Intenso debate técnico. Fue el que generó el proyecto de ley sobre regulación del sector lechero

La nueva ley de lechería otorga nuevo marco para sector clave

Informó don Jorge Saravia, quien realizó una extensa exposición en la que historió detalladamente los pormenores de la legislación sobre el sector lácteo que arranca en la década del treinta con la creación de Conaprole, hasta disposiciones más recientes.

Señaló la necesidad de otorgar un nuevo marco legal para un sector que viene en franca expansión y que abastece al mercado interno pero que se vuelca cada vez más hacia la exportación. Se trata de uniformizar las regulaciones, formalizar la producción artesanal de subproductos, regular el mercado interno y la exportación.

Abundando en datos, cifras, porcentajes, la exposición resultó un tanto tediosa al punto que la mayoría de sus colegas se dieron a la lectura de periódicos o a animadas conversaciones entre sí, lo que generó por momentos un murmullo que obligó a don Rodolfo a llamarles la atención.

A continuación, Gallinal abrió el fuego opositor. Reconoció la necesidad de poner al día la legislación y alabó el espíritu que anima al gobierno; dijo que era preciso revisar los criterios primarios así como buscar complementación entre el sector público y privado. Pero cuestionó severamente la creación del INAL, nuevo instituto de derecho público no estatal a cuyo cargo estará la regulación del sector, por considerar que supone mayor burocracia. De acuerdo con el proyecto a estudio, habrá un Consejo Directivo de diez miembros, más una Junta Asesora de 16, integrada, además, con los diez miembros del Consejo. Todo un disparate, según su percepción: «No se puede negar originalidad al redactor del proyecto», ironizó. En definitiva, el gran motivo de discrepancia radica en la presencia muy fuerte de la visión estatista: «Creemos necesario crear un instituto para el desarrollo de los lácteos, pero sin tanta injerencia del Estado», concluyó no sin antes expresar su intención de votar afirmativamente el proyecto en general así como la mayoría de sus artículos.

Luis Alberto Heber, por su parte, cuestionó la duración de los miembros del Consejo (dos años) y consideró que no corresponde «meterse en lo que está funcionando bien», en línea con la postura de Isaac Alfie, partidario de dejar que el mercado se autorregule. Don Sergio Abreu señaló su acuerdo con que el Estado oriente, regule y sea garante social, pero este proyecto «lo que hace es diluir y fragilizar la toma de decisiones». Finalmente, insistió en la inconveniencia de seguir creando personas públicas no estatales que, al final, terminan por obstaculizar los objetivos propuestos.

Eduardo Lorier, con su afilado rostro y su impecable peinado, sostuvo que con este proyecto se promueve el arraigo de la gente en el campo y trata de enfrentar ciertos problemas sociales como la desaparición de los pequeños productores lecheros y la concentración en manos de grandes empresas, muchas de las cuales son extranjeras.

Long, hombre amigo del LATU si los hay, reivindicó la importancia del laboratorio y su prestigio internacional, y saludó la modificación introducida en Comisión por la que el LATU no financiará al INAL con el tres por mil.

El coloniense Carlos Moreira se explayó sobre la fabricación de quesos artesanales reivindicando la condición de pionero de su departamento en el sector. El debate continuó con reiteración de argumentaciones y con algunas salidas de tema hasta que se puso a votación. Resultó aprobado por unanimidad de presentes (no estaban en sala los tres colorados): 23 en 23.

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