Un homenaje que debió ser de todos
Le tengo ojeriza al homenaje póstumo. Entendámonos: en muchas circunstancias no hay otra forma y es justicia pura. También es cierto que otras veces pudo hacerse en vida y la justicia hubiese tenido un añadido muy preciado. No será la última vez que me sienta obligado a esta precisión. Al homenaje que Diputados hizo ayer a los historiadores Lucía Sala de Tourón y Julio Rodríguez se le agregó otro detalle al que tacharé de desagradable: fue hecho sólo por dos de los cuatro partidos con representación parlamentaria. Ningún blanco o colorado participó más que con su muda e indiferente presencia. Más allá del compromiso político o las convicciones ideológicas de los homenajeados, está fuera de discusión su notable calidad profesional, su impecable trayectoria y el reconocimiento en el exterior de su labor académica. Fue una pena.
Edgardo Ortuño (Vertiente Artiguista), promotor del homenaje, abrió la oratoria destacando que Sala de Tourón y Rodríguez integraron una intelectualidad que abrevó en las teorías marxistas y trabajó en el rescate del ideario artiguista. Fueron, dijo, «eruditos del pasados, comprometidos con su tiempo y con el futuro del país, que convirtieron a sus obras en clásicos». Fue tan extenso y minucioso que bien pudo desalentar a otros. Empero, enfrentando el riesgo de la redundancia, hablaron Pablo Alvarez (Espacio 609), Iván Posada (Partido Independiente), José Luis Blasina (Partido Socialista), José Carlos Mahía (Asamblea Uruguay), Gustavo Guarino (Alianza Progresista) y Doreen Ibarra (Fidel 1001).
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