La columna de Sherlock
Fidel y Rafael desaparecieron
–La ruptura se viene y se viene en el Nuevo Espacio, le dijo un funcionario del Palacio Legislativo a Sherlock, que se lo encontró en La Floresta, mientras tomaba un café en el Club Tiburón.
–Chocolate por la noticia, todo el mundo sabe que los diputados Iván Posada, Pablo Mieres y Ricardo Falero no quieren saber nada con los Michelini, respondió seco el sabueso.
–Pero también viene de ruptura con los recuerdos, agregó el informante.
–¿Se puso sentimental?
–Como usted quiera, pero lo concreto es que de una de las paredes del despacho del diputado Ricardo Falero desapareció la foto en la que estaba con Fidel Castro y Rafael Michelini.
–¿Con qué la sustituyeron?
–Con nada, fue la respuesta concluyente.
Batlle y Seregni en Costa Azul: el miércoles
Sherlock se fue por Costa Azul, a Los Corralitos, con la intención de pescar alguna borriqueta. Pero nada, solo plomadas enganchadas en las rocas y algún viejo champión Charrúa, de esos que ya no quedan más.
Triste por el resultado obtenido, resolvió tirarse hasta el Club Costa Azul para jugar un partido de bochas. Luego de mostrar sus dotes con la rayada, se arrimó al mostrador.
–Si no me equivoco usted es Sherlock, dijo un parroquiano de Minas, de esos que hace 20 años que paran en el mismo balneario y en el mismo mostrador, luciendo siempre el mismo short, la misma remera y las mismas alpargatas.
–Cuando no estoy de licencia soy Sherlock, ahora soy solo un pescador sin suerte, dijo el sabueso sin levantar la mirada del vaso con escocés.
–Pero creo que su suerte le ha cambiado, porque tengo fruta y pico para usted.
–Adelante y no demore, ¿tá?
–El próximo miércoles el presidente Jorge Batlle va a Costa Azul a visitar a Seregni, allí en su casa de Florencio Sánchez y la plaza, dijo el informante, justo cuando un bocha, esta vez lisa, golpeó las tablas.
–Ajá, en la vieja casa de los López, frente a la cabaña del Chilín Cigliutti, comentó Sherlock mirando al minuano de reojo.
–Justamente y a 40 metros de la casa del doctor José Andújar, ex intendente de Canelones.
–¿Tema?
–Saludar al general, compartir unas milanesas al pan y hablar del futuro de las empresas públicas, dijo la fuente, quien se había enterado de todo el asunto en un carrito de chorizos que está frente al Hotel Lido.
–¿No sabe cuál será el recorrido de Batlle?
–No. Seguramente no pase por La Floresta a saludar a Tabaré Hackenbruch y a Julio Lara, pero podría parar en lo de Alberto Volonté.
–¿Y en Costa Azul?, preguntó Sherlock.
–Si viene por la rambla puede ser que se detenga a saludar a Julio César Sánchez Padilla, que está antes de entrar por Florencio Sánchez.
–Puede ser.
–Eso sí, esperamos que no sea de noche la visita de Batlle al general, porque con la oscuridad que hay en Costa Azul, puede terminar pescando a la encandilada, en un verdadera noche de miércoles.
–Acepte mi vuelta, dijo Sherlock, quien salió en busca de un teléfono público para comunicarse con la redacción del diario.
«Qué hombre difícil, pero por lo menos pagó una», dijo el minuano para sus adentros, quien esperaba de Sherlock una actitud mucho más amable. Era la primera vez que lo trataba. Se entiende.
El Palacio de verano
Sherlock no pudo con su mala costumbre y visitó la pasada semana el anexo del Palacio Legislativo. En su recorrida se cruzó, en distintas oportunidades, con los diputados Víctor Rossi, Guillermo Chiflet (sin traje), Edgar Bellomo y Ricardo Falero.
Cuando llegó a la cafetería, el panorama era desolador. Un triste ventilador de pie intentaba, sin éxito, hacer circular el pesado aire. Los mozos miraban al techo, como esperando que desde las alturas se desprendiera algo parecido a una lluvia. Afuera, ni los Blandengues estaban para hacer la guardia. Solo un gato dormía a la sombra de un arbolito, con un ojo abierto que seguía atento a un tero compadre.
En un momento, en plena cafetería, surgió como por arte de magia el ex diputado forista Carlos Lago, que lucía en su camisa un cartelito de «Visitante», acompañado por una de sus hijas. Disfrutó del menú del día, incluida la manzana de postre y se retiró, luego de saludar a una pareja que compraba agua sin gas y cigarros.
El templo de la democracia espera, así, el comienzo de un nueva semana. Mañana el Senado dará entrada a las venias para algunos directorios de los entes autónomos.
En Diputados, todo tranqui. Por ahora, hasta que se trate el tema del BHU.
Sánchez Padilla perdió el ómnibus
En esas vueltas por Costa Azul, Sherlock también estuvo reunido con amigos de Julio César Sánchez Padilla, quien prefirió quedarse en su casa de techo colorado, frente a la rambla.
–El «Polo» Sánchez Padilla está que arde, dijo uno de lo invitados a comer unas palometas a las brasas.
–¿Porque viene Batlle a Costa Azul?, preguntó el investigdor, mientras echaba leña al fuego.
–Nada de eso. Está enojado con el director de Tránsito de la IMC, el ex edil Fernando Calleros.
–¿Razones?
–Que desde hace días Calleros impide que los ómnibus de CITA, propiedad del «Polo» y flia., puedan apostarse en las puertas de las oficinas de esa empresa que está frente a la plaza y junto a la Iglesia de la ciudad de Canelones.
–¿Noticia?
—Que Calleros era de la Lista 321, al igual que Sánchez Padilla, pero ahora están muy distanciados.
—¿Solución a la vista?
—Hoy habría una reunión para acercar las partes, pero le aseguro don Sherlock que la bocha viene torcida y profundiza las diferencias entre la Lista 15 y el Foro.
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