CARAMBULA ¿Y DESPUES?
Durante muchos años Marcos Carámbula dijo que Canelones necesitaba un intendente que se pusiera al hombro el departamento. Esto es lo que ha hecho desde que asumió el gobierno municipal, en los que ha cometido muchos aciertos y no pocos errores, pero no hay una sola localidad en la que no haya estado.
Canelones es una mezcla de regiones económicas, sociales y culturales contradictorias y complejas. «Es como un país en chiquito», dijo una vez Rodney Arismendi, donde tiene la suerte de tener un «relativo pero importante desarrollo capitalista». No hay latifundio, la presencia de la industria frigorífica es importante, hay un desarrollo agrario interesante que apunta al mercado interno del país, el potencial turístico es inmenso, la educación y la salud llegan hasta el último rincón.
Colorados y blancos lo destruyeron, lo dejaron en ruinas, lo fueron vaciando de año en año con el único interés de construir una red clientelística para que el poder solo se pudiera disputar entre las dos viejas colectividades.
El intendente de hoy ha desatado una política en varios planos, buscando la inversión extranjera y nacional, ayudando a crear una fuerte infraestructura con el apoyo del MTOP y se ha dispuesto a construir el saneamiento en la Costa de Oro con el apoyo de OSE.
Canelones tiene por primera vez un jefe, a quien por cierto muchas veces se le critica sobre cómo ha construido su entorno de poder. Pero hay jefe.
Ante la posibilidad de que deje Canelones para integrar una fórmula presidencial del FA, en muchos sectores del FA existe la preocupación de quién lo va a reemplazar. El candidato existe, pero nadie quiere darlo para no quemarlo. Es de La Paz.
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