Llamadas la Director

Gonzalo Aguirre acusa a Fasano de haberse ido del país durante la dictadura

Señor Director:

El otro día leí en el semanario de la derecha, Búsqueda, una carta de Gonzalo Aguirre muy enojado con usted porque LA REPUBLICA lo había criticado por ser un abogado defensor de golpistas y torturadores. En esa carta, Gonzalo Aguirre lo acusa a usted de haber huido ante el golpe de Estado, de no haber hecho nunca nada contra la dictadura, de vituperar contra ella a más de dos décadas de su finalización, y de no haber tenido la valentía de quedarse para enfrentarla como lo hizo él. No sé, Fasano, qué piensa usted de esto. Atacarlo precisamente a usted de cobardía y de no haber enfrentado a la dictadura, cuando debe haber pocas personas que desde el exterior lucharon contra ella como usted lo hizo, y aún teniendo un hermano preso, parece un sinsentido del oso derechista, hoy defensor de golpistas. Teléfono: 9291…

El Director: Me comentaron esa carta, estimada lectora, y la verdad es que no esperaba del ex vicepresidente blanco un ataque semejante, cuando él sabe que lo que dice no es verdad. Tuve que huir del país porque estaba condenado a muerte por el Escuadrón, porque los golpistas no me perdonaban haberles desbaratado el complot militar que pergeñaron junto a Amodio Pérez, porque me habían clausurado todos los diarios, porque el semanario fascista Azul y Blanco, todas las semanas publicaba un editorial convocando a ajusticiarme si no me iba del país, porque el Parlamento uruguayo me había homenajeado en sesión pública, en las intervenciones de Ferreira Aldunate, Zelmar Michelini, Juan Pablo Terra, Paz Aguirre y otros más por haber arriesgado mi vida, ingresando al cuartel Florida para encontrar las pruebas del complot golpista en ciernes. Esa sesión y sus repercusiones, desataron las amenazas de muerte, incluso volanteadas en plena vía pública, en un país donde no existía garantía alguna para quienes nos jugábamos la vida para denunciar el golpe contra las instituciones.

Acaso cree el Dr. Gonzalo Aguirre que yo seguiría con vida de haberme quedado. Era un enemigo declarado del golpismo y así se lo hizo saber a mis colaboradores el siniestro juez militar, que aún vive sin pagar sus crímenes, el entonces coronel Federico Silva Ledesma que le dijo a Paolo de Savorgnani que «cuando agarremos a Fasano lo vamos a colgar de un gancho y lo vamos a cortar en pedacitos».

Es cierto que Gonzalo Aguirre se quedó en el país, pero no creo que nadie lo quisiera cortar en pedacitos, como tampoco ningún grupo paramilitar lo condenó a muerte, y por lo que yo sé pudo vivir en dictadura, trabajar en dictadura, ser feliz en dictadura, sin que ello le quite mérito alguno como opositor de la dictadura.

Si yo me hubiera quedado, desde la tumba donde sería arrojado no hubiera podido denunciar al mundo mi entrevista con el general argentino Harguindeguy, que sabía dónde estaban secuestrados Michelini y Gutiérrez Ruiz antes de su ejecución, no hubiera podido convocar desde México al Frente táctico antidictatorial, no hubiera podido escribir más de 300 artículos contra la dictadura en Le Monde de Francia, El País de España, en los diarios mexicanos El Universal, Excelsior, Uno más uno, La Jornada, Proceso y dirigido programas antidictatoriales en el canal 11 de la televisión abierta mexicana y en Radio Educación. Tampoco hubiera podido organizar y ayudar al exilio uruguayo desde mi cargo de Director de Información de la Presidencia de la República mexicana, ni hubiera podido donar a los presos políticos uruguayos el importante monto del premio internacional de periodismo que me confirieron en España por mis artículos sobre las violaciones a los derechos humanos perpetradas por la dictadura uruguaya, ni hubiera podido durante los 5 años, que dirigí Le Monde Diplomatique para América Latina, dedicar edición tras edición a denunciar al aberrante régimen que se apoderó del Estado y la sociedad uruguaya, ni tampoco hubiera tenido el honor de ser el único opositor al despotismo que mereció una protesta diplomática del embajador de la dictadura en México, coronel Rovira, por mis actividades en ese país contra la criminal patota motinera. Ni tampoco, y quizás sea esto lo que más le duele a Gonzalo Aguirre, podía haber retornado para construir el único diario, la única radio y el único canal de televisión privado que ayudó a la izquierda uruguaya, a obtener por primera vez en nuestra historia, el acceso al gobierno nacional en olor de multitudes.

Es injusto el Dr. Gonzalo Aguirre en su falsa acusación de cobardía por no quedarme en el país, en su falsa acusación de no haber hecho nada contra la dictadura y de sólo «vituperar contra ésta y sus protagonistas, ahora que no existe y hacerlo además en busca de réditos políticos».

Bastaría con preguntarle a nuestros enemigos comunes, los criminales uniformados que se ensañaron con el pueblo uruguayo, cuál de los dos dañó más a la dictadura o a cual de los dos querrían ver bien muertos, si a Gonzalo Aguirre o a Federico Fasano, para así poder desentrañar este golpe bajo contra mi honor, cometido por el ex vicepresidente, otrora convencido antigolpista y hoy defensor legal de esa pandilla irredenta de criminales sin conciencia ni piedad.

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