La derecha y parte de la izquierda utilizan el enchastre como forma de dirimir las diferencias

La política puede pasar de lo sublime a lo miserable

Si bien De los Santos y Nicolini son personas bien distintas y acusadas por temas diferentes, tienen en común que detrás de las acusaciones hubo móviles políticos, donde las internas partidarias jugaron su papel.

A De los Santos se le acusa de haber establecido un contrato de patrocinio con la empresa Satenil, sin llamado a licitación, y que eso fue un delito grave. Claro que a esto, con el transcurso del tiempo, se le fue agregando una serie de acusaciones sobre diferentes tópicos, donde sólo faltó acusar al intendente del resfrío del lobo de mar que va todos los días al puerto de Puna del Este. No se sabe si lo acusaron por el resfrío o porque el dulce animal tiene sobrepeso.

Rodolfo Nin Novoa, presidente en ejercicio, fue contundente en su respuesta cuando dijo que se estaba ante un «intendenticidio» que «estaba preparado desde el día siguiente de las elecciones». Luego de asegurar que no hubo violación de la Constitución y que tampoco se cometieron delitos graves Nin agregó, en tono desafiante: «Que traigan los delitos graves, si es que existen».

Tampoco eludió el tema Satenil, sosteniendo que no se está ante un delito grave. «Lo que algunos no quieren entender es que en Maldonado hubo un huracán como el Katrina (24 de agosto de 2005) y hay algunos que esperaban medidas burocráticas para solucionar los problemas (antes del comienzo de la temporada turística, cuando la cartelería estaba derruida, así como las calles y caminos por culpa de los vientos) y eso había que hacerlo de cualquier manera y se hizo amparado en las normas vigentes, como el Tocaf».

En este caso la responsabilidad política cae sobre el Partido Nacional, tanto del diputado Federico Casaretto y del senador Enrique Antía, que fue regada por permanentes críticas e insinuaciones del grupo frenteamplista del diputado Darío Pérez y del edil frenteamplista Gastón Pereyra .

Darío Pérez llegó a decir, en una entrevista con LA REPUBLICA: «Tenemos que ser tres veces buenos y no sólo serlo sino parecerlo», intentando dejar un mar de dudas sobre el accionar del intendente fernandino.

Estas mismas palabras o muy similares fueron utilizadas cuando se conocieron las acusaciones contra Leonardo Nicolini. El MPP dijo en aquella oportunidad que tan importante como «ser» es «parecer».

De esta forma, como un mismo discurso ideológico y cultural, hubo en ambos casos alguien que se ubicó como el portador de los códigos éticos y con capacidad de decir a los demás lo que deben hacer o no.

En los dos casos la denuncia llegó hasta la Justicia, la cual solo se ha expedido sobre Nicolini, estableciendo su inocencia. El otro está en lista de espera.

Al ex senador se le acusó de haber fraguado una declaración jurada, para poder acceder a un carné de asistencia del MSP y así realizarse una intervención quirúrgica en un hospital del Estado.

Lo de Nicolini terminó con el archivo del caso, con su renuncia previa al Senado, con un infarto y con su hijo haciendo cola para saber la suerte que le deparaba la Justicia.

La gran diferencia, entre otras, entre Nicolini y De los Santos, es que la iniciativa de la acusación del primero partió desde las filas del MPP, según lo que ha sostenido Fernández Huidobro, mientras que sobre De los Santos el gran golpe fue del Partido Nacional, acompañado por las dudas que difundieron algunos -muy pocos- actores del FA.

En ambos casos la derecha siempre estuvo en el entorno o como protagonista, así como sus medios de comunicación afines. Una vez más quedó demostrado que la política puede pasar en un acto de lo sublime a lo miserable. Los hechos están a la vista. «Fue una conspiración de la derecha y aunque haya gente de izquierda o disfrazada de izquierda con la apariencia de izquierda, es gente de derecha que actúa en el seno de la izquierda», dijo el senador Eleuterio Fernández Huidobro, para que quedaran dudas.

Hace un tiempo Jorge Lanata dijo que «la derecha es cruel y la izquierda miserable», algo de razón tenía, aunque la definición no sea en su totalidad aceptable.

Pero la política sigue valiendo la pena, aunque muchas veces duela en demasía. Si no fuera así, lo que viene después es el caos y la nada.

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