El caso Rosadilla

Hubo reclamo por los fueros de la Cámara

Luis Rosadilla (Espacio 609) planteó una cuestión de fueros. Ya se había ido Beatriz Argimón (independiente Partido Nacional), que impresionó vestida de negro total, quién sabe si por la separación.

Rosadilla ­como Lao Tsé cuando pensó, mientras le revisaban en una aduana, que toda acción era inútil- explicó que la respuesta sobre su suspendida visa violaba sus fueros y los de la Cámara: se le consideró alguien acerca de quien «se tiene la convicción de que causará perjuicios, incluso acciones terroristas».

Silvana Charlone (Espacio 90), fue solidaria e hizo una promesa muy al estilo de Berta Singerman: «Mientras el gobierno de Estados Unidos le niegue la entrada a un parlamentario uruguayo, yo, en tanto diputada, no concurriré en misiones oficiales ni en visitas personales a ese país».

Los blancos y José Amorín (Lista 15) se la agarraron con Gargano. Y, liga. Al final, se aprobó la moción del oficialismo: pedir a la Cancillería que envíe a Bush y compañía la declaración de Diputados expresando que sus fueros han sido afectados.

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