LINDOS MODOS DE INDUCIR AL SUEÑO ¿FINAL?
Callado, fiel a mi estilo de pluma erguida, y antes que alguna taquígrafa diera la voz de alarma ahora temen por mis excesos poéticos, me escabullí entre ujieres y vigilantes y observé durante unos minutos la interpelación a los ministros Rossi y Astori sobre el baturrillo armado entre Pluna y Leadgate.
Rindo mi profunda admiración a los periodistas que han debido hacer la crónica de los hechos. Son magos; no sacan conejos de la galera ni diluyen lo sólido, pero sólo con algún tipo de magia pueden ser capaces de tamaña epopeya.
La primera exposición de Rossi, por ejemplo, tras preguntas del interpelante Carlos Moreira (Alianza Nacional), un blanco que se puso rojo de rabioso, produjo el milagro de aburrir al propio orador. Fue tan larga y entreverada que causó cierta respetuosa piedad. Me recordó al fallecido Raúl Fontaina, llamado «el rey del furcio», cucarda que lució siempre sonriendo con orgullo. El Toto, meta revolver papeles, no hizo ni una mueca.
Astori, más allá de lo que cuenta la crónica de la sesión, destacó su espléndida apostura de candidato que, justo al instante del arranque, sufre una especie de refinada tortura china. Menos mal que estuvo bien rodeado: Bergara, al fin cómodo en un sillón a su medida; Lorenzo, Bouzas y Baráibar éste echando pestañaditas en duras sillas y como línea media adelantada; y varios diputados, con Asti a la cabeza, recostados al modo de Ecuménico López, el guapo del 900 de Echelbaum, cubriéndole la espalda.
En fin, la cosa no es interpelar o no, sino cómo hacerlo para que el ciudadano realmente entienda y alguna vez no concluya todo dejándolo colgado de un pincel.
Claro, siempre se puede rescatar la sinceridad y el tesón de muchos. Pero ¡cuánto ha pasado desde aquellas interpelaciones de Wilson Ferreira Aldunate! Ya no da criollos el tiempo…
¿Diputados? También pasé. Hubo verbosos que me trajeron a la memoria el final de Julián Hermida, personaje de Celedonio Flores, que, tras frustrada incursión política, agarró una chata tirada por la yegua Golondrina:
«Medio poeta y cantor/ pero bolilla corrida,/ ha dao más golpes su vida/ que el baúl de un emigrao,/ por eso hoy vive entregao/ al cariño de su china, al laburo, a Golondrina/ y a recordar su pasao».
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