
Durante el lanzamiento de la obra literaria del ex legislador y abogado constitucionalista, que se realizó en la Sala Florida del Hotel Radisson asistieron personalidades de las letras, ministros y legisladores.
“Estamos aquí celebrando la fiesta bautismal de un nuevo escritor, Joselo Korzeniak, que no aspira a integrar el Parnaso uruguayo sino a ser feliz escribiendo novelas con humor”, dijo Fasano al abrir su presentación. “Cuando me entregó las 200 carillas de su obra para que las leyera y las publicara si me gustaban, no creí que eso fuera posible porque en general los abogados, y aquí en la mesa estamos tres abogados, somos muy concretos y rigurosos y para nada abstractos, ya que el ejercicio del derecho, o del periodismo, o de la política está muy lejos de la ficción”, agregó. Fasano además sostuvo que dijo a Korzeniak que “nunca había cultivado la literatura y sembrado semillas de narración escrita” y que “en síntesis que no era un agricultor de la literatura”. “Pero lo vi tan contento con su descubrimiento de la magia narrativa, tan feliz con su pecado de ‘frivolidad’ destinando tiempo a la ficción, pidiéndome con rubor perdón a cada momento, por dedicar el tiempo a tareas menos serias que la política y el derecho que me hizo acordar a Eloísa cuando le decía a Abelardo: ‘Pido perdón por los pecados cometidos pero mucho más por los que no podré cometer’”. También el director de LA REPUBLICA, dijo que leyó la novela de un “tirón” y que se “sorprendió” porque “fue una fiesta de la inteligencia narrativa. Se me reveló como un gran seductor de la palabra escrita, lo vi persiguiendo y desnudando las palabras de su obra a las que lustró con mucho amor de ironía para que resplandeciera”. “Richter decía en la Alemania de 1800, que la ironía y la inteligencia son hermanas de sangre, Korzeniak probó este dicho. Con una prosa hilarante, sutil, ácida, fina, irónica, llevó La Casa Amarilla a buen puerto salvando con creces su primer examen”, afirmó. Para Fasano, Korzeniak “supo combinar su rigor científico de maestro de las Cartas Magnas con su expertizaje de cuentista en los boliches, barras y asados de amigos, así como su fino humor político que desplegó en el Senado de la República” y, además, “combinó todo eso volviéndose un alquimista de la narrativa”. Pero además, “su compromiso político y su tardío descubrimiento lúdico del arte escritural lo convirtieron en una especie de fauno embriagado de humor que escribía para divertirse y ser feliz burlándose, de paso, de la burguesía decadente que lo tuvo siempre de formidable adversario”. Por último, Fasano, al presentar al doctor Gonzalo Fernández, que se referiría al contenido de “La Casa Amarilla”, dijo que “también el canciller era otro tapado de la literatura, jurista formado en la escuela del gran Carlos Martínez Moreno” y que no le extrañaba que “muy pronto voliviéramos a estar en este salón para anunciar la novela de Gonzalo presentada por Joselo, porque ustedes no saben que nuestro canciller tiene una novela sobre la fuga de los anarquistas muy bien escrita y muy bien guardada”.
