Inversión en Uruguay. "No hay que despreciar lo que invierten los propios uruguayos cuando mejoran sus ingresos"

"Nuestro país debe aprovechar su buena ubicación estratégica"

-Desde la perspectiva de la Comisión de Legislación del Trabajo de Diputados, que está muy involucrada en el mundo de las relaciones laborales, ¿hay más conflictividad o sólo es una sensación? Y algo más: ¿qué opina de esa sentencia de Mujica de que «es un boleto hacerle un paro a un gobierno de izquierda»?

-Primero: creo que hubo un poco más de conflictividad, no exactamente ahora. Pero hay que analizar cómo veníamos. Desde la década de 1990 comenzó a producirse en el país un proceso de desregulación del mercado de trabajo, que acarreó, en primer lugar, una desindustrialización muy fuerte. En la industria estaba el peso sindical mayor, por decirlo de alguna manera. En ese proceso, además, se desarmaron empresas. Después de la entrada al Mercosur hubo un costo social muy grande, que se pagó en empresas que se perdieron. Y al desaparecer las empresas, desaparecieron los sindicatos. Al mismo tiempo aparecieron otras formas de trabajo, vinculadas sobre todo a los servicios, donde era un poco más difícil llegar a formar un sindicato. Pero, paralelamente, hubo una represión encubierta para impedir la formación de sindicatos. O sea, venimos de una época donde lo que primó fue la desestructuración del movimiento sindical. ¿Quedó básicamente dónde? En los públicos, en la banca y en algunos sectores de la industria que lograron sobrevivir, por ejemplo en la bebida, donde, muy jugando al achique, a una retirada ordenada, se salvó lo que se pudo salvar. Entonces, ¿qué sucede cuando asume este gobierno? De las primeras cosas que se planteó fue de qué manera volver a participar del mercado de trabajo, citando nuevamente a los Consejos de Salarios, que era un planteo que traía el movimiento sindical desde hacía mucho tiempo atrás. Había una ley que los gobiernos anteriores no cumplieron: la ley de Consejos de Salarios. Una ley que jamás se derogó, pero tampoco se cumplió. Ahora, al volver los Consejos de Salarios, se hizo necesario, primero que nada, formar sindicatos. De otro modo, ¿cómo se manifestaban los interlocutores de las patronales? Ahí comenzó todo un proceso de reorganización del movimiento sindical, al cual se le dio una cobertura importante cuando se votó la ley de fueros sindicales. Fue un éxito. En el comercio, por ejemplo, la sindicalización creció espectacularmente. En la Federación de la Bebida, que conozco a fondo y directamente, el crecimiento fue muy importante, explosivo. Y no olvidemos que el gobierno del Frente Amplio absorbió, chupó de las fuerzas políticas y de los aparatos sociales muchísimos compañeros. ¿Cuántos compañeros del movimiento sindical hay en los directorios de las empresas públicas, en los ministerios, en el Parlamento? Fue como una aspiradora. Y muchos de nosotros, a quienes nos tocó cambiar, veníamos con una experiencia sindical muy grande. Ahora bien, toda esa explosión se dio sin tener, digamos, una contención, la contención que da la experiencia. Eso es lo que ahora se está empezando a dar y las cosas se van serenando, emparejando. Hoy va quedando algunos problemitas en los públicos y, a mi juicio, también se dieron algunos conflictos, en momentos determinados, que no hacían experiencia porque se apelaba a la fase final del conflicto, que era la ocupación, sin pasar por todo lo anterior. Y algunas ocupaciones se hacían con menos gente adentro que la que había afuera. Se está reencauzando eso…

 

-Claro, es el aprendizaje…

-El aprendizaje, sí. Y ahora empezamos a discutir un sistema nacional de negociación, que va a terminar de cerrar ese círculo. En cuanto a lo que dijo Mujica, ah, yo creo que a veces sí, es así. Pero, ¿qué pasa…? ¿Qué es lo que me sucede a mí, a veces, como diputado? Yo no me puedo desprender de mi bagaje sindical, de mi pasado, de mi historia personal. Se alude al equilibrio que se tiene que dar… Yo creo que ese equilibrio se tiene que dar en el conjunto de las Cámaras del Parlamento. Uno viene con una sensibilidad, con una forma de ser… No es tan sencillo decir: «Me olvido de aquello y ahora, como diputado, tengo que ver, medir todo, ser equilibrado, hasta verlo de otra forma». No, no, yo supongo que habrá gente que habrá gente que defenderá mejor a las patronales que yo, y es lícito y está bien. Nosotros, que participamos de la izquierda toda la vida, dentro del Frente o no, tenemos una historia, en mi caso sindical, y somos de determinada manera.

