Blancos trabajan por la reaparición del wilsonismo, como alternativa al FA

El "izquierdazo": el nuevo cuco que se puso a la venta

El viernes sentí miedo. Primero comencé a transpirar, luego tuve temblores y más tarde empezó a dolerme la cabeza. Creí que era el final, pero lo descarté de inmediato porque siempre creí que los momento previos a la muerte deben ser, necesariamente, placenteros. Me he imaginado esos segundos como una luz blanca, donde el cuerpo flota en la nada -quizás haya visto demasiada televisión- pero así me imagino cómo son los pasos previos a dejar de tener problemas.

Casi de inmediato comprendí que mientras dormía estaba «escuchando» al doctor Juan Andrés Ramírez, conversando con Sonia Breccia en 1410 AM LIBRE. «No quiero dramatizar. Pero yo estoy acá porque tengo ocho nietos y vale la pena prender la luz roja. En los próximos cinco años vendrán las verdaderas reformas. Lo de ahora no es el verdadero ideario del Frente Amplio», alertó Ramírez.

Confundido por la situación -porque por suerte no me moría, pero a la vez me daba cuenta de que estaba viviendo entre sueños y realidades, realidades y sueños-, comencé a sentir que volvíamos a 1971, cuando la derecha le decía a los uruguayos que le iban a quitar a los hijos para llevarlos a Rusia y, en el mejor de los casos, podrían llegar a alcanzar pelotas en el estadio del Dínamo de Moscú, con un grillete en el pie derecho.

Lo confieso: me dolió en el pecho el solo hecho de pensar de que los nietos de Juan Andrés pudieran terminar ante una situación tan cruel y dramática.

Lo que importa de todo esto es que los dos partidos tradicionales van a salir al ruedo en la próxima campaña electoral, alertando a la población de que se viene el «izquierdazo»: la aplicación del programa de antes de la izquierda, que seguramente intentarán identificarlo con el poder soviético de la vieja Rusia o con la Cuba de Fidel y la Venezuela de Chávez. Ramírez fue categórico en este sentido: «No quiero dramatizar pero en las elecciones que viene nos jugamos el destino nacional».

Todo este discurso va dirigido a las capas medias, las eternas generadoras de ideología y de cultura en nuestro país, que están molestas con el IRPF. Molestia que la derecha quiere envolverla dentro del paquete de que a partir de 2010, si gana la izquierda, vendrá la reforma agraria, la estatización de la banca, el no pago de la deuda externa y la sustitución de la democracia representativa por la participativa.

El planteo que se prepara para las próximas elecciones por parte de los nacionalistas, es decirle a la gente -a las capas medias- que si este gobierno le metió la mano en el bolsillo durante su gestión moderada, va a ser mucho peor cuando resuelva en la próxima gestión desatar la furia del radicalismo izquierdista.

Esta estructura ideológica que está montando la derecha del país, cuenta con la buena sintonía de los sectores más radicales del frenteamplismo, que han llegado a plantear la estatización de la banca y de la Salud.

En estas condiciones, donde la mayoría del FA no logra construir un discurso y un programa de transformaciones que altere la estructura del poder pero sin repetir los errores fundamentalistas de antaño, practicados en otros rincones del mundo, seguramente reaparezca el wilsonismo con la bandera de la centroizquierda. Y en ese caso, puede pasar que la izquierda no conserve el gobierno. Así está el mundo, diría Jorge Traverso. *

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