La única novedad. Que algunas planchas se pusieron coloradas

Bordaberry arrastra a la derecha a todo el PC

La aplastante superioridad en las encuestas de Pedro Bordaberry dentro del Partido Colorado, que no llega al 10% de adhesión a nivel nacional, está empujando al Foro Batllista cada vez más a la derecha, crispando su discurso contra el gobierno del Frente Amplio.

El hecho de que el viejo partido de Rivera quede reducido a un grupo de electores conservadores, que expresan el sentir de la derecha de las décadas del 60 y del 70, se encarnó en el pachequismo, en primera instancia, y después en el ruralismo de Juan María Bordaberry, quien terminó haciendo saltar las instituciones, iniciando la larga década de dictadura que asoló el país.

El reciente discurso del precandidato Lius Hierro López no mostró ninguna diferencia con el que está desarrollando Pedro Bordaberry, lo que está indicando que no se vislumbra una renovación del pensamiento de la dirigencia colorada, que parece querer volver a los tiempos de Jorge Pacheco Areco, quien tomó la conducción de esa colectividad política, haciendo abortar las posturas socialdemócratas que aún sobrevivían y que terminaron yéndose de ese partido, como fueron los casos de Zelmar Michelini, Hugo Batalla y Alba Roballo, entre otros dirigentes de distintos puntos del país. Similar actitud ha asumido el diputado Washington Abdala, un herido de guerra de la interna del Foro Batllista, quien no se anima o no quiere ensayar una nueva postura política que lo lleve al reencuentro con el pensamiento de José Batlle y Ordóñez. Los hechos están demostrando que el Partido Colorado está transitando de un partido que alguna vez tuvo ideas y que supo ser el partido del gobierno de los uruguayos en forma casi sistemática, a un partido al servicio del Partido Nacional, para que sea la vieja divisa blanca la que impida que haya un segundo gobierno del progresismo. En el discurso de los dirigentes colorados no hay una sola palabra de autocrítica que permita explicar por qué su atracción electoral no supera el 10% de los ciudadanos. Tanto Hierro como Bordaberry o José Amorín, hablan como si la derrota del Partido Colorado en las pasadas elecciones hubiera sido sólo un accidente y no causa de un profundo deterioro que comenzó en 1971, a pesar del triunfo de Bordaberry, quien era un ruralista identificado con el pensamiento de los sectores más conservadores del Partido Nacional. Con el discurso actual contrario a la redistribución de la riqueza, sin aportar una sola idea al debate ideológico y cultural, todas las corrientes coloradas parecen querer dejar en el pasado los orígenes batllistas que tuvieron mucho de liberales y por momentos de izquierda. Hoy el Partido Colorado parece querer reconstruir su futuro solo desde la derecha, donde quien mejor interpreta la partitura es el hijo del dictador, quizá porque tiene credenciales para ello, aunque en algunos momentos tiene un lenguaje mucho más tolerante que aquellos que creen ser la izquierda colorada.

Estamos ante una dirigencia colorada sin vínculos ni diálogos internacionales, lo que la lleva a cerrarse en la comarca. Actitud muy distinta a la que tuvo en su momento el doctor Julio María Sanguinetti, cuando creó el Círculo de Montevideo a la vez que establecía contactos frecuentes con Felipe González.

La intelectualidad uruguaya, que desde 1958 comenzó gradualmente a darle la espalda a los colorados, está absolutamente alejada de esa colectividad. Hoy la única novedad, si hablamos de vínculos entre lo partidario y lo social, es que exponentes del movimiento plancha se han acercado al Partido Colorado, incluso en un número reducido, cuyo único papel es el de ser objetos fotográficos. En materia ideológica el Partido Colorado se mantiene dentro del esquema de las familias ideológicas, que son propias de la guerra fría. Todo indica que entre los colorados no hay condiciones para que surjan mujeres y hombres nuevos, a pesar del paso al costado de los ex presidentes Sanguinetti y Jorge Batlle. Menos condiciones hay para que en el horizonte alumbre alguna posibilidad de renovación ideológica y política. La supremacía de Bordaberry y la debacle electoral de la fuerza política aseguran que va a llegar a las elecciones de 2009 con una postura de derecha, incluso más a la derecha que Luis Alberto Lacalle. Peor panorama, imposible. (*)

(*) Esta columna debió ser publicada en la edición de ayer domingo.

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