 

-El gobierno convocó ­y yo diría que lo hizo más de una vez, porque en el medio hubo algunos desencuentros y algún portazo de los empresarios- al Compromiso Nacional. El ministro de Trabajo sigue reivindicando ese ámbito y, si bien admite limitaciones y ciertos problemas, maneja un balance positivo y dice que el gobierno sigue apostando a eso. ¿Por qué, entonces, el PIT-CNT insiste tanto en crear otro ámbito, al que ahora llama «diálogo social»? ¿Hace falta otro ámbito?

-No lo puedo contestar. No sé por qué el PIT-CNT ha hecho eso. Personalmente creo que hay que encontrar una forma, que se llame Compromiso Nacional, Diálogo Social o de otra manera, no sé, para que la contradicción entre capital y trabajo, sectores que tienen muchos puntos donde se tocan, se resuelva lo mejor posible. Capital y trabajo son dos círculos que se superponen; si uno raya todo lo que se superpone aparecen intereses comunes, a veces muy amplios. El más claro: si no hay empresa no hay trabajadores, y si no hay trabajadores no hay sindicato. Y para que haya empresas debe haber determinadas condiciones. Hay toda una zona de intereses comunes, que exige fijar reglas de juego. Yo creo en el Compromiso Nacional, o en lo que se arme. Creo que el ministro dice cosas ciertas: de repente, si uno piensa en esas oportunidades en que se encierran las tres partes, de ahí salen lineamientos para todo el mundo… ¿Cuál es el problema? Eso puede hacerse. Ahora, ni el que va en representación de los empresarios ni el que va por los trabajadores tienen la posibilidad de imponerle eso a todo el resto de unos y otros, y el gobierno mismo cae a veces en contradicciones. El gobierno tiene intereses cruzados entre sus propios integrantes, por ejemplo entre miembros del gabinete ministerial. Entonces ¿dónde es que el Compromiso Nacional está funcionando? Donde empiezan a aparecer sectores de actividad que necesitan juntarse, patrones y trabajadores, porque por delante tienen un montón de posibilidades nuevas de desarrollo. Ahí no tienen más remedio que juntarse y arreglar. Por ejemplo, la industria metalúrgica… No tiene gente hoy. Está todo el tema de las autopartes, con empresas que se vienen a instalar acá; y el otro día apareció un informe diciendo que no había gente preparada aquí para atender la demanda calculada. Cuando apareció Botnia hubo que salir a formar soldadores de apuro, porque no había.

Si vienen ENCE y Stora Enso, que todavía no está claro, va a pasar lo mismo y son tres o cuatro de años de trabajo en cada una. Sin embargo, paralelamente, se están impulsando iniciativas con otro contenido y otro tipo de posibilidades, donde hay gente formada. Sé, por ejemplo, que el gobierno está tratando de ayudar en el tema del calzado…

 

-Una industria que viene castigada desde hace tiempo…

-Sí, que tiene una problemática muy complicada por el tema de las importaciones. Pero es una industria que, si se puede desarrollar, genera miles de puestos de trabajo. Bueno, ese sector precisa cosas para desarrollarse. Ahora se ha formado un cluster en la OPP, y Economía está ayudando y, bueno, se está tratando… Los propios industriales están ayudando y lo que queda de los trabajadores del calzado está igualmente en la vuelta, aportando.

