Homenaje a un hombre como pocos
Son escasas las oportunidades en que hay semejante coincidencia en un plenario de Diputados al homenajearse a una figura pública fallecida hace una década. Pareció que todos los oradores sin distinción de partidos y con un inusual respeto hubiesen admitido que Adolfo Gelsi Bidart, abogado, docente, dos veces Decano de la Facultad de Derecho, personificó naturalmente aquella hermosa sentencia del poeta: «Vivir se debe la vida/ de tal suerte,/ que viva quede en la muerte». Alvaro Lorenzo (Alianza Nacional) inició la oratoria ante palcos y barras repletos de familiares y amigos de Gelsi Bidart, enorme personalidad que también sirvió como ejemplo de que no es lo mismo ser «un buen hombre que un hombre bueno», y lo calificó de «persona excepcional». El legislador blanco, cuya exposición, preñada de afecto y emoción fue además muy extensa, evocó a «un hombre motivado de forma trascendente, que durante toda su vida tuvo al otro, al semejante, como el sujeto de sus preocupaciones». También hablaron visiones personales a tono con las circunstancias Javier Salsamendi (Espacio 609), Julio Basanta (Alianza Nacional) y Jaime Trobo (Herrerismo). Pero fue Alberto Scavarelli (Foro Batllista) quien, improvisándolo, fue responsable del discurso más conmovedor, sin duda fino, admirable.
Con un estilo fluido, preciso, y un tono ajustado a la atención que concentró, definió a Gelsi Bidart como «una mente superior que marcó para bien la vida de más de una generación» y «como un hombre de filosofía elaborada». Fue una suerte de milagro. Concluido el homenaje, durante el cual se advirtió a los legisladores serenos, atentos, casi en estado de oración, se vino la sesión ordinaria y reaparecieron las viejas y queridas patologías: caminatas, charlas, uso de celulares en reiteración real y entradas y salidas recordando aquel chancho que sólo Cacho de la Cruz sabía detrás de qué puerta iba a aparecer. Ah, se vio algo tenso a Gonzalo Texeira (Foro Batllista). Dicen que estaba siguiendo el juicio a Carlos Signorelli, al cual mucho contribuyó como denunciante. No es para menos.
¿Se imaginan a este buen muchacho, tan cómodo ahora en su banca, si al que te dije lo exonera la Justicia? ¡Ay, mi Dios! Podría ser para alquilar balcones.
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