Emotivo discurso. En la fecha de Artigas y ante los uruguayos en Cuba, palabras de Tabaré en la Casa de la Amistad

Una reflexión en voz alta sobre  Artigas, el Nunca más y Fidel

Fue un encuentro hermoso en la Casa de la Amistad, durante el acto ofrecido por el embajador Jorge Mazzarovich al Presidente Tabaré Vázquez.

Lleno de alegría y de esperanza. En ese marco, seguramente con la carga emotiva de todos estos días, de los encuentros con Raúl y Fidel Castro, y sobre todo por comprobar una vez más que «un Uruguay mejor es posible». Tabaré habló de todo, desde la emoción y la conciencia de estar entregando todo lo mejor de sí. Lo que sigue es parte del discurso.

«Quiero saludar a todas las autoridades de este país hermano, de este país amigo. Uruguayas, uruguayos, queridos uruguayos residentes acá en Cuba, estudiantes uruguayos que están estudiando acá en Cuba gracias a la solidaridad de este gobierno, amigos integrantes de los medios de comunicación: lo primero es lo primero y es dejar en claro el profundo agradecimiento del pueblo y del gobierno uruguayo hacia el pueblo y el gobierno de la República de Cuba, por múltiples razones. Las voy a enumerar solamente, pero podría hablar mucho rato de esas razones.

Operación Milagro, miles de uruguayos que vinieron a recobrar la visión, ser atendidos, operados, por el cuerpo médico cubano, en forma totalmente gratuita. Lograron, entre otras cosas, que personas mayores que no tenían la posibilidad de ser operadas en Uruguay, lo hicieran aquí. Al poco tiempo volvieron y también prestaron atención a las voces e identificaron a las voces que antes habían escuchado. Era la voz de la embajadora. Esa es la operación milagro, miles de uruguayos recuperaron su visión gracias a Cuba.

Y si esto fuera poco, la llegada de médicos oftalmólogos cubanos y el apoyo que este país dio para instalar el Hospital de Ojos, en el viejo Hospital Saint Bois. Que ha permitido que tengamos una clínica de vanguardia en el mundo. Hace unas horas, la ministra de Salud Pública me comentaba que hace unos días el profesor Dighiero, que es profesor de Oftalmología en Francia, después de visitar nuestro Hospital, le decía que en Francia no existía el nivel de instrumentos que teníamos allí. Y eso lo tenemos gracias a la solidaridad del pueblo y el gobierno de Cuba.

Qué hablar del programa que el Ministerio de Desarrollo Social que Marina lleva adelante, el «Yo sí puedo». Adultos mayores que no sabían leer y escribir y que gracias a ese programa han aprendido y hoy pueden leer y escribir.

Y así podría hablar, de muchas cosas más de este relacionamiento entre ambos pueblos, que viene de lejos y que queremos que vaya mucho más lejos aún. De corazón, queremos agradecer la solidaridad que tienen con la gente más humilde de nuestro país. (aplausos)

 

Decirles con profundidad lo que estoy sintiendo

No quiero extenderme demasiado en el uso de esta tribuna. Sin embargo hay algunas cosas de las que quiero hablar. Tengo que invocar a los poderes del cielo, a quien corresponda, para que me dé la claridad como para poderles decir con profundidad lo que estoy sintiendo.

Nosotros nacimos y crecimos en un barrio muy humilde de Montevideo. Un barrio proletario, La Teja. Fuimos a la Universidad de la República, hijos de trabajadores que pudimos concretar una profesión en nuestro país. Como hijos de un barrio pobre, jugábamos a la pelota con una pelota de trapo que nosotros rellenábamos de papel. También existía en ese barrio, como en otros barrios humildes y del interior de nuestro país y de otros países, el Colegio Salesiano. Nosotros no íbamos al Colegio Salesiano, pero nos gustaba jugar al fútbol con una pelota de cuero, inflada. Claro, para poder jugar al fútbol había que ir a las misas y a las bendiciones. Y, en esas bendiciones, recuerdo -y Danilo también debe saber, porque él fue a un Colegio Salesiano, y por ahí también está mi señora-

Era una de esas plegarias que hoy quiero evocar por la claridad de expresión que la ocasión realmente se merece. En aquella época, por cierto, no se decía en español sino en latín. Decía: «María Auxiliadora ruega por nosotros». María Auxiliadora ruega por mi, para que pueda expresarme con la mayor claridad posible.

Estamos en un país hermano y amigo. Yo no acostumbro a hablar de los temas de mi país fuera de él. Pero, abusando de su amabilidad, y ya que somos tantos uruguayos aquí, quiero referirme a una fecha muy especial para los uruguayos, al 19 de junio. Conmemoramos un nuevo aniversario del nacimiento de nuestro prócer José Gervasio Artigas. Para todos los uruguayos es un día muy especial. Porque los uruguayos somos uruguayos en cualquier momento y en cualquier lugar. Para ser uruguayos no hay fronteras. Recorremos el mundo y en cualquier parte descubrimos uruguayos. Los problemas económicos han hecho que muchos uruguayos debieran buscar afuera lo que no encontraban en nuestra patria. Pero como somos uruguayos en cualquier parte, podemos conmemorar a nuestro prócer, que también lo fue de la patria grande latinoamericana.

