Guillot: "Las aduanas son un terreno fértil a la corrupción"
La Comisión para la Transparencia del Proceso Aduanero fue creada esta semana por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), a raíz de las repercusiones generadas por los procesamientos de nueve funcionarios aduaneros por cohecho simple («coimas»).
La comisión será honoraria, y estará integrada por cuatro personas de «indiscutible probidad ética y trayectoria ciudadana»: el ex presidente de la Suprema Corte de Justicia Gervasio Guillot, el general Julio Halty, el doctor José Pedro Montero y el contador Walter Olazábal.
El objetivo es promover la investigación de los hechos irregulares con independencia de los servicios jurídicos de la Dirección de Aduanas, y generar procedimientos de anticorrupción.
Para Gervasio Guillot la comisión deberá realizar investigaciones a partir de denuncias que se presenten -por escrito-, o de oficio, y recabar la mayor cantidad de pruebas para de alguna forma, facilitar el trabajo de la Justicia. Reconoce que el terreno aduanero es «pantanoso», tierra fértil para la corrupción, pero asegura que el objetivo de la comisión es estudiar a fondo los casos y encontrar «las raíces» de la mafia aduanera.
¿Cómo va a ser el funcionamiento de la comisión? ¿Recibirán todas las denuncias vinculadas a hechos de corrupción y las derivarán a la Justicia?
La comisión no se ha reunido todavía, estamos esperando simplemente reunirnos y empezar a trazar las líneas de trabajo. Vamos a ver cómo funciona, eso es justamente lo que trataremos en la primera reunión que tengamos. El director de Aduanas está totalmente de acuerdo, él y el grupo de Economía pergeñaron esta idea.
El objetivo es practicar las investigaciones, ya sea de denuncias o de oficio que emprendamos, a medida que estemos ingresando en el conocimiento de la materia aduanera, del funcionamiento interno de la Aduana, y entonces recabar toda la información posible, y cuando haya pruebas ¡pum!, las presentamos en el Juzgado competente, en el Juzgado Penal que corresponda.
Porque muchas veces, si un particular va y hace una denuncia, el Juzgado no tiene una infraestructura como para dedicarse full time a ese tema, entonces las pruebas se diluyen. En cambio, estando nosotros esperemos que eso no ocurra, que nosotros podamos llevar un manojo de pruebas al Juzgado.
¿La comisión funcionará aparte de los servicios jurídicos de la dirección de Aduanas?
Es aparte de todo y con una independencia absoluta.
¿Se podrán generar elementos de prevención?
Probablemente de los resultados de las investigaciones que hagamos también saquemos conclusiones para hacer una reglamentación preventiva, para que no puedan prosperar los actos de corrupción.
Tampoco se pueden hacer promesas de abarcar una cantidad de cosas cuando, sé muy bien en qué terreno me meto. Un terreno un poco pantanoso, del que espero salir airoso. Nos han metido en este bote y vamos a tratar de llevarlo a buen puerto.
¿El espíritu es investigar a fondo?
Para eso estamos, para eso crearon la comisión y nos convocaron. Las aduanas, en donde hay mucho dinero, son un terreno fértil a la corrupción, a las tentaciones humanas. Se habla de existencias de mafias que son muy fuertes, tienen ramificaciones y vinculaciones muy importantes, pues ahí mismo, a esas raíces trataremos de llegar.
¿Cómo fue contactado para integrar la comisión?
El viernes vino a casa, previo llamado telefónico, el economista Fernando Lorenzo a quien yo casualmente conocía desde niño por una vieja amistad con su padre después de los saludos, abordó directamente el tema, y me dijo: «Mirá, a raíz de la espectacularidad con que se tramitaron los procesamientos en Ciudad de la Costa, vimos que se puede hacer una investigación anticorrupción mucho más profunda, entonces con ese motivo se decidió la designación de una comisión de notables». Y me preguntó si yo estaba dispuesto a integrarla. Le dije inmediatamente que sí, que eso era un halago muy grande para mí, que se hubieran fijado en mí como hombre intachable y más o menos capaz de hacer algo. Todo lo demás es lo que salió en la prensa.
¿Cuál ha sido su experiencia con temas aduaneros?
En la Suprema Corte de Justicia son pocos los asuntos aduaneros que llegaron. Yo me empapé de la materia sobre todo fue cuando fui juez de Hacienda de lo Contencioso Administrativo. Estaba en ese cargo cuando fui destituido, en 1978. La materia aduanera era materia específica del juez de Hacienda.
Es un terreno difícil para trabajar…
Eso está claro, no lo puede ignorar nadie. Incluso unos funcionarios aduaneros, incorruptibles, me acuerdo que le decían a un juez «¿Usted sabe cuántas son las razas humanas?» «Son cuatro», respondía el juez. «No, son cinco; la blanca, la negra, la amarilla, la piel roja y la aduanera». Es un fenómeno universal, en todas las aduanas del mundo. Es que corre mucho dinero por ahí…
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