"El presidente va a tener que convencer a su partido cuando habla de cambios en las empresas públicas"

Pais: "Mi idea es las empresas bajo la propiedad del Estado uruguayo"

Por Raul Legnani

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Sí, me gusta. Estaba leyendo un artículo de Luis Stolovich, que es un economista que por lo general hace unos enfoques muy interesantes. Como lo fue cuando trató el tema de la cultura y ahora escribió algo relacionado con esta disyuntiva que tiene el Uruguay de saber a qué apuesta, cuál es su destino. No es solamente un tema de agropecuaria tradicional, sino que también hay que tener en cuenta el valor agregado, el conocimiento, el software, la cultura misma. Dice, como tres rubros innovadores: software, audiovisual y publicidad. Creo que esto cierra con algo que nosotros hemos venido sosteniendo desde la elección interna del propio partido, como son las industrias culturales. En esta materia el país tiene un potencial muy importante. Tenemos empresas de jingles que están exportando al mundo entero, tenemos empresas de filmación de comerciales para televisión y cine, tenemos producción de cine, que vienen a reforzar los temas del teatro, de la música y de una cantidad de fenómenos nuevos. La extensión de la televisión cable generó una cantidad de talentos muy jóvenes en los canales del Interior. Te encontrás con tipos de 21 años que son unos talentos.

–Siempre digo que cuando éramos jóvenes y vivíamos en el Interior, lo primero que queríamos hacer era sacar una revista. Ahora los muchachos quieren hacer un programa de televisión…

–Sí, claro, y lo hacen con un alto nivel profesional. Antes el equipo de producción no se conocía. El programa era el conductor, el canal y un guión, pero hoy hay secretarios, investigadores, periodistas, todo el equipo que rodea la producción del programa. Y esto son fuentes de trabajo, por lo tanto todo lo que es la expansión de la informática, de la industria cultural en general, me parece fundamental.

Uno de los pilares de desarrollo que tiene nuestro país, el turismo, el tema cultural es fundamental. Si no se tiene entretenimiento, se está perdiendo el atractivo. El país no es solamente las playas, porque playas hay en todos lados, tan bellas o mejores que las nuestras. Nuestra diferencia es el entorno natural, la relativa seguridad, nuestras características históricas, la amabilidad de nuestro pueblo, que es el mejor agente de viaje que tiene el Uruguay, y las industrias culturales. Si logramos desarrollar esto, podríamos estar mucho mejor. El Conrad estiró toda la temporada. Los operadores de Punta del Este no han visualizado que tienen dos desafíos. Uno que es de diciembre a febrero y otro de marzo a noviembre. El turismo del espectáculo no debería ser patrimonio exclusivo de un hotel determinado, sino una actividad permanente levantada por los operadores.

–¿Hacia dónde tiene que ir Uruguay en el nuevo siglo?

–Uruguay tiene que ser consciente, hablando en términos empresariales, que es una pequeña empresa. La fortaleza de una Pymes es su flexibilidad, su especialización y aprovechar los nichos del mercado.

Si apostamos a producciones extensivas y análogas a las que realizan los países que cuantitativamente son una potencia, no vamos por buen camino. Primero porque termina a la zaga y tratando de aprovechar las cuotas que queden libres y en eso no le va a ir bien. Por otro lado si apuesta a la calidad y a la flexibilidad para adaptar sus proyecciones internacionales, porque lo nuestro está en las exportaciones, va a salir adelante. Hay que apostar a la calidad y para ello se necesita un Estado altamente eficiente.

Uruguay tiene un problema estructural que también debe atender. Tenemos dos activos por un pasivo y esto es muy grave. Con la reforma de la seguridad social hemos logrado algunos cambios cuantitativos, pero por sobre todo hemos tirado la pelota para adelante. Para solucionar esto se podría aplicar una política inmigratoria, para lo cual no creo que estén dadas las condiciones sociales y culturales. No creo que la población acepte fácilmente la presencia de una corriente inmigratoria potente, sea de donde sea.

Si esto no se puede hacer, nuestra opción será aumentar la población flotante y para ello necesitamos el puente Colonia-Buenos Aires como forma de vehiculizar el turismo.

–¿Hoy el Estado se ha vuelto un obstáculo para el desarrollo?

