Quijano en los talleres de la actualización ideológica del EP

"El pensamiento mundial reposiciona el Estado"

Por otro lado, la politóloga Constanza Moreira señaló entre los déficit de la democracia uruguaya, la no resolución de la violación de los derechos humanos durante la pasada dictadura, así como la permanencia de las élites políticas y la desigualdad de oportunidades de los partidos políticos en la competencia electoral.

Ayer se realizaron las conferencias correspondientes a los talleres 3 y 4 (Estado y Mercado, Democracia y Ciudadanía) del proceso de actualización ideológica, comenzado por el EP-FA. Participaron como panelistas los economistas Juan Manuel Quijano, Walter Cancela y el abogado Aníbal Cagnoni, la politóloga Constanza Moreira y la socióloga María Elena Laurnaga. El panel del taller 3 lo coordinó Danilo Astori y el 4 Rodolfo Nin Novoa.

«Vivimos en economía de mercado y seguiremos en ella por décadas. Durante mucho tiempo será el mercado quien determine precios, cantidades, etc., y cuyas reglas, nos guste o no nos guste, van a estar presentes en nuestra vida. Por tanto los nombres mercado y Estado no los entiendo como una dicotomía a resolver, sino como dos actores que entre sí, actúan sobre la sociedad», dijo Quijano.

En todo caso, añadió, la clave es cómo interviene y gravita sobre el mercado. En este aspecto, el economista señaló que los «90» comenzaron con un Estado en franco retroceso, pero que a finales de la misma, esta posición está en revisión y hoy poca gente defiende la vigencia irrestricta de las leyes del mercado. «El papel del Estado tiende a crecer, será importante en los años venideros, pero, no encontraremos el mismo de antes.», advirtió.

Más adelante indicó que en los países pequeños, la posibilidad del marco de acción de la política se ha acotado. Según Quijano tradicionalmente «hemos sido tomadores de precios –no fijamos el valor de productos exportables como la carne– y ahora lo somos de políticas económicas».

En ese margen, agregó, deben manejarse los gobiernos, sabiendo que la política económica es una de las formas de intervención en el mercado que tienen los estados.

El pensamiento generalizado, sostuvo el economista, le asigna al Estado la posibilidad de instrumentar políticas de fomento de la pequeña y mediana empresa (Pyme). Otro papel en el cual es determinante el Estado, manifestó el economista, es en el desarrollo de un sistema nacional de innovación. En verdad, agregó, el gasto no es abultado y junto a la investigación científica, podría conformar la competitividad necesaria de la producción uruguaya. Más adelante indicó la posibilidad de desarrollar políticas sectoriales, por ejemplo, a algunas ramas de la industria.

Por su parte, Cancela indicó que el debate sobre Estado-mercado se mueve en dos extremos: la virtuosidad de sus leyes porque a través de ellas se consigue el mayor bienestar para la sociedad; del otro lado, el mercado conduce a la concentración de la riqueza, sacrificando la suerte de la mayoría en beneficio de unos pocos.

Ni el mercado es la soberanía del consumidor, ni el Estado asegura la soberanía del ciudadano, afirmó Cancela. Dos razones influyen para ello: la mundialización de la economía y la generación de centros de poder ajenos a los individuos; en la otra vereda, la apropiación del Estado en favor de determinados sectores, en los países que no tuvieron mercado, como en el este de Europa.

No es sólo elegir

Cagnoni señaló que la democracia, en estos tiempos, ha quedado reducida a lo político, especialemente a partir de los 60, cuando en Uruguay se pierden aspectos de un «estado social», con la participación de la sociedad civil, en aspectos como los vinculados a la seguridad social.

Moreira, por su parte, resaltó el papel de la ideología (aunque advirtió que ésta mueve principalmente a los dirigentes y militantes políticos, más que a los votantes) y la política. Seguidamente descartó una concepción unilateral de la democracia, al señalar la existencia de dos ideas sobre la misma, una liberal y otra republicana. La primera proveniente del liberalismo económico, basada en los derechos individuales, «con la elección del personal político» como actividad preponderante. «Una ciudadanía restringida», comentó.

La concepción republicana pone el énfasis, añadió, en la participación activa y no sólo en el hecho de elegir. Uruguay tiene parte de ambas, dijo, aunque los actores políticos se identifican con una u otra, según se consulte a la izquierda o los partidos tradicionales. Estos últimos, más volcados a la liberal y los primeros a la participativa.

No obstante, y más allá de la percepción que los uruguayos tienen de sí mismos, la democracia en el país tiene deudas, incluso con la concepción liberal, por ejemplo, la mala resolución del último golpe de Estado en Uruguay. Moreira sostuvo que no existen diferencias abismales con el ejemplo chileno –y su secuela de dictadores transformados en senadores vitalicios–pues queda como una «rémora» el tema de la violación de los derechos humanos.

Otros factores del déficit son para la politóloga, el poco cambio de las élites políticas, la desigualdad de oportunidades de los partidos (tanto en el acceso a los medios, como en el financiamiento). Finalmente señaló que la izquierda aún trabaja sobre la contradicción capital-trabajo, cuando los conflictos son más amplios y la centralidad del obrero industrial ha perdido peso en las sociedades actuales.

Laurnaga señaló que la crisis de incidencia de la política no es coyuntural, sino que es parte de un cambio de las sociedades y la cultura. Esas modificaciones llevarán necesariamente a la reformulación de los derechos sociales, indicó.

Remarcó la importancia de lo local para reafirma identidades en un mundo globalizado y uniformizador; y reservó para la política, entre otros desafíos, combinar eficiencia con justicia.

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