes se decían de izquierda hablaban de sacarle al que tiene para darle al que no tiene, es decir, de distribuir exclusivamente. Y los que se decían de derecha hablaban de generar riqueza sin preocuparse de la justicia distributiva. La verdad está en la centralidad, en generar para distribuir. Siento y esto lo digo con profundo respeto que el Uruguay va encaminándose a una especie de oposición en la que yo no creo, entre lo que representa hoy el Partido Nacional con Lacalle, de Posadas, etcétera, que suele ser llamado neoliberalismo, del mercado por el mercado mismo y que la gente se las arregle como pueda (y si la gente pasa mal, se organizan tés rummy-canasta); y por el otro lado, el Estado por el Estado mismo, es decir el Estado todo pero no al servicio de la gente sino al servicio de las corporaciones de funcionarios. Entonces la opción en la que creo es que haya competencia pero no mercado salvaje y que se intervenga para frenar ese mercado salvaje, y donde exista un Estado fuerte pero no monopólico ni exclusivo. Creo que la opción entre la propuesta “neoestatista” del Frente Amplio frente al neoliberalismo del doctor Lacalle no es justa.
Pero vos fuiste ministro de Jorge Batlle, un hombre decididamente neoliberal.
Sí. Pero siendo ministro de Turismo denuncié a Ambev cuando fue a cerrar la planta de Norteña por abuso de la posición dominante, cosa que no sé si otro ministro hizo en la historia del país; yo denuncié a una empresa brasileña dueña de tres fábricas de cerveza que quería cerrar la de Paysandú… Es decir, yo creo en la competencia pero no en la competencia entre desiguales, entre el que hace trampa y el que juega limpio. Me da la sensación de que ese neoliberalismo que representan de Posadas y el doctor Lacalle significa “y bueno, abramos y que el mercado arregle todo”. Muchos de ellos hablan de privatizar y yo creo que no hay que privatizar las empresas del Estado, hay que hacerlas competir. Por otro lado tenés al “neoestatismo”, que sostiene que el Estado tiene que hacer todo y estar al servicio de sus funcionarios. Yo me afilio a un “neocentrismo” (se ríe), o sea a un pragmatismo.
Estamos de acuerdo. Ahora, políticamente, el batllismo se caracterizó por un liberalismo extremo de defensa acérrima de la democracia y las libertades públicas.
Sí, sin duda. A mí me gusta decir que somos defensores de la libertad, eso sí. No somos liberales en economía pero sí en política. Libertad de opinión, de expresión, de prensa, de elegir, en eso creo cien por ciento.
Me parece notar una cierta contradicción. Porque tu padre dio un golpe de Estado, ¿sí o no?
Obviamente que sí. Pero, a ver si nos entendemos. El senador Mujica, el senador Fernández Huidobro, el ministro Bonomi, agarraron las armas y salieron a matar gente y a secuestrar… Y mataron y secuestraron. Hoy creen en la libertad y en la democracia y están sentados en el Parlamento. Yo, ni di un golpe de Estado, ni maté a nadie, ni secuestré a nadie, ni me alcé en armas contra nadie; y ellos se alzaron contra un gobierno blanco, colegiado, democrático. Supongo que Mujica, Fernández Huidobro y Bonomi, por no citar sino los más relevantes del gobierno, habrán cambiado de opinión y por ende ahora creen en el sistema democrático y en la libertad. Yo nunca cambié de opinión, siempre pensé así.
Quiere decir que censurás el golpe y el régimen cívico-militar.
A ver. Yo lo puse por escrito en el libro “Que me desmientan”: yo censuro lo que pasó en el sesenta, en el setenta y en el ochenta. No quiero que el Uruguay vuelva a vivir eso. Por esa razón es que fui a la Plaza Independencia el 19 de junio, a decir “nunca más”.
Precisamente, iba a preguntarte sobre eso. El abrazo entre vos y Tabaré Vázquez tuvo un significado muy profundo, ¿no? Yo lo vi como una respuesta tuya a un llamado a la conciliación.
Ese día entendimos que el presidente estaba dando un paso en el sentido correcto. Creo que en estos temas del pasado reciente, uno tiene que empezar a buscar las cosas que unen, si de veras queremos solucionar el problema.
Siento que la convocatoria del doctor Vázquez a un acto por el Nunca Más, que nunca más pasen las cosas de los sesenta, setenta y ochenta, nunca más uruguayos contra uruguayos, hermanos contra hermanos, siento que es algo detrás de lo cual podemos alinearnos todos. Siento, además, que EEUU y la URSS se pelearon durante muchos años en varias partes del mundo, y después se cayó el muro de Berlín, la URSS se desmoronó, China se abre al capitalismo, y nosotros nos quedamos acá, con nuestros dolores y nuestras cicatrices… Entonces, nunca más, que nunca más alguien agarre un revólver y salga a cambiar el sistema democrático a los balazos o secuestrando, que nadie reaccione contra él porque hace eso. Los de mi generación, como no fuimos protagonistas, podemos encarar eso más libremente, no tenemos la carga emocional que tienen los que vivieron aquello.
¿A qué atribuís el éxito que te están dando las encuestas en la interna colorada?
Creo que uno no debe entristecerse cuando la encuesta no le es favorable ni exaltarse cuando le da bien. Las encuestas son señales que te van diciendo si estás haciendo las cosas bien o mal. Creo que la gente le viene diciendo desde hace un buen tiempo a los colorados qué es lo que tienen que hacer. Le ha pegado cuatro gritos muy fuertes al Partido: el primero en octubre de 2004, cuando teníamos un excelente candidato, un hombre capaz, con muy buena imagen, pero fue el candidato de los dos sectores tradicionales del Partido, no fue algo nuevo; y la gente no lo quiso por eso, porque no había renovación con ese candidato. Fijate que a los seis meses, me presenté yo para las municipales; era una figura nueva y distinta de lo anterior, ni mejor ni peor, pero era una renovación, y pasamos del 8,5% al 27%. Después de eso hubo elecciones juveniles en las que participaron 46 mil jóvenes y ahora las encuestas reflejan que la nuestra es la única propuesta nueva. Creo que son gritos muy fuertes que está dando la gente de hacia dónde tiene que ir el Partido.
