Sin saberlo, su madre llevó flores a la tumba
Rocha
La mayoría de los vecinos, de los más veteranos de Punta del Diablo, recuerdan a Olivar Sena como «una persona buena», argumentando de esa manera por qué su desaparición golpeó muy fuerte en la pequeña comunidad de pescadores. En los últimos días, la mayor preocupación de la familia fue preservar la salud de la madre de Lauro Olivar Sena Rodríguez, Flora Dulcinea Rodríguez, de 84 años de edad, quien siempre sostuvo que su hijo iba a retornar. Los vecinos señalan que en más de una oportunidad la mujer se refería a objetos que pertenecieron al hijo hablando siempre en presente, incluso algunos de ellos los preservaba en el mejor estado posible esperando el regreso del hijo desaparecido en forma misteriosa.
Cuando la familia supo que las historias del desaparecido de Castillos y el «aparecido» en La Esmeralda se relacionaban tanto que se trataba de la misma persona, hijos y nietos de la madre se preocuparon por mantener la reserva hasta encontrar el mejor momento, la mejor forma de poder hacerle saber la noticia. El miércoles, cuando los nietos viajaron a Montevideo para participar de la conferencia de prensa, la mujer quedó con uno de sus hijos quien procuró que se mantuviera sin escuchar radio ni ver televisión para no recibir la noticia de una forma que consideraban violenta. Pero la charla fue saliendo en forma natural y la mujer –casi sin decirlo– dejó ver que ya tenía fuertes presentimientos y sospechas sobre la noticia que el grupo familiar no le había dado ante la incertidumbre y el medio de las repercusiones que ésta podría causar.
Dentro de las historias, que quizás nunca fueron consideradas relevantes y por eso quedaron siempre circunscriptas al círculo familiar o de amigos, trascendió una en las últimas horas que sacudió a todo el que la escuchó y agregó un nuevo componente de emotividad al capítulo de la historia uruguaya que se acababa de aclarar casi en su totalidad. Con el paso de los años y por momentos presa de la resignación por la falta de respuestas a la intensa búsqueda del hijo desaparecido, Flora Rodríguez –en una de las tantas visitas al cementerio– depositó una flor en el nicho municipal donde se encontraba sepultado el cuerpo aparecido en La Esmeralda. El sepulturero Mario Bobadilla la vio en una oportunidad y algunos familiares señalan que este acto lo habría cumplido en algunas oportunidades más.
La mujer que no hallaba al hijo desaparecido sentía un sentimiento de solidaridad silenciosa con la otra madre, la de aquel muerto sepultado como NN. Pensaba quizás que esa otra madre, dondequiera que se encontrara, al igual que ella buscaría su hijo, y, como ella, no tenía una tumba donde dejarle flores. Ese sentimiento materno y humana solidaridad la hizo actuar casi en forma de acto reflejo sin saber que ese cuerpo sin nombre era el de su hijo. Allegados señalaron que el grupo familiar se encuentra aún bajo el shock que produjo la noticia. No obstante, según se pudo saber, existe una fuerte inclinación a considerar la posibilidad de interponer algún reclamo al Estado, aunque aún no está definido. El Serpaj, cuya investigación condujo a esclarecer el destino de Lauro Olivar Sena, inició los trámites para el traslado del cuerpo y su sepelio. Olivar Sena fue recién incorporado por Serpaj a la lista de detenidos desaparecidos en julio de este año.
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