Astori, Mujica y Gargano (no podía faltar) serían los convocados al Senado

Interpelación: blancos quieren saber por qué no baja el precio del morrón

Debo confesar que el morrón me trajo a mal traer en los últimos meses. Cada vez que ingresaba al supermercado me iba directo al morrón y allí sentía que el gobierno se caía a pedazos, que la inflación nos iba a devorar, que el apocalipsis estaba a la vuelta de la esquina. Tuve miedo, lo confieso. Hasta llegué a pensar que los morrones verdes eran militares que tomaban por asalto al Palacio Legislativo.

Es que el morrón, esa cosa extraña que ni es dulce ni picante, había logrado cotizarse alto en el mercado, al grado de que llegó a valer 92 pesos. Casi como un barril de petróleo, que se cotiza en dólares pero no en pesos, pero que para el Chuqui es lo mismo, porque aún no entendió que pesos y dólares no valen lo mismo.

Hay morrones colorados o rojos, según sea de Sanguinetti o de Marina, pero también verdes y amarillos (estos últimos deben de ser albinos o una verdadera alteración genética o simplemente espías). ¿Por qué será más caro el colorado o rojo?, se preguntan los blancos, mientras los del Partido Independiente dudan, como siempre. No lo sé.

Bueno, en esta comarca, el morrón rojo llegó a ser el centro del debate, casi tan importante como el PBI, el IRPF, los índices de desocupación y otras yerbas. Más importante que los partidos que lleva perdido Peñarol.

Me dijeron que los grandes economistas del país, como Ignacio de Posadas, Isaac Alfie, Ricardo Zerbino, Alberto Bensión y Ramón Díaz llegaron a realizar seminarios para conocer el comportamiento del morrón. No sólo hicieron seminarios, sino que se mandaban cinco veces al día mensajes de texto con la cotización del morrón. En una de esas reuniones el senador Sergio Abreu, a quien sólo lo invitaron una sola vez, dijo que la culpa la tenía Reinaldo Gargano, lo que no fue ninguna novedad. Pero lo dijo.

Al morrón sólo se le compara con esas narices de los tomadores que se ponen rojas, al décimo quinto vaso de caña. ¿Por qué el morrón como cuestión de debate?, ¿por qué también fue fruto de análisis de los especialistas del FMI y del Banco Mundial, cuando el tipo sirve para muy pocas cosas?

El morrón sirve para una ensalada, pero sin marrón también hay ensalada. No es de los imprescindibles, como decía Bertolt Brecht. Acompaña bien el relleno de un pastel de carne o de una empanada. Aunque, en verdad, cobra personalidad, cuando se hace un morrón relleno, ya sea al horno o a la parrilla.

La otra gran verdad: el morrón es un pobre tipo, pero los uruguayos estuvimos meses discutiendo sobre el precio real. Logró que yo llegara a soñar con el morrón, lo que me tuvo bastante preocupado. Incluso, debo confesarlo, lo traicioné por algo más insulso: el zapallito, que al igual que el morrón sólo cobra estatura cuando es relleno. Fue así que hice tuco con zapallito rallado, en lugar de morrón cortadito, claro que siempre utilicé tomate como elemento sustancial (¿rojo o colorado?), el más golpeadito, pasadito de maduro y no ese que parece una pelota de goma. Lo confieso: lo utilicé porque es más rico, pero también porque es más barato. De alguna manera El País me pudrió el coco y llegué a tener días terribles, en los que solo pensaba en el morrón, al que lo asociaba con las corridas bancarias.

El viernes supimos que bajaron los precios de las lechugas, espinacas, berenjenas, zanahorias, zapallitos, frutillas, melones y duraznos, en un promedio del 75%. Y que el morrón, ese canalla (seguramente es colorado de Pacheco), se resiste, hasta logró ­con relación a los últimos quince días­ que su precio subiera casi 21%. A esta altura, el morrón rojo tiene más fuerza que el dólar, aunque el verde no tiene tanta fuerza. Si Bush se entera sustituye el dólar por el morrón rojo y los republicanos ganan las elecciones en Estados Unidos. Que no se entere, porque nos invade.

No se descarta, agrego, que el Partido Nacional interpele a Danilo Astori, a José Mujica y a Reinaldo Gargano (no podía faltar), para que expliquen por qué el morrón rojo no baja de precio. Que reserven un lugar en la barra. *

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