Todos los nombres
«En tal caso, y en el caso, también, de que yo creyera necesario responder, tendría que explicarles que sólo de vida he estado hablando aquí, y no de muerte, y si esto no lo han entendido antes es porque nunca serán capaces de entender lo que sea». Estas líneas escritas por José Saramago en su obra «Todos los nombres», bien se aplican a las mezquinas protestas surgidas desde las bancadas opositoras, en la Junta Departamental, a raíz de la denominación de Salvador Allende al Centro Cívico de Barros Blancos. Nacionalistas y colorados tuvieron diferentes posturas, aunque con fundamentos análogos en ciertos casos; finalmente, luego de aisladas exteriorizaciones públicas de las cuales se hicieron eco algunos medios locales, la propuesta del nombre para el Centro Cívico fue votada en contra por la bancada colorada, y el sector del ex presidente Lacalle.
La paradoja del cuestionamiento a la denominación de Salvador Allende se da, precisamente, en un departamento en donde blancos y colorados se hartaron a lo largo del tiempo de «bautizar» a gusto calles, pueblos, plazas y lugares, con oscuros personajes que no habían hecho otra cosa que dedicarse a sacar provecho de la politiquería, en beneficio propio y de sus «correligionarios».
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