 

Un hombre que fue vituperado, condenado, perseguido

Se difamó sobre lo que él era y por lo que luchaba. Claro, defendía a los más pobres. Se lo trató como a un Atila, como a un azote de la humanidad. Se lo trató de contrabandista.

Cuenta la historia que estando en un campamento en Colonia, recibió un libelo que francamente lo denigraba. Y alguien vino y le dice: «mi general, mire lo que dice este libelo». En aquel momento Artigas dijo dos cosas: la primera de ellas, «no importa lo que dice ese libelo, porque todos los que me están acompañando, negros, mulatos, gauchos con pata descalza al suelo, toda esta gente no sabe leer». Pero también dijo, en su pensamiento profundo: «trabajaremos para que los orientales sean tan ilustrados como valientes». Fue el que creó la primera escuela pública en el Uruguay. Este hombre fue derrotado militarmente. Ganó una batalla, pero fue derrotado por el imperio de turno. Tuvo que abandonar el país y someterse a la crucifición de 30 años de exilio en la hermana República del Paraguay, que soportó estoicamente sin una queja, sin un reproche, sin un lamento. Y murió en el Paraguay. Y, luego, paradojalmente quisieron recuperar a Artigas, y lo pintaron como el hombre bueno, que trabajaba para su pueblo, tratando de ponerle una lápida a su pensamiento. Una lápida de lujo, para que no siguiera hablando después de su muerte. Como no alcanzó lo condenaron al mármol y al bronce, para que no molestara con sus ideas y su pensamiento. Pero Artigas, como tantos luchadores contemporáneos de él, como San Martín, Bolívar, luego Martí, han rescatado su pensamiento como un legado. Hoy tenemos la responsabilidad de recuperar aquel pensamiento.

 

La noche muy oscura que vivió el Uruguay

También en nuestra época nos tocó vivir una noche oscura en el Uruguay. De persecución, de exilio, de torturas, de desapariciones. Que aún han dejado heridas muy abiertas en nuestro pueblo. Heridas que cuestan cerrar, porque es mucho lo que falta aún por saber sobre qué pasó en

aquel tiempo, que pasó con los desaparecidos. Necesitamos conocer esa verdad. No para revancha porque nosotros no queremos revancha. Pero sí para que haya justicia como debe haber. Este gobierno viene trabajando en esa dirección. Hemos logrado algunas cosas que seguramente ya saben. Hemos entrado a institutos militares, a cuarteles, buscando restos de personas desaparecidas. Hemos encontrado algunos restos. Han aparecido ciudadanos uruguayos que fueron en su momento secuestrados, niños. Muchos de los que integraron esos gobiernos están detenidos, están presos en Uruguay hoy. Pero están abiertas esas heridas.

Este gobierno se ha propuesto, en alguna forma, el reencuentro de todos los uruguayos. Para tejer el futuro todos juntos. Y decir «nunca más». Nunca más al enfrentamiento entre los uruguayos. Nunca más a la intolerancia, a los desencuentros, a la violencia, al terrorismo de Estado, que nunca más tengamos que sufrir lo que sufrimos los uruguayos. Y elegimos el 19 de junio para buscar ese camino de encuent
ro, más justo, más solidario, para todos.

No es fácil esta tarea. Desde aquí reclamamos, con la mayor humildad posible, a los ciudadanos que conocen sobre el destino de los desaparecidos y que hasta el momento no lo han dicho, que lo digan. Que se hagan un examen de conciencia y que aporten a la verdad que todos estamos buscando.

 

No quiere punto final

En la historia no hay un punto final. No hay un cierre y vuelta de la hoja. La historia está ahí. Buscando la verdad y la justicia, con historia, los uruguayos debemos buscar el camino de la unión y de la solidaridad. Para que un día podamos decirle a los hermanos de la patria peregrina que pueden volver a encontrar las oportunidades que no tuvieron.

Para esto lo único que podemos hacer es dialogar. Porque este gobierno no puede hacer lo que hicieron otros en aquel momento, de torturas, de cárceles, de submarinos, de picanas eléctricas. No lo podemos hacer. No nos nace. Es desde aquí entonces que hago un pedido de humilde, como ciudadano uruguayo, que si alguien conoce informaciones que nos puedan ayudar al esclarecimiento de la verdad.

 

La sabiduría de Fidel

Este mediodía tuvimos una larga conversación. Como siempre, hemos aprendido mucho de él. Y nos expresó muchas de sus preocupaciones como ciudadano del mundo. La misma preocupación por los más pobres que tuvo siempre. Y hablamos de temas tan actuales como el costo de la energía, del petróleo, de los alimentos, del cambio climático, de los impactos negativos que todo esto tiene. Como siempre, con gran visión y claridad.

De Fidel siempre se aprende. Una reflexión para grabar a fuego: que los gobiernos sean, ante todo, humanos. Que estén al lado, preocupados, por los problemas de la gente. Que entiendan que hay que manejar la economía, pero no como un fin sino como una herramienta para mejorar la vida de la gente. Que tienen que ver con los derechos humanos de las personas. Los derechos de todos los días. Hoy aprendí otra lección de vida de este hombre sabio que ha tenido una experiencia de vida que le permite verla con gran profundidad.

Muy fuertemente unidos, solidarios, para salvar esta humanidad.

Les agradezco, de todo corazón. Al pueblo y al gobierno cubano, una sola palabra: gracias. (aplausos)

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