Darío Pérez: Cuando "la señorita Clavijo" me acusó de "fascista", "me calentó mucho, sentí como una patada en el traste"

"No me gusta que me digan que soy igual a Tabaré, ni a otra persona"

Por Raúl Legnani

–Me han dicho que en su vida usted siente mucho la presencia de la naturaleza, ¿es así?

–Me viene desde niño el contemplar lo que me rodea. Por eso tengo una sensibilidad particular por las cosas que vienen de la vida. También puede ser una de las causas que me llevaron a estudiar medicina. A medida que uno se va metiendo en la ciencia, se va maravillando de las cosas que existen. Yo me conmuevo ante las maravillas de la vida. La noche es maravillosa, la salida y la puesta del sol también. Es que cada hora del día tiene su maravilla.

Fue la cárcel lo que más me llevó a apreciar la vida. Muchas veces uno transcurre por la vida sin darse cuenta de lo que tiene alrededor, pero cuando te falta se aprecia mucho más. Ver un gorrión y un poco de cielo a través de una ventana con alambres de púa es algo maravilloso.

–Del recorrido que hace a diario entre Maldonado y Montevideo, ¿hay alguna imagen de la que usted se apropia?

Sí, el pasaje del Solís Grande. Al mirar hacia el mar y el arroyo me dan ganas de bajarme y quedarme (se ríe).

–Y cuando llega entra a un Palacio Legislativo oscuro, de mármol y granito, cuya arquitectura fue diseñada para no sentir las voces de la calle, ni para que lo que se diga adentro se escuche afuera. ¿Cómo se siente en este lugar?

–El lugar físico en sí no me gusta y las cosas que a veces ocurren acá dentro tampoco. Lo que me gusta es la batalla que se da afuera: la de poder recorrer las calles, los lugares de mi departamento y del resto del país. Lo que más siento es lo que se puede hacer en la calle y lo que se puede hacer para acompañar a la gente cuando está con problemas, en situaciones de extrema pobreza.

Hoy la situación del país es, para muchos sectores, desesperante. Para el 20% más rico de nuestra población, la situación es otra. Este modelo que lleva adelante la coalición de gobierno, incluso desde antes de la dictadura, es concentrador de riqueza. El resto, aquella extendida clase media que vivía relativamente bien en aquel Uruguay en el que nacimos, ha sufrido los embates de la crisis ecoómica. Y por eso los pobres son cada día más pobres, particularmente los sectores de menor edad y las mujeres solas y con niños.

–Ser diputado, haber sido candidato a intendente, ser un hombre público, ¿en qué cambió su vida?

Cambió enormemente. Yo comencé en un hogar humilde en que la honestidad y el apellido se defienden porque es el gran capital que tiene la familia y lo que se le va a dejar a los hijos. Uno nota que al ingresar a la política, a pesar de tener una vida correcta, se le endilgan cosas que no son ciertas, sólo con la intención de opacar la imagen que uno pueda tener frente a la población.

También la política me ha llevado a perder la inocencia, porque una cosa es ser militante de base y otra cosa es ser dirigente. A la vez, la idea de que la actividad política es toda color de rosa se destruyó, porque el serrucho y el sable vienen del lado menos pensado y a veces de los que caminan junto a uno. Y en estos casos se pierde la perspectiva de quién es claramente el adversario y quién es el enemigo. El enemigo es quien hace que parte de nuestro pueblo vivan míseramente y, a veces, hay compañeros que se pierden en eso.

–Por un lado dice que hay que jerarquizar la actividad política, por otro dice que al EP la gente también lo ve bajo sospecha (asiente con la cabeza), también habla de serruchos internos, ¿no será que en la médula misma de la política está esa lucha por el poder?

–Creo que es posible hacer otro tipo de política, pero para ello hay que podar el árbol. Si a nosotros nos preocupa más lo que está pasando dentro de nuestra fuerza política, algunos detalles internos, algún cargo, que lo que está sucediendo afuera, ahí se pierde el objetvo de la política. Siempre digo que no pierdo el tiempo discutiendo hasta las cuatro de la mañana sobre la causa de la alpargata envenenada. Cuando uno se oxigena estando en contacto con los problemas de la gente, lo interno pasa a ser una pequeñez.