Tenemos un Estado pesado que desalienta la actividad privada y hace que muchos privados logren su desarrollo a pesar del propio Estado. Yo creo que el software se ha desarrollado tanto en estos últimos años porque el Estado no se dio cuenta de que existía. Por eso puede crecer. Si hubiera merecido la atención, el Estado se las hubiera ingeniado para obstaculizar.

Yo no me estoy refiriendo a un Estado deshumanizado, que piense solamente en función de la ganancia económica, estoy hablando de la rentabilidad social. Creo que nuestras empresas públicas han logrado un cambio cultural importante, pero que eso no ha ocurrido en la Administración Central.

–Usted habla de problemas estructurales, de una población con un altísimo porcentaje de pasivos y a la vez una población predominantemente adulta. En este año se ha ido mucha gente del país y no ha vuelto. ¿Hay o no un flujo emigratorio importante?

Hasta 1998 el flujo fue de inmigrantes. A partir de la situación provocada por la crisis brasileña, la gente tuvo expectativas de buscar en otros países sus posibilidades laborales. La gente que se va a buscar trabajos de mozo, de mecánico o de jardinero y luego encontraba un trabajo estable, eso ya no camina. Hoy ese tipo de mano de obra primaria está muy competitiva y exige la documentación en regla.

En cambio creo que el crecimiento fantástico de internet, que yo visualizo como uno de los fenómenos que ya está cambiando el mundo, es un tema que nos puede sacar mucha gente calificada. A este gente le damos oportunidad de que tenga aquí oportunidades laborales en el país o se nos va a ir a países que son una gran aspiradora de material humano calificado.

–¿Qué hacemos como país, pensando en el nuevo siglo?

Hay cosas que se están haciendo. Algunas normas de las contenidas en la ley de urgencia y la disposición de empresarios privados, como Zona Franca Montevideo, de intentar crear un polo de desarrollo tecnológico, son líneas de trabajo.

El hecho de que nosotros apostemos a medidas de incentivos para la radicación de inversiones en el área del software, va a evitar que la gente se nos vaya del país. Porque el trabajo de diseño gráfico, por ejemplo, se puede hacer para todo el mundo desde Uruguay. y por eso no es necesario que la gente se vaya de acá.

El tema cultural, también el tecnológico, es fundamental para el Uruguay. También tenemos que mirar al otro extremo, que es la gente que ya jugó su pasaje por el sistema educativo, que están en medio de una transición a un mundo tecnologizado. No podemos pretender que un señor de 48 años que ha trabajado toda su vida en la construcción, no pase a ese tipo de economía. No podemos ser tan ilusos en pensar que cualquiera puede pasar.

En la última ley de urgencia hay algunos incentivos para el tema de la construcción y también hay un compromiso de gobierno de estudiar, en el correr de los primeros meses del año que viene, todo lo relacionado con el sistema de aportes previsionales a la construcción. Y esto puede dinamizar y generar una confianza mayor del sector.

Habría que estudiar el sistema de maquilas, que le ha dado mucho resultado a México y al parecer le está dando resultado a Paraguay.

–¿La idea es tener también políticas que no están incluidas en la nueva economía?

El Estado tendría que
dar el mensaje de que es el más eficiente de los eficientes, el más austero de los austeros y el mejor administrado de los mejores administrados. Su primer gran deber es seguir un proceso de reconversión profunda. No se le puede exigir reconversión a los productores, a los industriales, sin dar señales muy profundas de reconversión. El ejemplo comienza por casa.

El Estado debe quitar obstáculos a las actividades del inversor y del actor privado, que es quien realmente va a dinamizar la economía y, a su vez, con sus inversiones en infraestructuras, con sus señales de desregulación en algunas áreas, que no es regalar las empresas públicas. desregular es sacar rigidez a todo un sistema normativo que muchas veces se transforma en un cerco que desalienta a los que pretenden invertir en Uruguay.