Yo creo en este tipo de compromiso. No creo tanto en esos otros compromisos donde nos juntamos en una sala preciosa y decimos cosas macanudas, pero nadie se anima a dar un paso realmente constructivo. No, no. Hay que generar las condiciones para que los sectores que tienen posibilidades de desarrollo generen confia
nza y vayan adelante. Está bien: el empresario no permitirá que se hable de cuestiones que cree le son inherentes, del mismo modo que el sindicato jamás dejará que se discuta acerca de su interna. Entonces ¿cómo organizamos el trabajo? ¿Cómo nos preparamos para competir contra los demás países?

Hay varios círculos concéntricos. Está la competencia dentro del mercado nacional y está la competencia de todo el Uruguay con respecto al Mercosur y al resto del mundo.

Eso, finalmente, es empleo. Y empleo es plata, es seguridad… Estas cosas, en el Compromiso Nacional o en otro ámbito igual, hay que apoyarlas. No se ayuda nada si, ante el más mínimo cambio que se le hace a una cosa, algunos empresarios pegan portazos y se van. Ojo, también puede haber algunos trabajadores que peguen un portazo, aunque es menos probable. No ayuda nada el portazo. Pero, menos mal, son sólo algunos, los menos, aunque quizás hagan ruido.

 

-Vinculado a lo que está diciendo, ¿cuánto pueden estar influyendo ciertos aspectos de la nueva legislación laboral? Me refiero, obviamente y en particular, a las ocupaciones y a las tercerizaciones.

-Acá hubo tres temas excluyentes. Legisladores de la oposición usaron el tema de la ocupación, a partir de que el gobierno retiró aquel decreto inconstitucional que las prohibía; dicen que se creó un vacío de poder.

Aunque no estoy de acuerdo con cierto tipo de ocupación, siempre creí que había que buscar el diálogo para salir de esas cosas sin represión alguna; pero esto es algo que fue cayendo, cayendo… y ya no hay muchas ocupaciones, son pocas y son muy fundamentadas. Otro tema bastante debatido fue la ley de fueros sindicales. Se dijo que iban a ocurrir montones de hechos inconvenientes, la caída de las inversiones, que todo quedaba en manos de los sindicatos… ¡en un debate dentro de nuestra propia fuerza política! Van dos años y medio de vigencia de esa ley y no pasó nada; al contrario, las inversiones van en aumento, el desempleo baja, el salario sube, el riesgo país desciende… La realidad es más fuerte que todo.

Y la otra cuestión son las tercerizaciones: se habló de catástrofes, de los juzgados llenos de gente, todo el mundo sin saber para dónde agarrar, las empresas fundidas porque tenían que poner gente a controlar a las otras empresas y eso era un costo adicional…, qué sé yo. ¡Hace un año que esto rige y tampoco pasó nada! Es más: lo único que se logró por esta ley de tercerizaciones es que, por fin, los trabajadores de las empresas tercerizadas, a quienes se les quedaban con la plata, ahora están cobrando porque todo el mundo ajusta.

 

-Siendo la generación de empleo digno, sostenible, uno de los objetivos esenciales, se ha dado mucho valor a las inversiones. ¿Estamos logrando inversiones ­y dejo afuera a la financiera­ que realmente generan empleo de esas condiciones?

-La gente piensa que la inversión en la industria es la que genera empleo. No es así. No toda la industria es hoy generadora de empleo, a veces al contrario. Veamos el caso de Botnia: una inversión de l. l00.000.000 de dólares que deja 300 trabajadores; por supuesto, al comienzo, en el pico, fueron 5.000, pero hoy son 300. Si una inversión semejante la hubiésemos puesto 30 años atrás en la industria textil habría generado 3.000 empleos.

Tengo la impresión de que ese tipo de inversión, donde por el monto se generan miles de puestos de trabajo, no viene más, al menos en el sector industrial. Debe haber, por supuesto, otro tipo de inversión que genere empleo. Debe ser en procesos donde no hay más remedio que colocar mano de obra porque, por alguna razón, la tecnificación no la sustituye. Estoy persuadido de que Uruguay debe sacar ventajas de su posición estratégica como abastecedor de países vecinos o de fuera de la región.

Ahora bien, si yo hubiese podido elegir, hubiera apostado mucho más, cuando se produjo un cambio tecnológico en muchas empresas de este país, a una intervención más fuerte de la Universidad de la República en una formación adaptable a las nuevas realidades.

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