"La Felicidad" y "La coneja" de Jaime Ross
«Ustedes no sé si saben lo que es Agadu», le señaló Lacalle a los jóvenes que comenzaban a prestarle atención a su oratoria, para luego reivindicar los derechos de autor y entonar brevemente el estribillo de «La Felicidad», de Palito Ortega, y aludir al tema «La Hermana de la Coneja», de Jaime Ross.
Dirigiéndose a la platea juvenil, Lacalle explicó que Agadu es la Asociación General de Autores del Uruguay y allí «se protege la creación intelectual, porque ustedes saben que el que escribe un libro, compone música, es dueño intelectual, es propietario de la idea».
Señaló que esto es «una cosa muy moderna, y fíjense, yo canto, aunque no voy a cantar cosas de la época mía porque van a quedar un poco antiguas», y se lanzó aludiendo a los tiempos de gloria de «Palito» Ortega con «la Felicidad, ja, ja, ja, ja», y agregó que «eso que parece una tontería y después uno la escucha, eso tiene propiedad y es de Palito Ortega que lo inventó».
«Lo mismo que una cosa de Jaime Ross, ehh, ¿cuál es la que nos gusta, la de la coneja?, ese es propiedad de Jaime Ross. Demoró mucho la humanidad en que eso sea reconocido, y antes, en los tiempos de mi madre, tendría casi 100 años ahora, se compraban las partituras y el derecho de autor se lograba así», indicó.
Recordó Lacalle que «no se podía fotocopiar, entonces se agarraba con un lápiz, se copiaba el pentagrama, se compraban las partituras y el individuo se ganaba unos manguitos vendiendo ‘La Cumparsita’, ‘El día que me quieras’ o la sinfonía tal de Beethoven».
Pero el tema de la música y el compromiso de la política también estuvo en las palabras del senador Luis Alberto Heber: «Cuando yo tenía su edad había una canción de izquierda que me molestaba y me gustaba al mismo tiempo. Me molestaba porque incitaba a la violencia el muchacho, era la Canción del Elegido en donde termina diciendo ‘ahí va contento y desnudo con su cañón de futuro’, y eso me rechinaba de la canción».
Pero, «había una frase en la que sí me sentía identificado que decía ‘lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida'».
Gallinal comparó los cambios: «en mis tiempos los bailes comenzaban a las 21.30 y como tarde terminaban a las 2 o 3 de la madrugada. Los otros días me levanté temprano porque tenía una entrevista y cuando salía de casa a las 6.35, mi hija María de 17 años recién estaba llegando del baile».
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