El 90% de la actividad económica del país las realizan las pequeñas y medianas empresas y es a ellas a las que hay que tratar de apoyar, disminuyendo los costos que genera el Estado, que debe transformarse en un gran orientador para la actividad privada. Por otro lado, debe ser un gran hacedor de las políticas sociales. Lo que no hace el Estado en salud, en seguridad, en la educación, es muy difícil que lo haga el privado con afán de lucro. Hay actividades que hacen al quehacer social, al problema que tenemos con los asentamientos urbanos, al problema que tenemos con la niñez pobre, donde el Estado tiene que ser muy activo y muy eficiente, para que el dinero le llegue a quienes les tiene que llegar y no se los coma por el camino la máquina burocrática.

–¿Este Presupuesto que se acaba de votar va en esa dirección?

Este Presupuesto a mí no me conforma. Creo que fue un producto de la transacción posible. El Presupuesto que vino del Poder Ejecutivo inicialmente iba en una dirección muy clara buscando reducir el déficit, no crear nuevos cargos, reducir el gasto y crear señales de incentivo. El problema está que para aprobar un Presupuesto se necesitan mayorías y esas mayorías le fueron agregando una cantidad de demandas que hicieron crecer el gasto público en 109 millones de dólares.

En el Presupuesto original se rebajaba el Icome a las empresas públicas, el impuesto a la compra de moneda extranjera y se eliminaban gradualmente los aportes patronales que no paga ningún privado, quedaron relegados en vistas a cumplir con nuevas exigencias de gastos que se le fueron impuestos en el Parlamento. Esto nos obligó a la ampliación de impuestos o a la no eliminación de otros.

¿El responsable de esas exigencias fue el Partido Nacional?

–Con el Partido Nacional encontramos gran colaboración, pero a la vez también una serie de exigencias. También hay algunas de las disposiciones, que tal vez generen mayores gastos, que las votamos todos.

El mensaje complementario introdujo algunos temas que yo critiqué cuando se trató en el plenario del la Cámara de Diputados y en ese sentido mantengo lo que dije. No fue buena cosa crear una comisión administrativa que puede cobrarle a Salto Grande y a UTE, por ejemplo.

Esto tiene que ver con esos anuncios de que a las empresas públicas se van a desregular, que se van a eliminar los monopolios y que se van a hacer cambios muy profundos. Creo que en esto se debe ser muy cuidadoso. Los uruguayos, al igual que en 1992, no hemos cambiado en la decisión de que el Estado debe mantener sus empresas públicas. Me atrevo a discutir con cualquiera que me hable de las experiencias vividas en los países que privatizaron las empresas públicas, en muchos casos nada exitosas y en otros casos con tremendos problemas.

Recientemente, en California, la famosa desregulación provocó resentimientos en los servicios que han generado reacciones de la gente porque se prestan malos servicios a precios caros. Esto ha pasado en el área de los servicios eléctricos. Pero tenemos también el caso de Argentina, que ha tenido colapsos energéticos, mientras siguen sin resolver problemas estructurales fundamentales. Argentina tiene un gran potencial hidroeléctrico en la zona del Comague, en Neuquén, pero no logran hacer las líneas de transmisión suficientes para llevarlas a Buenos Aires. Por eso digo «cuidado con decir que estamos discutiendo un tema de propiedad», porque lo privado puede ser mucho más ineficiente que lo público y lo publico puede ser mucho más eficiente que lo privado.

También se reclama a las empresas públicas una cuestión de precios y en algunos casos de modernización tecnológica. Este es un tema muy discutible, donde en el caso de las telecomunicaciones habría que hablar largo y tendido sobre si nosotros tenemos un atraso tecnológico o no. Yo creo que todo lo contrario. Solamente en el tema de Internet, a pesar del costo y del ancho de banda, tenemos una tecnología altamente sofisticada con relación a la mayoría de los países de América Latina.

El relación al tema de las altas tarifas, hay que decir que la única culpa de esto está radicada en el propio Estado y no en las empresas. En todo caso es una decisión de gobierno. Yo coincido con Eduardo Ache en que las empresas son empresas o los entes son empresas o son reparticiones públicas recaudadoras. Si las manejamos como empresas, vamos a dejarlas que se desarrollen como tales y entonces vamos a eliminarles todas las ineficiencias impuestas con afán recaudador. Cuando les estamos cobrando más con el Icome, que no se lo cobramos al Estado, estamos perjudicando su competitividad. Y lo estamos perjudicando con un afán recaudador. Cuando le cobramos más aportes patronales que a una empresa privada estamos afectando su competitividad también.

