El grupo encuentrista cuestionó la utilización del mecanismo de las leyes de urgencia

La CI denuncia "dictadura" del Ejecutivo sobre el Parlamento

La resolución del primer congreso de la Corriente de Izquierda advierte que vivimos un tiempo histórico en que el «fundamentalismo neoliberal» y «la llamada globalización –que no es otra cosa que la expansión imperialista del capital–» han creado en función de las transnacionales un mercado único, que actúa por encima de los estados nacionales. «Bajo la égida de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y demás organismos de crédito internacional se ha impuesto la competitividad en lugar de la solidaridad, la desregulación de la economía, la flexibilización laboral, la financierización del campo económico, las privatizaciones y el avance hacia el no intervencionismo y el Estado mínimo apartado del gasto social», señala la declaración final.

Frente a esa realidad, según la CI, existe un gobierno indiferente que intenta escamotear con el marketing del contrabando las verdaderas causas de la crisis nacional. «Sin embargo no se le ocurre proponer para la obtención de recursos el impuesto a la renta de las personas físicas, donde sí existe riqueza acumulada y no gravada».

Por otro lado, agrega el texto, continúa con las privatizaciones, la congelación de salarios y una política legislativa autoritaria para cumplir sus fines. «Una especie de dictadura del Ejecutivo sobre el Parlamento» a través de un instituto constitucional de excepción, como las leyes de urgencia.

 

Celo ideológico

La CI si bien llega a su primer congreso con el apartamiento de algunos grupos y la frustración electoral del 99, lo hace cualitativamente fortalecida y unificada en el plano político-ideológico, por haber mantenido sin fisuras en momentos difíciles y conflictivos su identidad como fuerza de izquierda defensora de los hombres que en este país viven de su trabajo y ejercen sus derechos.

En relación a la estrategia futura del FA para enfrentar la política económica del gobierno, el congreso de la CI señaló su desacuerdo «con la ampliación de alianzas políticas o sociales y la presencia de sectores de la burguesía (oligarquía) que se expresan políticamente a través de los partidos de la coalición de gobierno y gremialmente a través de las cámaras empresariales. Objetivamente no son ni pueden ser aliados por la naturaleza de los intereses y las políticas sectoriales que patrocinan y defienden. Borrar las diferencias de clase para plantear frentes entre los explotados o sometidos y los sectores dominantes que impulsan y usan la explotación significa pretender ignorar hechos evidentes que muchas veces se silencian.

Por ejemplo que el bloque de clases en el poder (que integran banqueros, latifundistas, importadores y sus respectivas gremiales) ha promovido y respaldado la flexibilización y desregulación de los derechos de los trabajadores y lo sigue haciendo».

Por tanto, continúa el texto, no se visualiza con qué burguesía «nacional» puede lucharse contra la dependencia y el neoliberalismo, en tanto la burguesía autóctona es subsidiaria del capital transnacional y fiel promotra de la orientación de los organismos de crédito internacional.

«De igual manera el congreso de la CI discrepa con la interpretación según la cual debe adoptarse una política de no confrontación con la coalición de gobierno como supuesta garantía de la gobernabilidad para no ahuyentar a sectores medios de eventual adhesión, manteniendo una administración de la crisis sin conflictos, esperando que los frutos electorales de 2004 se produzcan por el peso natural de los hechos.

La idea de «ganar como sea» puede llevar a no poder hacer y a la frustración de las esperanzas populares, de lo que es fiel espejo el acontecer argentino reciente».

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