LA OTRA CAMARA

Una canción,el tatuaje y el regreso

Siempre, si uno observa atentamente y con suficiente crueldad intelectual, puede descubrir aspectos interesantísimos hasta en los plenarios más aburridos de la Cámara de Diputados.

Por ejemplo, confirmé que la voz del generoso presidente de la Mesa, Alberto Perdomo, que sigue mandando exquisitos cortados a los periodistas, tiene un registro como el de Edmundo Rivero; ideal, entonces, para cantar «Vamos, vamos zaino viejo», en indirecta alusión al ritmo de la sesión que debió soportar anoche.

Luego, una extraña efervescencia en la bancada colorada. No era para menos; ya estaba circulando en el Parlamento otra versión conmovedora: volvería nada menos que Julio María, enarbolando sus rebeladas cejas y sería el candidato en fórmula con José Amorin, dando forma al ya famoso polo que sugirió el pasajero que va y viene de la estación Carnelli. Aparte de la inquietud generalizada, que, entre otras consecuencias, generó un tic en Washington Abdala, muy parecido a una repetida venia, se disparó otro espeluznante rumor: Amorin tendría tatuado el rostro de Jorge Batlle en alguna parte de su cuerpo.

¿Cómo alguien puede siquiera imaginar semejante especie?

En fin, hubo otras cosas.

Alguien informó, aparentemente documentado, que Víctor Semproni había exhibido dotes de bailarín compadrito, estilo Pepito Villanueva, acompañando a una atractiva y algo flácida octogenaria en el Piñeyro de Campo: dicen que mostró unos pasitos cortos y eléctricos, como si hubiese vuelto a la vida El Cachafaz, envuelto en las serpentinas del carnaval de 1910. Y después reprochan a los diputados que no trabajan…

Silvana Charlone, por su parte, se mostró con una hermosa chalina, de esas que también pueden usarse como bufanda. La única duda que quedó es si era suficiente para, llegado el caso, cubrirla en su totalidad corporal.

Finalmente, dos toques estéticos. Jorge Orrico apareció con un elegante traje oscuro que me trajo a la memoria a Mario Bustos cuando cantaba con D’Arienzo. Y hubo dos o tres taquígrafas preparadas como para competir en «Bailando por un sueño». O «Bailando por un aumento», qué sé yo.

Ah, y no pude recordar el nombre de una diputada oficialista suplente muy parecida a la hermana menor de Rigoberta Menchú. Ya lo averiguaré.

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