Lejos de ir en un sentido de centralismo, donde hace poco por un decreto se le saca los depósitos que las empresas públicas tenían en el Banco Central, o por un decreto se hace un control que implican precios y costos, dejemos que se desarrollen como empresas. Y hagamos que el Estado y el gobierno saquen de las empresas públicas solamente aquello que podría sacar un privado de las mismas. Si sacamos más, y si de los 800 millones de dólares le sacamos más de 200 millones de dólares, seguramente a Antel la estamos colocando en una posición muy difícil.

Yo no defiendo los monopolios y creo que los cuerpos gerenciales de las empresas públicas, ni los directorios, defienden los monopolios. Lo único que dicen es que si van a estar en un régimen de competencia, si los van a poner en la pista de atletismo, se les permita colocarse el equipo de atleta y los zapatos deportivos y que no los pongan en la pista con un traje de amianto y zapatos de plomo, porque así no van a poder ganar ninguna carrera.

Mi idea es mantener las empresas bajo la propiedad del Estado uruguayo, pero permitiéndoles moverse como una empresa privada. «Para esto seguramente haya que modificar la Constitución de la República, para que los accionistas que somos todos los uruguayos podamos dirimir con criterios técnicos y de gestión a los miembros de los directorios y no con criterios políticos. De esta manera estaremos condenando a las empresas públicas a su desaparición. Yo no estoy de acuerdo en la atomización de normas legislativas referidas a las empresas públicas y no dudo que el señor Presidente de la República quiera hacer un cambio beneficioso cuando habla de modificaciones en el tema de las empresas públicas, pero al primero que va a tener que convencer de esos cambios y de los beneficios de esos cambios va a ser a su propio partido.

–Se le nota preocupado por este tema. ¿Hay una disonancia con el Presidente sobre el futuro de las empresas públicas?

–Yo no advierto esa disonancia, pero sí digo que no estoy de acuerdo con que vengan en una ley sí y en otra también una norma o dos normas
referidas a las empresas públicas. Acá discutamos en paquete las empresas públicas y si eso genera que haya un plebiscito o genera una gran discusión pública, es lo mejor que le puede pasar al Uruguay.

–¿Usted está dispuesto a ir a un plebiscito sobre este tema?

–Yo no noto diferencias sustanciales en los temas fundamentales, en el enfoque de los cuatro partidos. Creo en la democracia representativa que es la regla y creo que los mecanismos de democracia directa son la excepción. Por lo tanto creo que la mejor forma de dirimir esto sería discutiendo una ley sobre las empresas públicas, donde hubiera un concepto general y quedaran claras cuáles son las posturas de los partidos políticos. Soy optimista en cuanto a que podamos encontrar amplias bases de acuerdo entre los partidos, porque no noto en el fondo de la cosa una disonancia muy importante en la visión de las empresas públicas.

Creo que la desconfianza de ciertos partidos es por temor a que coloquemos a las empresas públicas en una situación de debilidad donde determinadas transnacionales logren comerse a la empresa pública. Esa es la desconfianza y por eso es lo que hay que discutir. Creo en la cooperación del sector privado y público, creo que al inversor privado hay que complementarlo pero tampoco regalarle nada y el patrimonio de las empresas públicas debe ser conservado.

Lo ideal de esto sería que hubiera una instancia legislativa, si eso genera por parte del Encuentro Progresista la presentación de un referéndum, podría ser válido. Con lo que no estoy de acuerdo es con ir a un plebiscito primero. Vamos al Parlamento y allí se aprueba una ley que no conforma a una cantidad importante de uruguayos y eso deriva en un plebiscito. Tampoco le tengo temor porque estas discusiones hay que hacerlas a la luz del sol y con la más amplia participación de los sectores involucrados.

–¿Comparte que Ancel se asocie al capital privado?

Lo comparto. Creo que es todo un paquete. Confío en que el Poder Ejecutivo adjudique nuevas frecuencias con ciertos criterios. Me parece que si se hace con timing adecuado la venta de Ancel y dilatado en el tiempo las distintas frecuencias, vamos a tener socios en Ancel. Si se hace todo junto, lo más probable es que alguien prefiera empezar de cero y no asociarse con una empresa que ya tiene una estructura determinada.

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