Parlamento. La historia parlamentaria del Uruguay y la lucha por los derechos de la mujer

Del mármol al mandato de la ley

Ese año, Julia Arévalo por el Partido Comunista llegó a ser senadora. 59 años después, otra mujer y también de izquierda, fue la primera en asumir la presidencia de la Cámara de Diputados. En el 2005 la tupamara Nora Castro condujo los debates parlamentarios del entonces recientemente iniciado gobierno frenteamplista.

Si bien estos son únicamente datos cronológicos, a la hora de pasar raya se marcan a fuego en un largo rosario de hechos políticos y sociales, que tienen a la mujer como protagonista ineludible pero con el punto en contra de integrar y formar parte indivisible de una sociedad patriarcal que solapadamente se empeña en no perder un palmo de su terreno de privilegio.

El Palacio Legislativo cumplió 80 años el 25 de agosto del año 2005. Cuando se planificó su construcción, se pensó en un conjunto «severo, majestuoso pero sencillo», por lo que se optó por el «estilo griego», aunque procurando su adaptación «a las exigencias de la construcción moderna y arreglada a las costumbres de la vida sudamericana» dijo el entonces Presidente José Batlle y Ordóñez el 18 de julio de 1906 cuando se colocó la piedra fundamental. En esos prósperos tiempos ni se les ocurrió a los gobernantes que en algún momento, aunque sea por esas cosas raras que tiene la vida, los honorables legisladores iban a tener que compartir su función con mujeres y en igualdad de condiciones. Por ese seguro involuntario olvido es que el octogenario edificio no tiene baños exclusivos para uso de mujeres legisladoras en las cercanías de los hemiciclos donde debaten largamente. Es un dato, nada más. Como el que por muchos años, las únicas referencias femeninas destacadas que existen en el edificio han sido las Cariátides, esas pétreas figuras que emergen de la nave central y que desde hace 83 años están heroicamente sosteniendo monumentales capiteles de mármol y cemento.

Esto ha sido así hasta el año 2003 cuando, tras un proyecto de ley de la Comisión de Género y Equidad, una sala del edificio anexo del Palacio Legislativo fue designada con el nombre de la Doctora Paulina Luisi.

«Es la primera sala de esta casa que lleva el nombre de una mujer (…) esas que tanto han contribuido a la construcción democrática de nuestro país (…) sacarlas de la invisibilidad, desocultar la verdadera historia», decía la entonces diputada Daisy Tourné el día de su inauguración. Dos años después una idéntica sala, ubicada frente a la anteriormente nombrada, fue designada con el nombre de Alba Roballo, extinta dirigente, legisladora y primera ministra mujer que hubo en el país. En este caso el nombre no fue propuesto por la Comisión de Género y Equidad, sino por la de Constitución y Códigos, y fue un hombre quien ofició de informante del proyecto de designación. Y hasta aquí llegaron los reconocimientos a las mujeres en el ámbito legislativo. Pero, ¡ojo!. La lucha continúa. ¿Pasará mucho tiempo más para que el Salón de los Pasos Perdidos pase a llamarse el salón de los tacones lejanos?

 

Cuando más es menos

De nada sirvió que Uruguay fuera el primer país latinoamericano en tener una mujer en el Senado. Mucho menos alcanzaron los esfuerzos de las comisiones femeninas y las luchas por la bendita cuota de las mujeres en las listas que se conforman en los partidos políticos en medio de sus convenciones. Al retorno de la democracia, en 1984, ninguna mujer ocupó banca alguna. Ni en Diputados ni en el Senado. Tuvieron que pasar cuatro elecciones nacionales para que, al día de hoy, las mujeres representen el 10,8% del total de los legisladores de ambas cámaras.

Según datos de la Corte Electoral, recién en las elecciones de 1989 las féminas alcanzan seis bancas en Diputados. A la siguiente elección nacional, en 1994, las diputadas ya fueron 9 y logran ubicar dos senadoras por vez primera.

En los comicios de 1999 se alcanza el récord de mujeres en el Parlamento. El 11,5% de los legisladores son del sexo femenino y en las últimas elecciones de 2004 pierden una banca en Diputados, pasando de 15 a 14 representantes como lo muestra el siguiente gráfico.

El porcentaje de mujeres parlamentarias del Frente Amplio no creció significativamente en las últimas elecciones nacionales. Sólo aumentó medio punto porcentual. Esto se explica porque, aunque aumentó en tres la cantidad de legisladoras de izquierda, la bancada del FA aumentó en un tercio llegando a 17 parlamentarios más. Por otro lado la tasa de representación femenina parlamentaria del Partido Nacional cayó un 3,6% ya que, aunque se mantiene la misma cantidad de tres mujeres legisladoras que en la legislatura anterior, el tamaño de la bancada blanca aumentó en más de un 50 por ciento. Finalmente, el Partido Colorado por primera vez desde 1989 no tiene ninguna legisladora titular lo que para las huestes batllistas se lee como un «debe».

 

Aquí están, ellas son

Las elecciones del 31 de octubre del año 2004 arrojaron un resultado que muy pocos esperaban en materia de conformación del nuevo Parlamento. Fueron electas un total de 14 mujeres como legisladoras titulares. Tres fueron electas al Senado, todas ellas del Frente Amplio, mientras que en la Cámara de Diputados once mujeres fueron electas. Ocho de ellas de la izquierda y tres del Partido Nacional. De las tres senadoras, dos son reelectas y la tercera vuelve al Parlamento donde se desempeñó como senadora titular en el período 1994-1999. De las once diputadas, seis son reelectas y una se desempeñó como diputada suplente en la legislatura 2000-2005. Por primera vez en la historia, la izquierda tiene diputadas titulares por departamentos del Interior y las dos pertenecen al Movimiento de Participación Popular. Una proviene del departamento de San José y la otra de Río Negro.