–Hace tiempo que la izquierda no recibe oleadas generacionales en su seno, como ocurrió cuando la guerra civil española, el 58, el 68, cuando el nacimiento del FA o a la salida de la dictadura. Esto ha llevado a que también en la izquierda haya profesionales de la política y por otro lado votantes. ¿Comparte esta visión?

Sí, es cierto. En mi caso trato de preservarme de esos peligros. He tratado de preservarme como un hombre común, como médico, porque he visto que quien se profesionaliza en política termina dependiendo hasta económicamente de esa actividad política. Esto te puede llevar a aceptar cosas inconvenientes. El problema es que hay mucha gente que anda en el entorno del político, algunos bien y otros adulando. La única salida es mantener los pies en la tierra.

–A usted también lo han acusado de ser un caudillo. ¿Lo ha escuchado?

–Sí (me mira seriamente y después se ríe). Yo hago esta actividad con amor, trato de trasmitirlo así y hasta como médico puedo antender colectiva o individualmente. Hoy la sociedad está enferma y yo entiendo que hay que trabajar para curar esa enfermedad. Si la gente me quiere a mí, será porque yo devuelvo algo de eso. No me considero caudillo. En Cabildo 2000 nosotros tenemos una relación absolutamente horizontal y muchas veces me he ido para mi casa para posteriormente dar a luz una posición que no era exactamente la que a mí me hubiera gustado.

Nuestros delegados zonales son rotativos y en nuestra fuerza política nuestra relación es absolutamente horizontal. Y esta es una de las causas por la que hemos crecido.

–Usted me dice que es médico, que le molestan las internas, que todo lo hace por amor, pero si yo no estuviera hablando con Darío Pérez podría decir que lo estoy haciendo con Tabaré Vázquez. ¿Por qué se lleva mal con Tabaré Vázquez?

No, yo no me llevo mal con Tabaré Vázquez.

–Son iguales…

(Se pone tenso, me mira fijamente a los ojos, la aseveración no le gusta nada). –No me gusta que me digan que somos iguales. Tabaré Vázquez es Tabaré Vázquez y Darío Pérez es otro individuo diferente. Quienes me conocen saben que no soy copión, nunca copié, me gustan los seres originales y trato de ser, en lo que puedo, original. Puede ser que tengamos algunas características similares por la profesión, por la actitud ante la vida, puede ser, pero no me gusta que me digan que soy igual a otra persona, salvo cuando me relacionan con mis familiares o con mis antepasados.

–¿Se lleva mal o bien con Tabaré Vázquez?

–Ni bien, ni mal. No hemos tenido oportunidad de conversar a lo largo de estos años. Diría que habremos hablado, en su conjunto, una hora y veinte minutos, por eso no puedo decir si me llevo mal o me llevo bien.

–Tabaré Vázquez camina por el escenario, parece que predica, usted reparte semillas, encendió antorchas en un reciente acto, también predicó.

Sí, porque creo que el simbolismo es muy importante. Cuando repartimos semillas es porque nosotros estuvimos sembrando una idea en nuestro departamento y queríamos que nuestros compañeros se llevaran esa fuerte imagen de sembrar. Y el fuego es para los seres humanos, desde la época de las cavernas, lo que nos reúne, lo que nos da fuerza, calor y que nos anima a seguir adelante.

–Me dijeron que a usted le gusta Víctor Heredia y que acaba de leer un libro que se llama «La inteligencia emocional».

(Se distiende, se ríe) –Sí. Víctor e
s a través de sus canciones un poeta y un ser excepcional. Me gusta en general esa canción que hace denuncia, me gustan los poetas y los músicos comprometidos. En el caso de la inteligencia emocional, vamos descubriendo que la inteligencia fría, esa de los ajedrecistas que sólo sirve para una cosa, no es la que permite desarrollar más al hombre. La inteligencia emocional es la que habla del éxito, no hablo de éxito de estos tiempos, hablo de ese de poder vivir y ser feliz en este mudo que nos rodea. Es una disciplina bien interesante que se está desarrollando, dentro de la cual se inscribe una disciplina que está impulsando un chileno exiliado en Francia en la época de Pinochet, que es la neuro-sico-inmunología. Esta disciplina estudia algunos fenómenos extraños como el de los monjes budistas, que después de morir mantienen hasta cuatro días su temperatura. También intenta explicar por qué algunos santos, tanto de la Iglesia Católica como de la de los budistas, son capaes de mantenerse incorruptos a través del tiempo. Todas esas cosas necesitan explicaciones y estas disciplinas las buscan.

