"Quiero que Tabaré siga siendo el conductor de esta fuerza política"
Enrique Rubio, director de la OPP y dirigente histórico de la Vertiente Artiguista, confía en un segundo gobierno del progresismo. Quiere, a la vez, un programa que apunte a la redistribución de la riqueza y que desarrolle el país productivo, después de que el país se ha reconstruido bajo el gobierno de Tabaré Vázquez. Este fue el diálogo que mantuvo con LA REPUBLICA.
– Creo que vamos a coincidir en que lo más importante para la izquierda ha sido ganar el gobierno. Lo otro es llegar a tres años de gobierno con interesantes realizaciones. ¿Cuáles han sido los pilares de la gestión del gobierno progresista?
– Sin entrar a una enumeración de medidas y de logros que la población conoce la gente tiene olfato y se da cuenta de lo que el gobierno ha hecho-, creo que lo principal es que se reconstruyó el imaginario de la esperanza.
Hemos cumplido con la sustancia del compromiso programático, lo cual es clave para el futuro. A la vez se incluyó al Uruguay en la modernidad, al entrar en un crecimiento sostenido y de largo plazo.
Se incorporó el valor de la solidaridad, a través del Plan de Emergencia y de otras gestualidades. También se incorporó, como agenda, las reformas permanentes. Esto el Uruguay no lo veía desde la época de José Batlle y Ordóñez.
Todo esto pudo ser como consecuencia del abanico de medidas que hemos desplegado. Lo más importante en el rubro Uruguay social es el incremento del gasto social, la reforma de la salud con la incorporación de los menores y la transferencia de ingresos que se produce con la reforma tributaria, de lo alto hacia lo bajo. Se cumplió con cosas emblemáticas como el boleto, que ha sido un tema clave. Se atendió a los trabajadores rurales, empleadas domésticas, se estableció el diálogo social, la reducción drástica de la pobreza. Como muy pocos países hemos reducido la desigualdad.
– Pero si hablamos en el plano de lo social aparecen zonas de angustia. Me refiero a las capas medias bajas, los maestros. Mire Rubio que las que protestan son las mujeres, maestras y jóvenes, que participaron de asambleas multitudinarias.
¿Está pasando que el gobierno tiene para exponer realizaciones y el Frente Amplio no hace la síntesis política?
– Eso es así. Pero también hay otros componentes. No debemos eludir los datos de la realidad. Siempre dijimos que la reforma tributaria tenía que ser evolutiva. Con otros dirigentes del FA sostuve que había que subir el monto no imponible. Digo que hay que subirlo tanto como sea posible.
Nosotros por razones de equidad, de país heredado de fragmentación social optamos por priorizar las áreas de pobreza y esto está muy bien. Pero, en esta etapa final de gobierno, debe nivelarse con atender algunas necesidades de las capas medias y de otros sectores, a los cuáles no hemos conseguido convertir en actores.
En Uruguay hay 300 mil cuentapropistas con o sin local, hay 90 mil empleadas domésticas e integrantes de Pymes que son unos 100 mil. Estos sectores deben de ser incorporados, junto con áreas de marginalidad, en un trabajo de organización que corresponde a la fuerza política.
Sabemos que como fuerza política tenemos lealtades fuertes con algunos sectores sociales, que no se pueden romper porque se rompe la base social del cambio.
En cambio, algunos sectores que atendemos por razones de equidad, puede que del punto de vista político no registren esos niveles de lealtad. Esto es un problema.
Otro asunto es que hay fuerzas sociales y dirigentes que han comprendido el proceso, pero hay otros más nuevos que no lo han entendido así.
También en Uruguay se ha generado el imaginario de que las cosas tienen que ser «ya»: la postergación ha llevado al «ya». Y la globalización de los fenómenos culturales ha llevado, en algunos sectores, a generar una expectativa mucho más alta para lo que puede un país como el nuestro.