Las legisladores titulares electas, aunque a la fecha dos de ellas pasaron a ocupar puestos en el Poder Ejecutivo como ministras (Marina Arismendi y Daisy Tourné) son: Marina Arismendi (suplantada por Eduardo Lorier), Mónica Xavier, Susana Dalmás, Lucía Topolansky en el Senado; Nora Castro, Daisy Tourné (suplantada por Gloria Benítez precisamente hace hoy justamente un año), Silvana Charlone, Margarita Percovich, Daniela Payssé, Mónica Travieso, Nora Gauthier, Beatriz Argimón, Sandra Etcheverry, Adriana Peña en Diputados.

Más allá de las fronteras, los resultados de las elecciones del año 2004 deja a Uruguay en el lugar 75 de los 183 países incluidos en la Clasificación Mundial de Mujeres en el Parlamento de la Unión Interparlamentaria.

Hace un año, cuando se discutía el proyecto de ley de cuotas, Uruguay ocupaba el lugar 66. Desde entonces otros países mejoraron su ranking, haciendo que ya antes de las elecciones Uruguay bajara 4 lugares. Con respecto al resto de la región, el porcentaje de mujeres en el Parlamento uruguayo (el 10,8% actual), está muy por debajo del promedio en las tres Américas (18,6 por ciento), y deja al país en el lugar 13 de la lista de 19 naciones latinoamericanas.

 

Un pestañeo a la historia reciente

En los inicios del período legislativo comprendido entre los años 2000 y 2005 se conformó en el Parlamento lo que se llamó la «bancada femenina», lo que viene a ser un conglomerado político y social integrado por todas las legisladoras titulares y algunas suplentes de todos los lemas, más edilas y dirigentes sociales. A iniciativa de la misma fue creada en junio de 2000 la Comisión Especial de Género y Equidad de la Cámara de Representantes.

Por cinco años se promovió una serie de iniciativas legislativas y se coordinó con diversos organismos estatales y organizaciones sociales para tratar distintos temas del género femenino desde el ámbito parlamentario. Los logros legislativos más significativos fueron: la aprobación en julio de 2002 de la Ley 17.514 sobre la prevención, detección, atención y erradicación de la violencia doméstica; en diciembre del mismo año, la media sanción de la Cámara de Diputados al proyecto de l
ey de defensa de la salud reproductiva, que incluia la despenalización del aborto aunque luego no se aprobó en el Senado. En esta legislatura, el proyecto de marras hace el recorrido inverso y se aprueba en la Cámara de Senadores y resta su análisis y aprobación en Diputados. Y entre junio y agosto del año 2003, la discusión en el pleno de la Cámara de Representantes del proyecto de ley de cuotas, mecanismo electoral que únicamente es aplicado hoy por el Partido Socialista.

Aunque la cantidad de mujeres parlamentarias ha ido aumentando paulatinamente desde el retorno democrático, en las elecciones del año 1999 las mujeres electas como titulares no alcanzaron un 12% a nivel nacional ni un 15% a nivel local.

Observando esta situación, en julio de 2002 integrantes de la Bancada Femenina del Partido Nacional, del Frente Amplio y del Nuevo Espacio presentaron un proyecto de ley que proponía la consagración de un sistema de cuotificación de no más de un tercio de candidatos del mismo sexo en las listas para las elecciones nacionales, departamentales y partidarias, y exhortaba la promoción de la participación equitativa de ambos sexos en los órganos directivos de los partidos políticos.

Este fue el tercer proyecto de ley de cuotas presentado desde el retorno a la democracia y aunque el intento no tuvo el éxito deseado, fue la primera vez que el tema llegó a debatirse y a votarse en el Parlamento.

El proyecto fue aprobado por unanimidad en la Comisión Especial de Género y Equidad de la Cámara de Representantes. En la votación general, el proyecto recibió una amplia mayoría de votos a favor (64 en 80), aunque en la discusión particular el artículo que establecía la cuota no recibió el suficiente apoyo (sólo 44 votos) cuando se requería una mayoría especial de dos tercios de los votos totales de la Cámara, es decir 66 votos, por tratarse de un proyecto que reformaba sustancialmente las leyes electorales. De hecho, sólo se aprobó el artículo que declaraba «de interés general la promoción de la participación equitativa de ambos sexos en los órganos de dirección permanente de los partidos políticos», y así fue remitido para su discusión en el Senado y allí se encuentra.

Una de las últimas acciones que las mujeres llevaron adelante en reclamo de la cuotificación política fue el pasado 1º de diciembre, cuando al grito de «¡vaginas!» en lugar del clásico «¡whisky!», fueron retratadas en la marmórea escalinata central del Palacio Legislativo, para guardarse allí, en lo más profundo, un recuerdo fotográfico de lo que fue la jornada de encuentro de mujeres políticas. Más de 500 mujeres debatieron y definieron sus reclamos y su lugar en el escenario partidario. Hubo tiempo para escribir por parte de las legisladoras frenteamplistas una carta al presidente Tabaré Vázquez en la que le recuerdan que aún está a tiempo de no cumplir con su promesa de vetar la ley de Salud Sexual y Reproductiva, o más popularmente conocida como ley del aborto.

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