Frente Amplio. No tiene una política de acumulación de fuerzas

El FA discute todo, menos la falta de estrategia política

El Frente Amplio encara diferentes desafíos con miras a la próxima elección nacional, que van desde la fórmula presidencial hasta la elaboración de un nuevo programa.

Sobre la fórmula presidencial no voy a escribir este domingo, porque es un tema que por momentos tiene mucho de tragedia y en algunos casos de comedia.

A pesar de todo hay que señalar que por encima de dichos y trascendidos, no pocas veces contradictorios, hay algunos elementos que nos permiten afirmar que en el horizonte se dibuja alguna idea: Vázquez tuvo, por lo menos, palabras de reconocimiento para Astori y Mujica, pareciendo que en ese orden iban sus señales.

Mientras tanto, Astori no habla y Mujica habla – pero va para atrás y para adelante-, como pareciendo querer ganar tiempo para convencer a su barra de que ir de segundo no es perder.

Por otro lado hay un grupo grande de sectores y militantes de base, encabezados por el Partido Socialista, el MPP, el PCU y la Vertiente que quieren priorizar el programa, para después tratar el tema de la candidatura a la Presidencia de la República.

Postura que tiene su sana lógica, muchas veces sana y otras veces no tanta. Es que algunos actores individuales, no siempre sectorizados, dejan traslucir la intención de poner alguna medida de gobierno en el próximo programa que sea intragable para Astori o para Mujica, como forma de sacárselos de arriba y así abrir un espacio para un tercer candidato, que de tan reservado ya nadie sabe dónde está y mucho menos se sabe quién es.

Lo que más extraña ­ aunque no debería sorprendernos- es que la dirigencia de la izquierda no haya priorizado y puesto al mismo nivel del programa y la fórmula presidencial, lo que es analizar la temática política, que pasa por ver con ojo crítico cómo el Frente Amplio se disolvió como un terrón de azúcar en tres años, cómo la izquierda no supo conjugar correctamente el relacionamiento del gobierno con el Frente Amplio, cómo la fuerza política no supo incidir en el complejo movimiento de masas ­ sindicatos, organizaciones barriales, universitarios, docentes, el arte y la intelectualidad, los medios de comunicación y sus trabajadores-, donde el mayor forúnculo es Adeom.

Esta ausencia de análisis también se refleja en que no hay una estrategia de acumulación de fuerzas ­ no hay ni muchas estrategias, como ocurría en la década del 60-, a la vez que falta un estudio serio de cuáles son las fuerzas sociales ­ capas y clases sociales- con mayor capacidad histórica de hacer desarrollar las fuerzas productivas del Uruguay, para incidir en favor de una más justa redistribución de la riqueza.

Un ejemplo de esta situación crítica de la izquierda ­ peligrosamente crítica- es que ante nuevos fenómenos sociales como es la creciente aparición de tendencias corporativas, hay más observaciones críticas (denuncias), pero no hay un debate sobre las causas de este fenómeno social que no es nuevo, que no llegó con el gobierno progresista, pero que la izquierda lo «descubre y sufre» porque le llegó la hora de gobernar y de distribuir los recursos de la economía de una forma lo más justa posible.

La dirigencia del FA parece no darse cuenta de que las actitudes corporativas expresadas por grupos económicos pero también por sindicatos, muchas veces tienen que ver con que la fuerza política ya no incide sobre el movimiento social.

Por eso lo reivindicativo termina primando por sobre lo política, el programa de cambios y la novedad de la época: que el Frente Amplio, la izquierda y el progresismo, ganaron el gobierno y se aprestan a ganarlo nuevamente.

Hay conciencia de que si la sociedad se corporativiza a todo nivel ­ los empresarios ya tienen experiencia en esto- no es solo por la mezquindad de los seres humanos, sino fundamentalmente porque la política de la izquierda está ausente, porque se perdió capacidad de conducción, de orientación y de encauzar las exigencias sociales dentro de un proyecto político de largo aliento que permita transformaciones radicales, sustanciales y sostenibles para un país que tiene un futuro más que interesante.

Una nueva fórmula presidencial es imprescindible para seguir con el cambio progresista; un nuevo programa que dé continuidad al actual pero que reconozca que se debe ingresar en una nueva etapa, es otro de los desafíos. Pero si el FA no piensa a la sociedad desde la política para darle una perspectiva de sociedad a la gente, ganar en 2009 no será fácil y mucho menos gobernar cinco años más.

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