Además tenemos un problema cultural que nunca examinamos y que es una deuda pendiente. Uruguay es hijo de las vacas gordas. Acá hubo mucha gente que ha trabajado mucho, pero generó un Estado de bienestar sobre la base de la renta agropecuaria y no sobre la base de su propio desarrollo. Esto es una herencia que ha hecho que todo el mundo sienta que tiene una demanda legítima y una expectativa de alcanzar logros de inmediato.
Aparte tenemos el problema de que algún dirigente presenta la bandera de cuadriplicar los sueldos en un período de tres años, lo que parece un exceso. Esto es un problema de la izquierda.
Así que tenemos luces y sombras. Hay grandes logros y grandes paradojas.
– Usted me acaba de decir que hay que elevar el monto no imponible «todo lo que se pueda». ¿Tiene que ser en este año?
– En lo personal sostengo que tiene que ser lo antes posible. Lo vengo diciendo desde hace un año. Hay que ver cómo dan los números, sabiendo que tenemos muchos factores de incertidumbre, como saber cuál va a ser la resolución de la Suprema Corte de Justicia en relación a la aplicación del IRPF a los jubilados.
Yo creo que la reforma tributaria es una hazaña técnica y una necesidad. Pero también es un choque cultural porque no estábamos acostumbrado a tener esto. A veces, con el IRPF, hay que apuntar más hacia arriba, para poder aflojar más en el medio.
– Entonces usted no sólo propone aumentar el monto no imponible, sino que quiere sobrecargar más con el impuesto a los sectores más altos…
– Es posible que haya que compensar unas cosas con otras y esto tendrá que ser analizado en el conjunto del gobierno. No olvidemos que siempre se ha dicho que la reforma tributaria es evolutiva. El propio Ministerio de Economía lo ha dicho. Como dice el Presidente, lo vamos evaluando permanentemente.
– El senador Reinaldo Gargano tiene un trabajo que apunta a una mejor distribución de la riqueza. Esto está relacionado con quienes plantean que el FA debe construir un programa más de izquierda. ¿Cómo se para Rubio ante esta iniciativa?
– No es fácil resolver eso. Como miembro del gobierno digo enfáticamente que este es un gobierno nítidamente de izquierda. Eso no quiere decir que el futuro gobierno progresista de Uruguay no pueda ir aún más hacia la izquierda.
Este ha sido un gobierno de reconstrucción y de refundación, como si fuera el programa para un país que sale de la guerra. Esto permitió crear las bases para hacer cosas más ambiciosas, para un futuro gobierno. Esto significa políticas más redistributivas pero también más productivas, de mayor impacto.
– Hay mucha gente que cuando habla de políticas sectoriales productivas, todo lo reduce a que el BROU le dé plata…
– El crédito es un instrumento, una herramienta, pero que necesitamos políticas más activas creo que es consensual.
– ¿Hay que jerarquizar rubros o sectores de la población?
– En la OPP, pensando en el año 2015, nos estamos planteando cómo se diversifica la matriz productiva. El desafío es establecer cómo se logra un crecimiento productivo sostenible, una matriz de especialización productiva que nos inserte en el mundo con diversificación de valor agregado. Porque de otra manera dependemos de factores oscilantes, como el precio de las materias primas.
Somos todos conscientes de que hay que usar la bonanza para invertir, acumular, diversificar y redistribuir. Esto no va contra la estabilidad macroeconómica, pero no hay una sola variante sobre esto. Es que a veces hay como un dogma de decir que la estabilidad macroeconómica es sólo que las cuentas cierren, pero hay muchas maneras de hacerlo. Esa estabilidad debe de ser compatible con políticas activas muy fuertes de definición de sectores.
-¿A este gobierno le está faltando esa definición de sectores?
– No, yo creo que el gobierno ha hecho un esfuerzo muy importante para establecer los cimientos, para que esto tuviera más potencia. Si yo agarro un país fundido n
o puedo pretender volcar masas de recursos en políticas activas hacia cadenas agroindustriales, a las altas tecnologías en biología, en informática o hacia el nódulo logístico que es el sistema portuario, si primero no reconstruimos la base. Al gobierno no le ha faltado ímpetu en ese sentido, pero no nos han dado los tiempos. La redistribución de la riqueza y la diversificación productiva fuerte, deben ser nítidas para el segundo gobierno.
– En la OPP se está trabajando para el Uruguay 2015, lo mismo se hace en la Comisión de Programa del FA, con miras a un nuevo programa y una nueva visión de país. En esa comisión del Frente ¿van a estar los actores del gobierno?
– Creo que van a estar los partidos políticos. La Comisión de Programa del FA va a tener la inmensa ventaja de contar con la experiencia de gobierno. Ahora no va a ser una comisión que esté lejos de la información, avanzando a tientas en la noche porque no sabe, por ejemplo, el grado de compromiso de endeudamiento y de desastre que teníamos. Va a tener una inmensa ventaja que es la experiencia de gobierno.
La OPP va a ser de desarrollo y planeamiento, que no lo fue nunca. La idea es pensar en el largo y en el mediano plazo. Esto le va a servir a todos los partidos políticos, para estar en acuerdo o en desacuerdo.
Hoy se ha creado en Uruguay un eslabón intermedio entre la institucionalidad (el gobierno) y los partidos donde están las fundaciones de los partidos políticos. Hoy tenemos la Fundación Líber Seregni, la Fundación Wilson Ferreira Aldunate, el Instituto Manuel Oribe y la Fundación José Batlle y Ordóñez. Esto nos va a permitir tener puntos de encuentro para tener elaboración de políticas comunes a largo plazo, donde las opciones serán múltiples. Esto va a permitir tener un pensamiento con densidad.
La gente lo que quiere es futuro y Uruguay lo que hoy tiene es futuro. Por eso esta visión de largo plazo tiene que ser fuertemente inspiradora del «se puede», del futuro. Creo firmemente que tenemos futuro. Esto nos va a permitir resolver problemas de base como es el demográfico. Cada uruguayo que se va del país es una derrota. Y si es un joven capacitado es una triple derrota.
En Uruguay se creó la sensación subjetiva y la convicción, en sectores enormes de la población, de que Uruguay no es viable. Esto se instaló y hay que revertirlo.
Este gobierno ha tenido enormes logros en el Uruguay productivo, en materia de energía a pesar del déficit enorme, ha tenido grandes logros en materia cultural que es el Plan Ceibal, que fue una decisión del presidente Tabaré Vázquez. Claro que a la vez tiene déficit en las contrapartidas educativas.
No seamos demagogos, reconozcamos que tenemos la paradoja de haber hecho la inversión más grande de la historia en materia educativa, pero los resultados en algunos de sus tramos, fundamentalmente en los medios, son malos.
Nadie puede ignorar que hay un problema de salarios, pero también hay un problema de resultados. La sociedad no nos va a interpelar acerca de la autonomía o no, del poder o quien manda, lo va a hacer acerca de los resultados. Los uruguayos quieren que sus hijos sean atendidos y capacitados.
Tenemos que saber que una victoria electoral no se alcanza sólo con logros, con éxitos en la gestión. Se necesita un programa, buenos candidatos y yo creo que se necesita que el liderazgo que tenemos, que es el del Presidente, sea ejercido por él, de alguna manera, en algún lugar político, cuando estemos en el segundo gobierno.
Todos lo grandes líderes políticos de este país del siglo XX gravitaron tanto cuando eran presidentes de la República como cuando estaban fuera del gobierno. Siempre estuvieron activos.
Supongo que Tabaré, con la impronta y la capacidad de conducción que tiene, va a seguir activo en la vida partidaria. Esto es clave para el futuro.
– ¿Por qué?
