El regalo. Una túnica blanca, larga, con su nombre

El día en que el Presidente se quebró de la emoción

Tabaré se acomodó en el asiento, algo así como cuando Obdulio se metió la globa bajo el brazo ni bien los «brasucas» hicieron el primer gol. Y dijo: «En primer lugar, felicitarlos. Experimentamos un altísimo honor, y estoy seguro de que hablo en nombre de todos mis compañeros, de estar en esta casa. Por encima de todo esto, experimentamos un gran agradecimiento por todo lo que están haciendo por los latinoamericanos y por los uruguayos especialmente. Recibiendo a jóvenes uruguayos de origen muy humilde, preparándolos para enfrentar los desafíos de la vida, no sólo como médicos sino como ciudadanos comprometidos con la vida. Donde ya estamos viendo los frutos de este trabajo de ustedes. Los jóvenes uruguayos que han vuelto al país se han puesto a trabajar en comunidades muy alejadas como Bella Unión, por ejemplo, donde en tres años se bajó la mortalidad infantil de un muy triste y vergonzoso 57 por mil a un 13 por mil. Por cierto que han sido múltiples los actores, pero también es muy importante lo que han hecho esos médicos jóvenes que estudiaron aquí. Y, por cierto, la emoción de entrar a esta casa y ver a tantos jóvenes uruguayos estudiando medicina nos retrotrae a cuando nosotros éramos jóvenes estudiantes de medicina… Y ver sus caritas, de sana alegría, de profunda vocación, porque seguramente todos los que están acá lo hacen por vocación.»

Luego Tabaré le cedió la palabra al canciller, Gonzalo Fernández, y a las ministras María Julia Muñoz y Marina Arismendi. Los tres reseñaron lo que se estaba haciendo en nuestro país y lo importante que había sido la Operación Milagro, por la que miles de uruguayos viajaron a operarse gratuitamente de cataratas a Cuba, así como la donación del equipamiento para el Hospital de Ojos, donde ya fueron operados 1.400 compatriotas, asistidos por los oftalmólogos cubanos. El compromiso expreso del presidente, al cerrar nuevamente la ronda, fue de estudiar con celeridad la forma de regularizar las reválidas, haciendo mención a que en nuestro país la Universidad es autónoma y que por lo tanto la solución debía integrar su opinión.

Luego se pasó al teatro del ELAM, grande, bonito. Allí nos esperaban cientos de jóvenes, con los uruguayos encabezando con banderas de todos los países. De pronto se escucharon las estrofas de «La Cumparsita» y varias parejas ataviadas impecablemente de negro la bailaron estupendamente.

Pero había más. Subió un estudiante con regalos para Tabaré. Los abrió, eran libros de medicina que mostró y agradeció con gran alegría. Pero faltaba el golpe «más bajo». Le entregaron una túnica blanca, larga, que al abrirla tenía su nombre en el bolsillo. Perdió por destrozo. Tanto que, automáticamente, se sacó el saco y se la puso con un orgullo y una sonrisa que el tipo no se cambiaba por nadie en este planeta. Subieron dos a sacarse una foto, luego cuatro, él les hizo señas para que dejaran pasar a todos los que quisieran. Durante un rato aquello fue una fiesta de alegría que no estaba en los cálculos de nadie».

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