El secuestro de Elena en junio de 1976
En esa sede diplomática estaban refugiados varios militantes antidictatoriales.
El 28 de junio al llegar a la embajada, Elena intentó y logró entrar al jardín de la misma y gritó «Asilo, asilo, embajador», según testimonios aportados por varios refugiados que estaban allí.
El comando represivo policial se dio cuenta del intento de Elena y se lanzó adentro del jardín de la sede diplomática. En ese momento, según los testimonios de los refugiados uruguayos, entre ellos Alberto Grille que luego prestó testimonio en varias oportunidades, se produce un forcejeo con dos funcionarios diplomáticos venezolanos: Becerra, el agregado comercial, y Batista, el primer secretario de la embajada. Los represores empujan y tiran al piso a Becerra y golpean varias veces a Batista y logran arrastrar a Elena hasta un auto Volkswagen que estaba estacionado muy cerca de la embajada. Los refugiados que estaban en el primer piso y no tenían acceso al jardín observan desesperados la escena pero no pueden llegar para intervenir.
Luego de esa fecha, múltiples testimonios ubican a Elena en el «Infierno Grande» del Batallón 13º de Infantería.
Según señalaron ex presos políticos y también militares, fue salvajemente torturada en esa dependencia y tuvo un comportamiento «muy valiente».
Algunos testimonios señalan que fue retirada en julio de 1976 con destino desconocido, la llevaban oficiales militares. A partir de allí los testimonios aportados son contradictorios, algunos hablan de una ejecución, un entierro en los fondos del 13º y una posterior remoción, junto a otros seis cuerpos, para enterrarlos en los cimientos de un galpón nuevo en 1983. El testimonio de otro soldado llegó a señalar que estaba embarazada, nadie más corroboró esta versión, y que luego de dar a luz fue ejecutada.
El teniente coronel (r) José Nino Gavazzo, el coronel (r) Jorge Pajarito Silveira y el coronel (r) Regino Burgueño tenían mando directo sobre el «Infierno Grande», ellos entre otros saben qué pasó.
«Entregar o no entregar a la mujer»
El caso de Elena Quinteros provocó un grave incidente diplomático. Venezuela protestó por la invasión de su territorio, reclamó que devolvieran a Elena y rompió relaciones con nuestro país.
La repercusión del caso obligó a la plana mayor de la Cancillería de la dictadura a reunirse y analizar la situación.
El 3 de julio de 1976 se reunieron el canciller de la dictadura, Juan Carlos Blanco, el subsecretario de Relaciones Exteriores, Guido Michelín Salomón, el director de Asuntos Políticos de la Cancillería, Alvaro Alvarez, y el embajador uruguayo en Venezuela, Julio César Lupinacci. Estos civiles de la dictadura analizaron los pro y los contra de «entregar o no entregar a la mujer» y recomendaron «no entregarla».
La recomendación fue recibida por los comandantes de las tres armas que en ese momento eran: el teniente general Julio César Vadora, el vicealmirante Víctor Gónzalez Ibargoyen y el brigadier Dante Paladini. También estuvieron el jefe del Esmaco, contralmirante Francisco Sanjurjo y los ministros de Defensa e Interior, Walter Ravena y general Hugo Linares Brum, respectivamente.
En la reunión conjunta entre militares y civiles, la dictadura decidió «no entregar a la mujer», lo que equivale a una condena a muerte.
Días antes de morir Tota Quinteros, la Comisión para la Paz reveló que había recibido nuevos datos de militares y civiles y que este caso señalado como «prioridad» permitiría informar novedades en «breve».
Compartí tu opinión con toda la comunidad