Misa por un desconocido
La noticia dada por LA REPUBLICA de que un grupo de reconocidos militares acusados de violentar los derechos humanos asistieron a una ceremonia religiosa en la parroquia del Cordón provocó sorpresa, tanto en el seno de la comunidad católica como fuera de ella.
En la misa ordinaria realizada el pasado jueves a las 19.30 horas, participaron varios personajes directamente relacionados a la dictadura militar, como los generales retirados Iván Paulós, Alberto Ballestrino, el ex integrante de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia, Yasmyr Wallace y el teniente coronel José Nino Gavazzo, acusado de secuestrar bebés durante el régimen de facto y por el delito de extorsión en 1995.
El motivo de este encuentro en el templo católico fue recordar al ex director de Inteligencia de la Policía, fallecido el pasado 1º de diciembre a través de una intención de misa solicitada por su esposa.
El padre Juan Carlos Bonilla, quien se manifestó amigo del general (r) Líber Seregni, recordó que también rezó a favor del director de LA REPUBLICA, Federico Fasano Mertens, cuando «se violentó la libertad de prensa y fue llevado preso», advirtió que esta ceremonia no se organizó para honrar la memoria de Castiglioni.
Precisó que fue simplemente una misa ordinaria donde en el transcurso de la ceremonia se nombró a una serie de personas fallecidas para rezar por su memoria, donde también se presentaron las intenciones y la acción de gracias.
Dijo que este encuentro de militares no lo tenía programado e incluso afirmó desconocer quién era y de qué se lo acusaba al inspector Víctor Castiglioni. Bonilla realizó esta precisión a fin de «no confundir» a la comunidad y evitar que se relacione su persona con aspectos extrarreligiosos.
«La misa la oficié yo como también la pudo hacer cualquier otro sacerdote en esta parroquia.
Coincidió que en la ceremonia de las 19.30 horas me tocó a mí conducirla», preciso.
El sacerdote Bonilla dijo que si previamente a la misa se hubiera enterado de quién era la persona fallecida (inspector general Víctor Castiglioni), a la cual debería entregar una intención de sufragio por su alma, igualmente lo habría hecho.
Explicó que los sacerdotes tienen la obligación de rezar por todas las personas para que puedan conseguir el perdón divino, aun si éstas cometieran atrocidades.
«Cuantos más pecados se cometieran, más hay que rezar», precisó el religioso.
Consultado sobre si no existía una contradicción entre la postura de la Iglesia en defender los derechos humanos, e incluso participar activamente en la Comisión Para la Paz y otorgar una intención a la memoria de quien se lo acusa de tortura, Juan Carlos Bonilla aclaró que la institución no tiene «lista de condenados» y hay que rezar por todos, «tanto sean militares como tupamaros».
Agregó que en la misa del jueves hubo una lista con unos 20 nombres, incluso de una persona que tenía 100 años de muerta, y a Castiglioni ni siquiera se le nombró entre los primeros.
No excluir a nadie
LA REPUBLICA consultó una confiable fuente eclesial, quien explicó la postura de la Iglesia sobre los casos de torturadores.
Dijo que la institución tiene la obligación de no excluir de las intenciones para la memoria del difunto a ninguna persona, por más atroz que fuera su comportamiento e incluso hasta del propio Adolfo Hitler; «que en el momento de pedir por él, el sacerdote podría pronunciar solamente el nombre de pila», acotó la fuente.
Señaló que si un torturador pretende comulgar, el sacerdote no puede negárselo, salvo si el violador de los derechos humanos no se manifiesta arrepentido por lo hecho.
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