A 24 horas de la audiencia pública, surge un impactante testimonio

Gavazzo sabe qué pasó con la maestra Elena Quinteros

Según las actas secretas de la Comisión Investigadora que se instaló a partir de 1985, el entonces mayor Gavazzo, cuyo número clave era «302», reveló a un prisionero que Quinteros había sido recluida en una «chacra propiedad del Ejército en el interior» y que, en determinado momento, se manejó la posibilidad de incluirla con vida dentro de un «paquete de apariciones» junto a otros detenidos políticos pero «los viejos no estuvieron de acuerdo», en alusión a los generales del Ejército. El diálogo entre el militar y su prisionero ocurrió en noviembre de 1976. El detenido era Enrique Rodríguez Larreta Martínez, un uruguayo detenido en Buenos Aires y trasladado clandestinamente a Uruguay, junto a una veintena de uruguayos. El militar, tuvo activa participación en Automotores Orletti y su nombre aparece en decenas de testimonios de uruguayos que sobrevivieron a ese centro de detención.

El impactante testimonio obtenido de las actas taquigráficas se conoce a 24 horas de que se celebre la audiencia pública en la que la jueza Estela Jubette dictará el fallo sobre si corresponde o no investigar el paradero de la maestra.

LA REPUBLICA transcribe textualmente el testimonio brindado por Enrique Rodríguez Larreta (hijo) en la Comisión que consta en fojas 00103.

Los paréntesis responden a frases inintelegibles en las fotocopias y «Helena» está con H para respetar la textualidad de las actas.

«Quiero agregar un dato acerca del caso de Helena Quinteros. Yo hice el testimonio y se lo entregué a la madre y creo que fue presentado a la Justicia. Estábamos siendo procesados, con la firma de las actas y las solicitudes, como ya lo expliqué antes. Uno de los oficiales que estaba vinculado al asunto era el mayor Gavazzo y otro, que tomó parte bastante activa, era un capitán que tenía el número 307, cuyo apellido no lo tengo aún muy claro. En el testimonio de mi padre aparece el nombre (…). El mayor Gavazzo y este oficial número 307 comentaron, en el momento en que se iban a firmar las actas, que se podría incluir a Helena Quinteros en este paquete, para que apareciera en ese momento. Hay que aclarar también que hasta ese momento estábamos en el filo de la navaja; habíamos desaparecido, estábamos entre el Penal de Libertad y la tumba, por más de que en ese momento se hablaba de que firmáramos actas. El trato tenía características muy violentas todo el tiempo y las amenazas de muerte eran constantes. Quizás ahora le esté dando un tono demasiado frío al relato, pero ustedes tienen que imaginarse el clima que allí se vivía. Era un drama, pues se torturaba y se sentían gritos toda la noche; siempre había gente colgada en los corredores. Las formas variaban mucho, porque así como cuando Cordero estaba aburrido me llamaba para conversar de política, a las cuatro o cinco horas se le ocurría mandarme colgar, y así lo hacía. (…) existía ese tipo de fluctuaciones de estados de ánimo.

En medio de ese clima fue que Gavazzo y el oficial número 307 comentaron que se podía incluir a Helena Quinteros en el paquete de apariciones. En ese momento me sorprendió mucho eso. Entonces le pregunté a Gavazzo si Helena Quinteros no estaba muerta. Me surgió espontáneamente porque se trataba de una persona que había desaparecido ya hacía meses.

Gavazzo me respondió que no estaba muerta, que estaba perfectamente bien (…) detenida en una chacra del Ejército en el interior, con otra gente.

A los dos o tres días, cuando firmamos el acta, le pregunté al oficial 307 qué había pasado con Helena Quinteros y me dijo lo siguiente: «Se armó lío con los viejos; ellos no estuvieron de acuerdo». Fue una referencia a que los generales no (…) estado de acuerdo, pues les había parecido demasiado engorroso el trámite de la aparición de Helena Quinteros. Esto fue en noviembre de 1976″.

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