2009. Consenso, elecciones internas o reelección: usted elige

Fórmula presidencial y la obligación de consensuar

Es de esperar que en esas retinas esté la imagen del pueblo, que en definitiva es lo único que importa.

Las recientes elecciones internas de los partidos en Estados Unidos, han mostrado a un sistema político con alta capacidad para hacer política a lo grande y con astucia.

Particularmente ha sorprendido la actitud de los demócratas, que luego de haber vivido una lucha interna muy intensa y dura, pudieron salir adelante gracias a los Clinton, que volvieron a demostrar que son políticos de raza.

Por su parte, los republicanos, también mostraron capacidad de reacción e inteligencia política al designar a una mujer, Sarah Palin, la joven gobernadora de Alaska de 44 años de edad.

Quizás lo más importante que se puede rescatar de estas dos movidas, es que ambas colectividades políticas están pensando, que actúan con agilidad y que saben mover las piezas.

Obama eligió a un vice para que le cubriera sus carencias sobre política internacional, seguramente alguien que, si se tiene que caer a la derecha, se cae sin pestañear, mientras que McCain eligió a una mujer, joven y exitosa ­del club de «Los amigos del Rifle»­, aunque desconocida para el gran público, con la intención de quedarse con una parte de los votos femeninos de Hillary.

 

Aprender de otros

Pero en esta nota nos queremos quedar con la fotografía de la experiencia vivida en la Convención Demócrata donde, después de mucho tiempo vimos revivir la política a lo grande, que se practica cara a cara con las multitudes. Volvió el mejor arte de la oratoria, donde el cuerpo a cuerpo del candidato y sus electores parecieron un verdadero acto de amor.

No hay la menor duda de que Obama es la señal de un nuevo Estados Unidos que nace, aunque no se sabe si el niño será bonito o feíto. Por su parte McCain es, sin lugar a dudas, más de lo mismo de una derecha conocida, retrógrada, oscurantista e imperialista.

Pero si Obama no gana, a pesar de lo nuevo que está naciendo, será fruto de las heridas que generó la elección interna que se vivió en la previa a la proclamación de su candidatura.

Esta experiencia debe servir a los uruguayos de izquierda, los frenteamplistas, para comprender la necesidad de lograr un consenso que establezca una fórmula presidencial, sin necesidad de pasar por la picadora de carne que significan las elecciones internas.

Esto es lo que quiso el presidente Tabaré Vázquez, cuando dejó trascender que lo mejor para el Frente Amplio y el país era la fórmula Astori-Mujica, entre otras cosas porque al estar los dos líderes juntos se cerraban las puertas para que se escaparan votos de 2004 hacia los partidos tradicionales, particularmente en dirección al Partido Nacional.

El Frente Amplio parece no hacer conciencia de que una lucha interna para definir la fórmula presidencial, va a provocar heridas no solo a nivel de la dirigencia, sino particularmente en las bases de la coalición de izquierda y en ese electorado que se va a definir sobre la hora y que es un 10%, por cierto decisivo.

Si en las elecciones internas gana José Mujica, los blancos van a dirigir todas sus baterías para reconquistar parte del electorado de Astori y volcarlo al lema Partido Nacional, asustando el centro ideológico y cultural con el fantasma de la violencia y de las armas.

Si el triunfador es Astori, los mismos blancos van a tirar la red para llevarse los votos «culebras» y del campo, que ganó en buena ley Mujica en 2004, diciendo que el actual ministro de Economía no ha sido un «facilitador» para los deudores del campo, debido a la extrema disciplinada política del BROU en esta materia.

La idea de consensuar una fórmula, parece ser lo mejor para el Frente Amplio, porque reduce los peligros que se van a generar en las elecciones internas, pero especialmente después cuando unos ganen y otros pierdan, que es el momento en que los adversarios van a comenzar a jugar con fuerza.

Si esta posibilidad del consenso aborta, se abren dos posibilidades: que haya elecciones internas o que se resuelva trabajar con fervor por la reelección del doctor Tabaré Vázquez, que puede ser la única llave que conduzca a una salida unitaria y civilizada para una izquierda que es frentista y por eso diversa.

Ha trascendido que el 16 de setiembre, en una chacra o en un apartamento ­ donde sea- , Danilo Astori y José Mujica se encontrarán para conversar mirándose a los ojos.

Es de esperar que en esas retinas esté la imagen del pueblo, que en definitiva es lo único que importa.

No hay que olvidarse que los sandinistas perdieron el gobierno no solo por la acción desestabilizadora de «la contra» y la CIA, sino fundamentalmente por las miserias humanas de su dirigencia. Y así están: todos peleados.

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