
El pasado domingo escribí que “la dirigencia del FA parece no darse cuenta que las actitudes corporativas expresadas por grupos económicos pero también por sindicatos, muchas veces tienen que ver con que la fuerza política ya no incide sobre el movimiento social. Por eso lo reivindicativo termina primando por sobre lo político, el programa de cambios y la novedad de la época: que el Frente Amplio, la izquierda y el progresismo, ganaron el gobierno y se aprestan a ganarlo nuevamente”.
Señalé también que “el Frente Amplio se disolvió como un terrón de azúcar en tres años” y que por ello “no supo incidir en el complejo movimiento de masas sindicatos, organizaciones barriales, universitarios, docentes, el arte y la intelectualidad, los medios de comunicación y sus trabajadores, donde el mayor forúnculo es Adeom”.
Estas malas noticias para el FA se vieron confirmadas el jueves 26 de junio, cuando los sectores ultras, confesos opositores al gobierno, volvieron a ganar la asamblea de Adeom, resolviendo profundizar las medidas de lucha contra la intendencia frenteamplista.
De la reunión participaron unas dos mil personas, sobre un total de 8.200 funcionarios municipales. La asamblea estuvo precedida por declaraciones de dirigentes del Frente Amplio que anunciaron, sin suerte, que se iba a cambiar la correlación de fuerzas. Pero no pudo ser.
Los dirigentes ultras, si se los analiza por fuera de Adeom, no tienen el más mínimo apoyo político, a no ser ciertos “sellos” de una izquierda ultra que no tiene el más mínimo apoyo electoral, pero que, a pesar de su raquitismo, logra poner en jaque al histórico gobierno municipal del Frente Amplio.
Estamos, entonces, ante un dato que debe preocupar a la dirigencia del FA, en tanto este fenómeno se manifiesta hoy entre los trabajadores municipales de Montevideo, pero que como todo fenómeno social puede generalizarse.
La experiencia de Chile
El reciente recuerdo de Salvador Allende, con motivo de cumplirse los 100 años de su nacimiento, permitió reencontrarnos con los éxitos de su gestión y también con el cuadro político de la época. Dos datos se desprenden de esas lecturas. Por un lado, que fue un gobierno signado por las realizaciones. Por otro, que los sectores ultra fueron el mejor aliado de la derecha. Y en tercer término, que la derecha apostó fuerte al desabastecimiento, como forma de encrispar a las capas medias chilenas.
El tercer punto no se expresa, por suerte, en el cuadro político uruguayo de hoy (aunque sí ocurre en Argentina), pero los dos primeros tienen plena vigencia. Es un dato objetivo de la realidad que el gobierno de Tabaré Vázquez es exitoso, como también es objetivo que la ultra tiene como razón de ser el ataque al gobierno progresista, al grado que en una publicación del 26 de Marzo no aparecen declaraciones de dirigentes del Frente Amplio, pero en cambio sí están reflejadas las opiniones de los dirigentes y legisladores del Partido Nacional.
En la asamblea de Adeom la dirigencia ultra centró sus ataques contra Ricardo Ehrlich, pero también sobre el doctor Tabaré Vázquez y el senador José Mujica, quienes no tienen directamente nada que ver con el conflicto. El asunto es agudizar las contradicciones en Montevideo, para que el FA pierda algunos puntos en las próximas elecciones nacionales, poniendo en peligro la continuidad del proyecto progresista.
De continuar esta atonía de la fuerza política, no es descartable que algunos sectores del movimiento social comiencen, en la medida que se acerque el año electoral, a imponer la agenda y a perturbar la campaña electoral, tapando con su griterío la posibilidad de que el gobierno exponga con claridad, ante la ciudadanía, los éxitos de su gestión.
Todo indica que hasta diciembre, cuando se realice el congreso del FA, la coalición de izquierda no podrá superar estos atrasos en la medida que su atención estará centrada en las tensiones que generan la búsqueda de una fórmula presidencial que tendría que ser de consenso, porque de otra forma las tensiones podrían trasladarse a todo 2008.
A pesar de estas dificultades, que son verdaderas piedras en el camino, el FA tiene la responsabilidad de salvar su gestión en Montevideo, que comenzó en 1990, lo que no se podrá hacer si no se soluciona el conflicto con Adeom.
Es un desafío para la dirigencia frenteamplista, pero también para cada uno de los funcionarios municipales votantes del Frente que no pueden ver pasar ante sus ojos como se les va la esperanza entre los dedos de sus manos.
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