–La música, para usted, ¿es para bailar o para emocionarse, incluso hasta para llorar?

Es para las dos cosas. Es para bailar en su momento y es para llorar con ella también. Hace mucho tiempo que no voy a un baile. Seguramente la música que se baila ahora no es la que yo bailaba en mis tiempos.

–En su cuello cuelga una cruz, ¿por qué?

Soy cristiano por el mensaje que Cristo dejó, que fue de repartir los panes y los peces. En este siglo, para repartir los panes y los peces, se necesita trabajar políticamente. Para que los panes y los peces lleguen a todo el mundo es necesario estar en la izquierda, porque desde la derecha y desde el centro no se hace.

–¿Son todos malos los de la derecha y del centro?

No, no digo eso. Pero sus proyectos que se llevan a la práctica a través de la actividad política y económica son excluyentes de la mayoría de la población. En este mundo en que manda la centroderecha se genera una enorme cantidad de población que vive en situación de pobreza, es la muerte de miles de niños. Y esto no es justo, esto está gobernado por intereses económicos que generalmente adhieren a teorías de centroderecha en la política. Por lo tanto, científicamente podríamos decir que la tendencia hacia la justicia social sólo se puede llevar adelante desde la izquierda.

–Usted ha insistido mucho sobre los grandes desafíos que tiene la izquierda en el Interior del país, algo que se viene escuchando desde 1971. ¿Cómo hace la izquierda para anclarse realmente en el Interior del Uruguay?

–Es verdad que en las últimas elecciones la izquierda tuvo un importante avance electoral, pero que no es suficiente. En 1971 ser de izquierda en el Interior del país era muy difícil, que llevaba algún tipo de sanción social como no conseguir trabajo, tener que emigrar de su pueblo, ser mal mirado, a lo sumo ser mirado como un tipo raro.

La izquierda se desarrolló junto a los centros fabriles, donde había sindicatos, pero fudamentalmente en la zona próxima a Montevideo. Trasladar eso hacia el Interior no es la forma ás adecuada de llegar a la gente.

También la izquierda ha hecho que su máxima dirigencia sea siempre de Montevideo. Hace un tiempo nos reíamos con el ex diputado Julio Matos, cuando mirábamos el palco oficial cuando asumió el compañero Carlos Baráibar como presidente de la Cámara de Diputados; todos los ciudadanos eran de Montevideo.

Hoy es necesario que surjan los referentes locales, como sucede dentro de los partidos tradicionales. Pero para eso hay que ser tres veces bueno, porque a nosotros se nos mide con una vara diferente a la de otros ciudadanos blancos y colorados.

Cuando hay un ciudadano que pertenece a nuestra fuerza política y por ahí hace un robo, dicen «miren al comunista ladrón», pero cuando eso lo hace un ciudadano blanco o colorado nadie dice «colorado o blanco ladrón».

Nuestro desafío es desarrollar a los compañeros que viven en el Interior, para que sean referentes locales que trabajen los cinco años. No es con turismo político que esto se soluciona, no es visitando los pueblos una vez cada tanto, ni pasando rapidito por los pueblos, que vamos a obtener el gobierno nacional.

–¿Por eso surge la Liga Federal que usted y otros están impulsando?

Es por eso, pero tenemos la obligación de no canibalizar a otro grupo político del Frente Amplio. No queremos crecer en base a otros sectores, queremos crecer hacia afuera. Tanto en Florida como en Maldonado, donde tuvimos experiencias exitosas, lo hicimos fundamentalmente arrimando ciudadanos blancos y colorados. Hoy esos compañeros son miltantes extraordinarios, porque no tienen una cantidad de vicios que poseen algunos compañeros de la izquierda.