Por su parte, Fernández recordó que Korzeniak fue su profesor de Derecho Constitucional en el año 1970. Lo definió como un “petizo bonachón, afable y que generaba cercanía con los estudiantes”, y resaltó su “agudeza intelectual exuberante y su don de poder explicar de la forma más sencilla los temas más intrincados”. “En aquellos años era tal su magisterio docente que los estudiantes le pedimos desgrabar sus calases y editarlas en forma de fichas del Fundación de Cultura Universitaria, a lo cual accedió”, evocó el secretario de Estado. Añadió que en su condición de ex alumno y amigo de Joselo, tuvo la fortuna de asistir a la presentación de dos obras de su autoría referidas a comisiones investigadoras en la órbita parlamentaria, así como otra sobre un curso de Derecho Constitucional. Según confesó Fernández, nunca imaginó que estaría presente en el acto inaugural de una nueva “faceta de Joselo y presentando una novela”. “Los abogados cuadraditos como somos, estamos acostumbrados a escribir argumentando para intentar convencer, y en medio de eso vamos perdiendo la libertad, el buen decir y el fraseo”, concluyó el canciller. De todos modos, reconoció que existen excepciones, como por ejemplo el doctor Carlos Martínez Moreno, de quien -afirmó- pudo aprender Derecho, política y literatura. “Por el mismo camino, ahora de golpe, aparece Joselo escribiendo ni más ni menos que una novela de ficción: La Casa Amarilla”. Aseguró que esa casa amarilla verdaderamente existe y reveló que a su amigo Korzeniak le pareció el escenario ideal para localizar un sueño loco de dos jóvenes que deciden reunir en ella un congreso de “escatología”, que de acuerdo al Diccionario de la Real Academia, puede ser una ciencia vinculada a la ultratumba o al excremento. Ante ambas, hay dos escuelas de escatología, y las dos participan de ese congreso, afirmó revelando parte de la trama. Definió la obra de Korzeniak como una novela de humor, recordando después de la primera lectura que su “viejo profesor, juguetón, lúdico, pícaro e incisivo y que, a la vez, llevaba toda la picardía, la gracia y el chiste que hoy aparece en la novela”. Agregó que se sintió confundido al pensar que “Joselo había escrito una novela de humor con el fin de inaugurar una nueva etapa en su vida, ya que detrás de la risa y la carcajada del disparate de uno de los personajes del sueño hay mucha vida transitada y un perfume que viene del barrio Lavalleja de Rocha”. Según la crítica del canciller, detrás del humor hay una visión del Uruguay de los años 60, donde se desliza una crítica pícara hacia la bobería burguesa y el racismo. “No sé si aspira o no al Parnaso. Estoy casi seguro que no; ignoro cuál será su futuro literario, pero en esta novela existe la mirada potente de un hombre de una sencillez y austeridad republicana envidiable, con una mirada pícara y socarrona que a través del juego da una clase de ensoñación y deja atisbar los caminos de un mundo mejor”, resaltó. En definitiva, se trata de una novela que es el “sueño el de la vida y la vida en un sueño” y que, seguramente, el lector quedará “sorprendido al descubrir a este jurista y legislador que ahora declara haberse aburrido del Parlamento y emprende, al igual que Alonso Quijano, una novela de humor”. Por último, el canciller manifestó que “el entrañable Carlos Martínez Moreno, su maestro y gran amigo de Joselo, estará sonriendo desde el cielo con una sonrisa cómplice y fraterna hacia Korzeniak por la picardía que nos hizo a todos con esta novela La Casa Amarilla”. En tercer lugar, habló Korzeniak.
“Vine disfrazado de novelista y esta es la segunda vez en mi vida que me disfrazo. La primera fue cuando tenía 13 años, en el liceo. Me disfracé de gaucho”, dijo anoche en tren de ironía y humorada el ex senador y ahora escritor José Korzeniak, en la presentación de su libro “La Casa Amarilla” , evento realizado en uno de los salones del Hotel Radisson Victoria Plaza. Casi como pidiendo disculpas por su primera obra a los escritores, novelistas y humoristas que estaban conformando el numeroso público que asistió en la víspera y entre los que se encontraban Carlos Maggi y César di Candia, Korzeniak destinó casi 20 minutos a relatar pasajes de su vida que de alguna manera sirvieron de materia prima y conformaron parte de los insumos que se vertieron en el crisol para la novela que anoche inauguró. Insistió y advirtió que “no voy a hablar de más y me voy a cuidar en ello porque siempre terminó contando todo el libro” confesó, provocando la risa cómplice del público. Fue en ese preciso momento cuando el ahora novelista recordó en oportunidad de oficiar él como presentador del libro “El país del deja – deja” de Carlos Maggi que “cometí el error de hablar tanto del contenido del libro que desde el público Julita Moller se paró y me dijo: ‘No hables más que
nos lo estás contando todo’”.
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