Con votos del FA y del Partido Nacional

Alivio tributario

Dado que Rodolfo Nin ocupa la Presidencia por el viaje de Tabaré, y José Mujica viajó a Venezuela por razones futbolísticas, le tocó a don Alberto Couriel presidir la sesión de ayer de la Cámara Alta.

Con su calva reluciente, Carlos Gamou ­como suplente de Eleuterio Fernández­ dio el puntapié inicial al tratamiento del proyecto de ley por el que se introducen modificaciones al sistema tributario. Con voz grave y pausada, Gamou informó del proyecto recientemente sancionado en Diputados. Destacó la coherencia y la sensibilidad social del gobierno que, luego de un profundo y sereno análisis, introdujo cambios en el régimen impositivo vigente desde enero de 2007, en atención a mejorar la situación de los menos privilegiados. Recordó que el gobierno había advertido que se trataba de una reforma estructural y dinámica, pasible de sufrir modificaciones; que en virtud de esa característica era que se modificaban algunas de sus disposiciones, y que ésta no sería la primera ni la última si bien el núcleo central se mantenía firme.

Enfatizó en que la reforma no apuntaba a recaudar más y que estas modificaciones significarán una merma de 100 millones de dólares en la recaudación, pero la mejora de la gestión de la DGI compensará la pérdida.

A continuación, procedió a una minuciosa enumeración de las modificaciones: aumento del mínimo no imponible a 12.475 pesos (40% de aumento); aumento de las deducciones por hijo de 961 a 1922 pesos; posibilidad de liquidar el impuesto por núcleo familiar, y exoneraciones varias que permitirán mayor alivio y rebaja de ciertos precios.

Su correligionario Jorge Saravia pidió una interrupción para abordar asuntos específicos referidos a la producción agropecuaria que benefician a los pequeños productores. Continuó Gamou sosteniendo que «esta reforma se defiende sola» y que tiene «un fortísimo sentido progresivo».

Después de oír una tan apasionada defensa del sistema tributario, uno podía pensar que nadie sería capaz de rebatir argumentos tan sólidos. Sin embargo, no olvidemos que en el equipo contrario juega nada menos que Isaac Alfie, hombre ducho en cuestiones financieras y férreo opositor a la política diseñada por el Equipo Económico. «El gobierno ignora la realidad», sostuvo Alfie, «no se puede ir contra las leyes de la economía». A su juicio, se han cumplido sus pronósticos: los salarios suben menos que el producto; el IRPF hizo subir los alquileres; es un impuesto al trabajo; golpea a la clase media; etcétera. Advirtió que por cada peso que una familia reciba por encima de 26 mil pesos, el Estado se queda con 48 centésimos, o sea casi un cincuenta por ciento. «¡Es el impuesto al progreso más escandaloso del mundo!», concluyó Alfie visiblemente exaltado, y anunció que el Partido Colorado votaría negativamente.

La intervención de Eber da Rosa puso una nota de calma y prudencia en el debate, entre otras cosas, porque anunció que en términos generales el Partido Nacional se proponía acompañar las modificaciones por coincidir con la intención de aliviar la carga fiscal. Sostuvo que el aumento del mínimo no imponible, la posibilidad de liquidar por núcleo familiar y el aumento de las deducciones eran aspectos positivos; pasos tenues, limitados, pero compartibles.

Le tocó el turno a Luis Alberto Heber quien, a diferencia de su correligionario da Rosa, no desaprovechó la oportunidad de lanzar munición gruesa contra el gobierno.

Criticó duramente la falta de información para que la oposición estudiara en profundidad el proyecto y afirmó, con su vozarrón de altos decibeles: «¡No nos gusta que se nos ponga la topadora de la mayoría!». Acto seguido, la emprendió contra la gestión de la actual administración y no dejó títere con cabeza, cuestionando todos y cada uno de los aspectos de la política económica y social.

Agotada la lista de oradores, el proyecto se aprobó en general por 22 votos en 25 presentes.

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