Los Malmström
Hace 25 años, Cajsa era una joven estudiante sueca que acababa de hacer su tesis en periodismo sobre la aprobación de la Convención contra la Tortura por parte de Naciones Unidas. Su trabajo de campo sería en uno de los países sudamericanos donde el castigo físico a los presos políticos era una metodología sistemática aplicada por un regimen dictatorial: Uruguay.
El tutor de Cajsa era el periodista Torsten Malmström, docente de la facultad de periodismo de Gottemburgo. Ambos viajaron a Montevideo en aquel 1983 y se transformaron en testigos y organizadores del viaje de los niños del exilio. ‘Recuerdo aquellos días con mucha emoción, esperanza, alegría y con una sensación de victoria’, explica Cajsa a LA REPUBLICA.
Con cierto pudor, Cajsa recuerda que los pasajes para el viaje debieron sacarlos como si fueran un matrimonio, así que resolvieron casarse formalmente para evitar cualquier problema con la dictadura. Lo curioso fue continuarían siendo pareja y hoy tienen tres hijos: Babo de 22, Nina de 18 y Max de 3 años. Cajsa trabaja ahora como relacionista de la organización Blastället, pero no olvida a Uruguay.
‘Yo era muy joven. La representante de la dictadura uruguaya en ONU me había negado que hubiera torturas en su país… y hasta me mandaron un libro muy bonito sobre el Uruguay turístico. Decidí viajar con ayuda de los uruguayos en Gottemburgo. Al llegar hicimos contacto con Ernesto de los Campos y Alex Massei. Fueron maravillosos, nos facilitaron todo’, recuerda.
Así, los Malmström quedaron conectador con el semanario Convicción, del que De los Campos era codirector junto a Jorge Lorenzo y Víctor Vaillar, quien encabezaba la Comisión por el Reencuentro de los Uruguayos que era la organización impulsora del viaje desde el exterior de los hijos de exiliados y encarcelados. Los Malmström fueron un vínculo de la organización con Suecia.
‘Hoy veo a Uruguay con alegría, personal y políticamente. Sería una buena idea volver a juntar a aquellos niños, hoy hombres y mujeres, con sus padres entonces exiliados o presos, sus abuelos y sus propios hijos… Esas familias, víctimas de la represión, pueden cerrar hoy el círculo. Sería importante para la política, la sociedad y para la memoria colectiva’, propone.
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