Inteligente, culta y frágil
Graciela Torresani y Mary Armelius, dos compañeras de trabajo en Italcable, recuerdan a Mónica por su ternura e inteligencia, aunque su soledad y melancolía eran otras de sus características. El profesor Juan Flo también da testimonio de aquella estudiante cuya monografía final sobre Heidegger juzgó. «Trabajé con ella 8 años. Ella era telefonista en Italcable.
Vivía casi enfrente, en un apartamentito de 25 de Mayo y Zabala. Contaba que de niña tenía mucho dinero y hasta una caballeriza. Había vivido una buena vida, pero después de salir de Rumania estuvo por Italia y finalmente en Uruguay. Su hermana trabajaba en IBM, pero no se llevaban. Se fue a Chile poco antes del golpe. Sabíamos que era comunista. Era inteligente y culta.
Había sufrido polio y le habían quedado secuelas en un lado de la cara y una pierna, quizás por eso era solitaria…», cuenta Graciela. «Trabajé con ella desde 1964 hasta 1972. Hablaba mucho con el profesor Eugenio Petit Muñoz que la iba a visitar. Sabía muchos idiomas. Fumaba mucho.
Cuando cobraba se compraba un cartón de cigarrillos Exeter. Vivía sola. Leía mucho, sobre todo filosofía. No cocinaba. Adoraba a sus dos sobrinas, en las que gastaba mucho de su sueldo, pero no se llevaba con la hermana. Era una persona que te atrapaba con su conversación y su cultura», la recuerda Mary. «Era alumna de la Facultad. Cursó «Estética» a fines de los sesenta con el profesor Emilio Oribe. Yo juzgué su monografía para titularse en filosofía. Era curiosa, apasionada, algo ingenua… Durante algunos meses conversamos con frecuencia. Militaba como estudiante, aunque era mayor que yo. Era un personaje peculiar en su elegancia y su ropa. Supe de ella cuando estuvo en Arica, trabajando en la alcaldía. No supe más.
Siempre me quedó la angustia de su destino… la veía frágil», comparte el profesor Flo.
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