Autoridades presentaron denuncia ante la Justicia penal; investigan bocas de salida

La misteriosa ruta del cobre: crece robo pese a prohibición

Fuentes de inteligencia policial confirmaron que el mercado negro de este negocio, lejos de deprimirse, goza de excelente salud. A partir de una denuncia penal, presentada la semana paada por los servicios de Seguridad y Vigilancia de UTE, la justicia comenzó a indagar la ruta del cobre en nuestro país. Este fenómeno delictivo que desconcierta a las autoridades produce cuantiosas pérdidas al ente energético, estimadas en unos 100 millones de dólares al año.

Confiado en que pondría fin a esta sangría, el gobierno puso en marcha el año pasado un decreto que prohibió exportar cobre durante un año. La medida era comparable a una ya existente desde el año 1972 que prohibía la exportación de subproductos de hierro, como la chatarra. A casi cinco meses de su entrada en vigencia, no es mucho lo que se ha avanzado y nada parece poner freno a los constantes robos del metal. Según ha trascendido, el quilo de cobre, tanto en cables de electricidad o de telefonía, como en transformadores, llega a cotizarse $100.

 

La fiebre del cobre

La fiebre del cobre adquirió hace ya muchos años en Montevideo características de epidemia.

Incluso hasta los cementerios son víctimas de los ladrones, que destrozan las tumbas para llevarse el cobre de los ataúdes. De hecho, existen zonas de la capital donde ya no se realiza el tendido exterior de cables sino que se sustituyó por un sistema subterráneo.

Ayer, el suplemento Qué Pasa del diario El País, informó que, desde el año 2006 a la fecha, la capital perdió alrededor de 280 quilómetros de cables de alumbrado público. Solo desde enero de este año hasta el 31 de marzo, ya se llevan hurtados 30 quilómetros.

UTE cuenta con registros de pérdida de conductores eléctricos desde el año 2002. Ese año, se robaron casi 59 quilómetros, representanto un costo de $ 10.729.800. Al año siguiente, se robaron 58 quilómetros de cables de cobre ($10.615.830). En el año 2004, los robos pasaron a 24.668 metros ($4.514.244 de pérdidas). En el año 2005, treparon a 29.529 metros. El robo trae aparejado, además, la rotura de artefactos, por loq ue el costo de reposición del servicio se duplica. Los cables aéreos son muy apetecidos por los delincuentes. Cada metro pesa hasta 450 gramos y afectan a entre 10 y 150 abonados de Antel, en el caso de la telefonía. Los subterráneos son más codicados aunque más complejo su robo. Estos, son más pesados (hasta 6 kilos por cada metro) y afectan a entre 200 y 2 mil abonados. Lo que preocupa a los investigadores es establecer cómo y por donde termina escurriéndose el metal y también quienes están detrás del jugoso negocio ilegal que reporta decenas de miles de dólares de ganancias. Es claro, confió una fuente policial a LA REPUBLICA, que detrás de este fenómeno operan una o varias organizaciones poderosas, con infraestructura y contactos suficientes como para traspasar los pasos de fronterizos sin ser detectados.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje