Bolivia aportó la primera pista que hizo caer a poderosa red de narcos
Una paciente labor de inteligencia que insumió alrededor de seis meses de trabajo encubierto y escuchas telefónicas, culminó con éxito el 22 de febrero con la incautación de un primer cargamento de unos 140 kilogramos de droga.
La clave para desarticular a la banda estuvo en el cruzamiento de llamadas telefónicas a y desde distintos celulares a través del cual pudo descifrarse la telaraña de contactos del cartel. Inteligencia policial había solicitado el 3 de setiembre de 2007 que se interceptaran los teléfonos de los narcos, cuya frenética comunicación dejó al descubierto la red clandestina. LA REPUBLICA accedió al expediente judicial 106-53/2008, de más de 600 fojas, que revela detalles no conocidos del operativo a cargo de la Brigada Antidrogas, con autorización de la jueza penal de 14 º Turno Anabella Damasco. Como ya se informara también intervinieron, desde el inicio y en etapas posteriores, el Grupo Helitransportado de la Fuerza Aérea Uruguaya, Grupo GEO de la Guardia de Granaderos, Brigada de Narcóticos de Colonia, la Jefatura de Policía de Soriano y policías locales.
Con el allanamiento del apartamento 305 en el edificio de Rambla Mahatma Ghandi 65, ubicado en el exclusivo barrio Pocitos de Montevideo, comenzaba una de las mayores operaciones antidroga del país. La medida había sido solicitada por el comisario Carlos Noria a la jueza Anabella Damasco. Allí vivían los mexicanos Ismael R.C. y David F.T., a la postre implicados en el narcotráfico.
Además, se allanaron el galpón de Marcelino Sosa 2274 y la habitación 94 del Hotel Lancaster, sobre la Plaza Cagancha, donde se alojaban los mexicanos José Alfredo T. y Domingo M.V.
La red internacional estaba compuesta en total por seis mexicanos, tres bolivianos y dos uruguayos, ambos de Carmelo.
El final tuvo lugar el 21 de febrero a las 20.30 horas, con el aterrizaje en una pista clandestina ubicada en una estancia del paraje «La Concordia», de Soriano, de una avioneta Cesna 110, matriculada en Bolivia con el Nº CP2940.
En la aeronave viajaba el valioso cargamento que sería acondicionado para enviar a Europa en 130 paquetes con un total de 142,168 kilogramos. Este iba a ser «el primero» de una serie de embarques planeados a Europa. Nuestros coterráneos cobraban 25 mil dólares cada uno por cada avión que bajaba en su campo. La operación le dejaría a la banda casi 20 millones de euros. Terminaron todos presos en la cárcel de Libertad. En el caso trabaja el abogado defensor Enrique Erramouspe.
La pista boliviana
En realidad el trabajo de la Dirección General de Represión del Tráfico Ilícito de Drogas del Ministerio del Interior había comenzado mucho antes, cuando el 3 de setiembre del año pasado le pidió al juzgado de la doctora Anabella Damasco autorización para interceptar un teléfono porque, argumentan, «se han recibido informes de autoridades similares en Bolivia relacionados a actividades de narcotráfico internacional por parte de un grupo de personas investigadas en ese país que utilizan nuestro territorio para concretar acciones ilícitas». Los informes señalaban que un grupo sospechoso de mexicanos planeaba realizar su primera transferencia de cocaína desde Bolivia a Europa vía Uruguay. El grupo estaba liderado por dos mexicanos que dirigían las operaciones en Uruguay: Víctor Hugo A. V. y Raúl F.H. Según el expediente judicial, las «acciones iban dirigidas al envío de importantes cantidades de cocaína desde Bolivia a Uruguay y luego al exterior, realizando el primer trayecto por vía aérea con descenso en un lugar no confirmado aún del departamento de Río Negro». Los investigadores pedían la intervención de los teléfonos CTI 096173*** y 096675***. La droga viajaría a Europa acondicionada en el eje de una turbina de avión con destino a Francia y a través de una empresa exportadora Gafenar SA de carnes y pescados, con destino a España.
Los teléfonos
Poco más de una semana después los investigadores descubrieron que estaban ante algo realmente gordo. Interceptaron llamadas de México, Francia y Bolivia. En la misma operación estarían involucrados los celulares 099445***, 099642***, 099070***, 098745***, 098744*** y 099814***. Sobre ellos también se pidieron escuchas y registro de llamadas entrantes y salientes, así como de los teléfonos Movistar 095148*** 094630*** 095222*** 094569*** 095271*** 095212*** 094388*** 095238*** 095312*** 095239*** 194865***.
El 16 de octubre la Policía no encontró nada en el 096675*** y liberó su vigilancia, pero en el 096173*** se descubrió que era utilizado por un mexicano llamado Ismael R. y desde México realizaba algunas llamadas a Uruguay. El 5 de setiembre Ismael R. C., uno de los cabecillas de la organización, viajó a México durante veinte días y se determinó que en México los números a los que hablaba eran 0052133112688**- 0052133384652**. Ismael R., quien sería el contacto con el cartel mexicano, vuelve a Uruguay el 4 de diciembre acompañado de David F.T., con pasaporte mexicano Nº 140151263. Allí comienzan los contactos de Ismael con nuestros protagonistas locales. A partir de allí «se pudo establecer que Ismael mantuvo comunicaciones con una persona en nuestro país, la cual posee establecimientos rurales en el departamento de Colonia, utilizando para dichas comunicaciones el celular 096173***, que es intervenido. Al haber fracasado el arriendo de un campo para el aterrizaje de la mercadería en Río Negro, entran en escena los protagonistas carmelitanos, el «Abuelo» y el «Sobrino», viejos conocidos de la Policía local, que ya contaban con antecedentes y que tenían, casualmente, un campo arrendado en La Concordia. El 11 de diciembre un policía encubierto envió a través de su celular fotos del establecimiento rural en la Concordia. La primera foto que mostraría el lugar de llegada de la posible operación salió del celular a las 20.56 horas, mostrando lo que sería la pista de aterrizaje.
El «Abuelo»
El 18 de diciembre aparece en escena por primera vez el «Abuelo», a partir de una comunicación interceptada a Ismael.
«Nada, payaso… Ya casi tenemos el móvil, eh, ya… Mañana recog…retiramos el tres cinco y pagamos el móvil… Ya fuimos de cita con el ‘Abuelo’, todo bien…», decía. El negocio marchaba viento en popa y ya se ultimaban los detalles para que aterrizara en campos de el «Abuelo» la primera avioneta.
El 27 de enero el cruce de llamadas era frenético. Se acercaba el día en que llegaría «la máquina» y aún había que ajustar detalles. Desde el mediodía Ismael habló varias veces con Diego, luego lo hizo con el desconocido. A las 14.20 horas Ismael se comunica con el «sobrino». Aquí entra en escena el otro carmelitano, más joven. Le avisa que viene a Carmelo para hablar con el «Abuelo».
En una de las tantas charlas interceptadas Ismael habla con un socio en México y le dice que el «abuelo» le va a cobrar «veinticinco por carro», esto es, 25 mil dólares por él y su socio.
Ismael: «Entonces ya le dimos, ya le dejó algo que traía, es más lo que le dio este Diego cuando, ya faltaría como veintiuno, a ver veintidós, veintitrés, como veintidós trescientos (22.300). Ismael: «No, pero para el estacionamiento ese hay que dar la mitad antes y ya después de que llegue la otra mitad».
Desconocido: «Ta bueno. Dame chance, yo mañana, mañana yo veo a ver qué hago, porque yo ando fuera, ando aquí en Cancún pero ya mañana llegó allá y nos ponemos de acuerdo, ¿sabés?». Le piden la parte de el «Abuelo» y el desconocido dice (finalmente, uno de los mexicanos desde México) que demora tres días en llegar un depósito bancario. Más adelante le piden que vaya un «Ingeniero» para medir la pista, que ya tenía como 600 metros pero no sabían si alcanzarían para que bajara la avioneta.
Cómo fue el operativo
El 21 de febrero la Policía tenía todo pronto. La tensión en la Brigada de Narcóticos podía cortarse con un cortaplumas. Finalmente, má
s de seis meses de trabajo darían sus frutos o todo se frustraría. Ese día llegaba la avioneta de Bolivia y entonces se procedió a montar vigilancia en las cercanías del campo del «Abuelo». En el campo estaban Ismael R.C., David F., el «Abuelo» y el «Sobrino» con el casero del establecimiento. En la tarde «el dueño del predio se retiraba conduciendo la camioneta marcha Chevrolet S10 gris con rumbo a la ciudad de Dolores. Los que quedaron «procedieron a realizar tareas con el fin de acondicionar precariamente la pista de aterrizaje y próximo a la hora 20 se detectó la presencia de una aeronave que luego de sobrevolar el lugar varias veces, tocó tierra allí mismo», cuenta la Policía.
Posteriormente se observa que otra camioneta S10, matrícula SAE4022, abandona la finca. En ella iban Ismael y David, rumbo a la ciudad de Dolores. Ismael y el «Abuelo» se hablan por teléfono para avisar que la carga iba en camino. El «Abuelo» abría la marcha. Se montó vigilancia en los accesos a Montevideo sobre las rutas 1 y 5, «detectándose próximo a la hora 00.40 del día de la fecha el pasaje de ambos vehículos por la intersección de Santín Carlos Rossi y Accesos con dirección al puerto de Montevideo, comenzándose un seguimiento que continuó por Rambla Baltasar Brum, Rambla Sudamérica, Rambla Roosevelt, 25 de Agosto, Rambla Francia y Gran Bretaña, precediéndose finalmente a la detención de ambos rodados a la altura de la intersección con calle Río Negro», señala el informe policial. La camioneta matrícula SAE4022 llevaba en su caja cinco envoltorios de nylon de color celeste de grandes dimensiones conteniendo en su interior piezas similares a ladrillos». De los hechos surge claramente acreditado que Ismael y David llegaron a nuestro país para encargarse de preparar y coordinar el ingreso y transporte de cocaína. Ismael se encargaba en forma principal de toda la parte material de la llegada de la avioneta, coordinar el lugar de ingreso, mientras que David estaba en todos los actos junto a él. «De las escuchas telefónicas surge que se contactaron con el Abuelo mediante Añez (el capo del negocio en México) para procurar un campo de aterrizaje y al no poder obtener un campo que pretendían en el departamento de Río Negro, decidieron acondicionar el del «Abuelo», abonándole US$ 25.000 por cada aterrizaje», afirma el dictamen de la Justicia, «programándose al menos la llegada de tres cargamentos».
De esa suma el dueño del campo ya habría recibido la mitad, con dinero aportado por el propio Ismael y también por Diego A., ya que no llegaba la plata de México. Todos fueron detenidos cuando transportaban la droga hacia Montevideo. En cuanto a Diego A., la jueza y la fiscal coinciden en que el mexicano, licenciado en finanzas, «refiere a la organización y financiación del transporte con miras a la salida del país de la droga, sin perjuicio de su permanente conocimiento sobre el ingreso, preparativos y organización de la operativa realizada por Ismael R.C.
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