Entre el cariño popular y el peso del pasado
El Pepe Mujica ha confirmado en los últimos días ser un político de fuste, con una inmensa capacidad para atender a la vez al núcleo histórico del MLN, a sus votantes del MPP y del Frente Amplio, así como a la población en general.
Su reciente visita a Buenos Aires mostró que tiene, además, un público internacional que lo sigue y que le expresa afecto, aunque no haya logrado entrevistarse con Néstor Kirchner, quien no pasa por un buen momento político y que no le convenía entrevistarse con un uruguayo de primer nivel político, porque de esa manera se ponía de sombrero a los ambientalistas.
En esa gira, Mujica volvió a confirmar que es un «imprescindible» y uno de los capitales políticos y electorales más importantes con los que cuenta la izquierda para dar la gran batalla en las próximas elecciones nacionales de 2009.
El afecto que recibió de los uruguayos radicados en Argentina fue el mismo al que recibe a diario en nuestro país y que tanto lo conmueve, haciéndose cada vez más pesada la mochila de la responsabilidad ante la hora que vive el Frente Amplio y el Uruguay, donde ya se vislumbra que los orientales tendrán que definirse entre la continuidad del cambio o la restauración, cuyo liderazgo estaría depositado en el doctor Luis Alberto Lacalle, otro de los grandes políticos de nuestro país.
Ya en Uruguay, Mujica se refirió una vez más a su posible candidatura a la presidencia de la República y por cierto que no alegró a su barra, que seguramente, en todo su derecho, seguirá insistiendo para que Pepe sea el heredero de Tabaré Vázquez.
El senador del MPP y líder histórico del MLN manifestó que no tiene «pinta de presidente» y que su desafío es «luchar por la unidad» del Frente Amplio. «A esta altura del partido voy a luchar para que mi fuerza política tenga fórmula de unidad. De no dividir el cuadro», indicó.
Cuando se le consultó si puede llegar a encabezar esa fórmula de unidad, volvió a expresar su tradicional formulación, que en los últimos días había abandonado: «Difícil que el chancho chifle. No soy tipo de unidad. El que genera bastante cariño también tiene sus odios», dijo, para recordar que su personalidad «genera bastante cariño» y que por eso «también tiene sus odios».
En Buenos Aires, Mujica había dicho que en el Frente Amplio «hay otra barra, que con mucha razón, piensa que yo soy un viejo medio mersa, ¿tá? Y bueno, la barra mía dice que hay otros que son medio pitucos».
El líder del MPP también reconoció que Astori está más alineado al centro que él y recordó que el lograr atraer a los votantes del centro va a ser un tema central para ganar las próximas elecciones. «El centro siempre es mayoría, el quid de la cuestión es quién lo inclina un poco hacia un lado o hacia el otro. De ahí que cuando miramos con una pupila en la izquierda no nos termina de convencer mucho el centro, podemos cometer el error de regalárselo a la derecha; pasó pila de veces», alertó.
Si bien éstas no serán las últimas palabras de Mujica en materia de candidaturas, porque no es sólo el MPP que no lleva a Astori a la Presidencia de la República, queda la sensación de que el líder tupamaro puede estar preparándose y preparando a su barra- para dar un paso al costado, pero también puede pasar que en una de las próximas frías mañanas lance algún otro candidato, sabiendo que el MPP, el PCU, al mitad del PS y parte de la Vertiente y de la Alianza Progresista no son enamorados del «Astori presidente».
Pero más que la pinta no sea la mejor, por más que haya gente que diga que es un «mersa», la disyuntiva que tiene por delante es si se juega a ser Presidente arrastrando a toda la izquierda y a su barra, sin saber cómo ese centro político asimila su pasado político.
Incluso la muy buena noticia de la captura del ex agente de la CIA Nelson Bardesio, acusado de estar involucrado con los Escuadrones de la Muerte, muestra que de inmediato los complejos temas del pasado terminan predominando sobre las realizaciones del gobierno y opacando la posibilidad de la continuidad del Frente Amplio en la Presidencia de la República.
Mujica sabe, porque es un viejo zorro, que aquellas heridas aún están abiertas y que la derecha puede montar un espectáculo preelectoral donde tres meses antes de las elecciones los viejos y queridos dirigentes tupamaros estén ante las cámaras de televisión, en las puertas de los juzgados, discutiendo sobre quién disparó el primer tiro y no soñando con los nuevos tiempos que hay que construir.
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