–¿Cuál es el mayor vicio del militante de izquierda?

Hay una cierta tendencia a saber de todo y eso es imposible. Muchas veces se actúa como guardianes del templo y también se opta por discutir en forma estéril, por cosas que de repente ni van ni vienen.

No estoy criticando a la discusión idelógica, estoy hablando de que muchas veces se discute en torno al farol de la esquina.

–Si yo tuviera 18 años, me gustaría que me intentara convencer de que me integre a la Liga Federal. ¿Qué me diría?

Es bravo convencerlo a usted (se ríe).

–Haga el esfuerzo…

El Frente Amplio es la única herramienta de cambio que le queda a nuestro pueblo. Y la única forma de que esto cambio es obtener el gobierno nacional. Nuestra pata flaca es el desarrollo de la izquierda en el Interior del país, que ha ido mejorando pero aún no es suficiente.

Para que una fuerza sea democrática en el mejor de los sentidos es necesaria la descentralización, que no sólo debe ser económica sino que también tiene que ser política.

–¿Debe haber una descentralización de la estructura del Frente Amplio?

–Eso. Porque a mayor descentralización, mayor democracia. Cuanto menos concentrado esté el poder en un lugar, hay menos posibilidades de equivocarse. Y en esto me repaldo en la experiencia de la Junta Local de San Carlos, donde ganamos pero somos minoría, se hizo un presupuesto con los vecinos. Y ahí, cuando se va a las cosas concretas, los ciudadanos de los partidos tradicionales piensan igual que los frenteamplistas y se derrumban lo trapos. Yo creo que lo local es la última trinchera contra el neoliberalismo, pero para desarrollarse localmente hay que permitir que los compañeros del Interior puedan crecer y para ello hay que permitirles decidir en sus lugares.

Hoy estamos construyendo esta Liga Federal a través de movimientos departamentales que valen lo mismo uno que el otro, con una forma organizativa rotativa, y tratamos de evitar alguien se apropie de algo que es de todos. Si esto ha surgido en 13 departamentos de forma espontánea, es porque existe en el Interior la necesidad de expresar una cosa diferente a lo que ha hecho la izquierda.

A la vez decimos que no queremos construir una fuerza contra Montevideo, pero todos debemos entender que no puede terminar resolviéndose todo en la capital del país.

–¿Qué sintió cuando la edila socialista Alba Clavijo le dijo «fascista»?

–Fue como un patada en el traste, pero humillante. Duele mucho que alguien que ha trabajado por la izquierda y que sufrió los efectos del fascismo, se le diga fascista por un proceso mental extraño. Tener actitudes orejanas, como las que yo tengo, va en contra del fascismo, que es sumamente disciplinado y verticalista.

Al p
rincipio me calenté mucho, no sabía si era sólo la señorita la que pensaba eso y después la misma actitud del Partido Socialista y los días hicieron que me calmara.

–¿Usted sabe perdonar?

Sí, sé perdonar. Considero que el odio y el rencor son muy malos compañeros para llevarlos en la mochila. Si después de salir de la cárcel hubiéramos mantenido rencores, seríamos personas tristes y no nos hubiéramos puesto a luchar, inmediatamente, para cambiar las cosas.

–Hace poco apareció en Rosario, Colonia, una virgen llorando. ¿Puede pasar eso?

(Medita, mira a lo lejos) –Hay algunas cosas milagrosas o por lo menos que no tienen, hasta el día de hoy, explicación científica. No digo que no pueda pasar, pero me cuesta creerlo. Esto va a llevar todo un proceso de estudio y después se podrá decir si por lo menos es un fenómeno sobrenatural. Pero en medicina yo no he visto cosas que no tienen explicación científica, tanto para la curación como para la enfermedad. Soy cristiano, pero además me interesan otras religiones y otras culturas en que lo mágico y lo sobrenatural son muy importantes, donde la ciencia no me explica los fenómenos. En este caso de la Virgen de Colonia hay que esperar lo que diga la ciencia.

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