Según tu punto de vista, tanto Hierro como Amorín son candidatos digitados por las cúpulas sectoriales.
¡No! Digitados, no. Lo que es claro es que son candidatos de los sectores tradicionales, y la gente está reclamando al Partido que se renueve, que se revitalice, como lo hizo el Partido Nacional con el doctor Larrañaga en el 2004. El doctor Batlle tiene ochenta años y el doctor Sanguinetti 73 o 74, y bueno…
Dentro de ese
más de 60% que te apoya, hay sin duda ex votantes de Pacheco.
Puede ser. Pero en realidad, estoy cosechando adhesiones de mucha gente de orígenes diferentes: de pachequistas, de colorados independientes, de muchísimos batllistas. Alcanza con ver los dirigentes que están conmigo: Ope Pasquet, Alberto Brause Berreta, Guillermo Stirling, todos del cerno batllista. Hay colorados ruralistas y hay blancos también…
Las mismas encuestas que te dan esa supremacía dentro del Partido Colorado, dan al Partido un muy bajo porcentaje en lo nacional… Por eso, en una hipótesis de balotaje, que sería entre el Partido Nacional y el Frente Amplio, ¿a quién votarías?
A mí no me gusta hacer futurología. Nosotros como partido tenemos que concentrarnos en presentar una opción que nos permita superar al Partido Nacional para ir al balotaje con el Frente Amplio. Tené en cuenta que hoy el doctor Lacalle con esa gran picardía política que tiene le está mintiendo a la gente al decir “vótennos a nosotros porque somos los únicos que podemos ganarle al Frente”. Eso es una mentira, porque no importa que el voto vaya a los blancos o a los colorados para impedir que el Frente gane en primera vuelta o no. Pero con mucho olfato, el doctor Lacalle se está presentando como el único capaz de evitar el triunfo del Frente en primera vuelta; me parece que le va a crecer un poquito la nariz… Que no se apure el doctor Lacalle. Lo primero que tiene que hacer es ganarnos a nosotros, y después ahí se verá qué pasa, quiénes son los dos que quedan en carrera, cuáles van a ser los apoyos. Pero antes de eso, nada. Yo no puedo decir “voy a votar a tal o a cual en un balotaje” porque eso implica aceptar de antemano que no tengo chance. Insisto: estamos trabajando para que seamos nosotros los que le disputemos la Presidencia al Frente.
Entonces estás admitiendo que ninguno de los partidos tradicionales ganará en primera vuelta.
Y sí, creo que es muy difícil que alguno de los dos partidos históricos gane en primera vuelta; del mismo modo que también me parece difícil que gane el Frente en primera vuelta. Pero creo que el Frente tiene asegurada su presencia en el balotaje.
Estás haciendo futurología…
(Se ríe) No, estoy siendo realista. Lo otro no es ser realista. Creo que primero hay que ganar la interna, después ganarle al Partido Nacional, y después ir al balotaje con el Frente; y chau, problema resuelto.
–En el caso de un balotaje entre vos y el candidato del Frente, ¿le pedirías el apoyo a los blancos?
–Yo no creo que haya políticos que sean dueños de los votos de la gente. Uno me dijo el otro día: “Vos tenés 250 mil votos en Montevideo, los que te votaron en las municipales de 2005″.
Eso es mentira. ¿Dónde tengo esos votos, en el banco, en un cheque por 250 mil votos? No, los votos son de la gente. Todo eso forma parte de la picardía del doctor Lacalle, que anda diciendo “Che, ¿me van a apoyar en un balotaje?”. Y yo le pregunto: ¿Y vos me vas a apoyar a mí? De ese modo, él quiere que la gente se saltee una etapa y yo no voy a entrar en ese juego. Me parece que es una deslealtad plantear algo que va a pasar más adelante como si fuera a pasar ahora.
–En una entrevista anterior, Luis Hierro sostuvo que el cerno ideológico del batllismo es el centro-izquierda. ¿Te considerás batllista?
–Creo que el Partido Colorado hoy todo es batllista, y creo que otros partidos son batllistas.
Hay blancos que se dicen batllistas, hay muchos frentistas que se consideran batllistas, y eso porque los objetivos que perseguía Batlle y Ordóñez a comienzos del siglo pasado hoy son los objetivos de todo el espectro político uruguayo, menos quizás algún blanco que anda por ahí. Pero el objetivo de justicia social, de erradicar la pobreza, de educación de avanzada, eso lo tenemos todos. Lo que ha cambiado es la forma de lograr esos objetivos. Los monopolios estatales se justificaban hace cien años; hoy, no.
Está casado con una psicóloga y tiene tres hijos. Uno en edad liceal, otro estudiante de economía y el mayor, de periodismo. Cursó Derecho en la Udelar entre 1979 y 1985, mientras trabajaba en un banco. Luego de recibirse dio clases en la Facultad de Derecho y actualmente es docente en la ORT.
La actividad deportiva fue siempre parte intensa de su vida. Jugó al fútbol en la Liga Universitaria, donde fue dirigido por Juan Eduardo Hobberg; también jugó al basquet y al rugby.
Se declara admirador de Woody Allen, lee mucho y ha publicado un volumen de narraciones, “Cuentos del pueblo Faro de José Ignacio”.
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