– Hoy tenemos el desafío de ganar las elecciones, que supone programas y buenos candidatos, en lo posible de consenso, aunque no le temo a las elecciones internas. La presencia de Tabaré es muy importante para la gobernabilidad, para la cohesión de la fuerza política. Es muy importante tener su liderazgo, porque va a permitir tener apoyo parlamentario y de toda la fuerza política en todo el país, Esto lo digo como dirigente partidario y no como miembro del gobierno.
Quiero un gran Presidente de la República, una gran fórmula electoral, un gran programa y que Tabaré Vázquez siga siendo el conductor de esta fuerza política.
¿SOCIALDEMOCRATA?
– ¿Usted es socialdemócrata?
– Yo soy pos-socialdemócrata. La socialdemocracia hizo aportes muy importantes, pero básicamente en la etapa de los estados nacionales.
Hoy vivimos en un mundo que cambió. El punto número uno de la agenda es saber qué pasa en los próximos diez años en materia ambiental. O se toman las decisiones que hay que tomar o nos fuimos de madre los habitantes del planeta.
Creo que estamos asistiendo a un desarrollo desigual y globalizado terrible. Hoy la centralidad del conocimiento genera espacios democráticos nuevos. El acceso al conocimiento es una manera de democratizar y replantea el tema del socialismo en otras dimensiones. Esto debe ser mirado con la novedad que tiene.
– ¿Sin una perspectiva socialista el desarrollo del capitalismo uruguayo, el actual, puede ser un fracaso?
– Una cosa es ver el desarrollo del capitalismo desde una perspectiva democratizadora, que acentúa algunas cosas y bloquea otras, y otra cosa es subirse la desarrollo del capitalismo. Son dos cosas muy diferentes y que tienen resultados muy desiguales.
Lo que ingresa hoy en la agenda del mundo es que las regulaciones a nivel planetario son un problema de sobrevivencia y no sólo a nivel ambiental.
Muchos de los problemas que fueron planteados como problemas del socialismo van a ser replanteados en otra dimensión en el mundo del futuro, pero a escala global.
Algunos apuntes inmediatos para la reforma del Estado
* Aprobar la creación de municipios electivos
* Implementar las unidades de Planificación Estratégica
* Crear una Red de Centros de Atención a la Ciudadanía
* Integrar trámites y extender el expediente electrónico
* Fortalecer la carrera y modificar la contratación temporal
* Rejuvenecer la administración pública: incentivos y baja progresiva de la edad de retiro
* Disminuir las brechas salariales
* Analizar la contratación pública (Tocaf)
* Transparentar las actuaciones administrativas
* Protocolarizar la defensa del Estado y crear la abogacía del Estado.
«FINANCIAR LA CANASTA FAMILIAR»
– ¿Usted siente que los sectores económicos poderosos del Uruguay tienen conciencia del buen pasar que están teniendo y que tendrían que aportar mucho más a la sociedad, como puede ser en el caso de la Enseñaza?
– A veces veo que algunos empresarios parecen más dirigentes partidarios que sociales y que no reconocen que en realidad están viviendo una bonanza, que en algunos casos es extraordinaria. En algunos sectores hay tasas de crecimiento altísimas, al mismo tiempo que el número de trabajadores no crece en la misma proporción. Es que hay un crecimiento de la productividad muy fuerte y eso es acumulación de riqueza, que debe de ser redistribuida.
Los sectores que han tenido crecimiento de riqueza han volcado algo exigidos por la demanda del movimiento sindical, fortalecido y legitimado a través de los Consejos de Salarios. Pero parte de esa acumulación debería volcarse al financiamiento de la canasta básica de los sectores populares. No estoy planteando el control de precios, pero sí estoy proponiendo la transferencia de la riqueza financiando los productos que componen la canasta familiar. Esos precios hoy están disparados porque se dispararon los precios internacionales. Ante esto tenemos que hacer políticas compensatorias, aunque algo se ha hecho.
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