Agrocombustibles: Diputados aprobó ayer producción, venta y utilización
Al principio, costó entender qué pasaba.
Había ingresado, como moción de urgencia, el proyecto de ley –con media aprobación del Senado– para regular la producción, comercialización y utilización de los llamados «agrocombustibles».
De pronto, los blancos parecieron enloquecer: al fundamentar su voto contrario a que el asunto fuese tratado anoche no argumentaron contra el proyecto, sino que aludieron a un «compromiso ignorado», a «la lamentable violación de un acuerdo» y –ya con el tordillo brioso– hasta a «una traición». Una vez que bajó la temperatura de las exposiciones, y mientras observaba que la Mesa era entonces presidida por un Doreen Ibarra (Fidel 1001) luciendo un traje color gris perla con más elegancia que lord Ponsonby, advertí dónde anidaba el embrollo: según la bancada del Partido Nacional, se había acordado con el oficialismo considerar este proyecto en la sesión ordinaria del próximo martes, incluyendo el informe de la Comisión de Industria y Energía que ayer no fue presentado.
Hubo varias votaciones, rectificaciones de votos y un cuarto intermedio a ver si aclaraba, luego de que fuese exhibida sin pudor la indignación casi gauchesca de Sergio Botana (Alianza Nacional), Pablo Abdala (Herrerismo) y Mauricio Cusano (Alianza Nacional). Entonces, la serena intervención de Juan Andrés Roballo (Alianza Progresista), coordinador de la bancada de la mayoría, quien admitió una infeliz descoordinación y solicitó disculpas a los blancos, encauzó las aguas y el debate, que se inició enseguida, permitió, además, solazarse un instante con la sonrisa de Eleonora Bianchi (Vertiente Artiguista), capaz de «incendiar el sol si se apagara», como diría Almafuerte.
Heber Clavijo (Espacio 609) informó el proyecto, aclarando que el texto original del Poder Ejecutivo había sido ligeramente modificado por el Senado. Unos cambios, dijo, que la bancada oficialista de Diputados acompañaba. Esos cambios tienen que ver, en lo fundamental, con agregados al artículo 1º que establece el objeto del proyecto: «El fomento y la regulación de la producción, comercialización y utilización de agrocombustibles» correspondientes a las categorías de alcohol etílico carburante, para ser utilizado en motores de combustión y de biodiésel para motores, logrado a partir de aceites vegetales o grasas animales. El Senado incorporó, como nuevas finalidades de la ley, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en los términos del protocolo de Kyoto, fomentar las inversiones, desarrollar tecnología asociada a estos insumos nacionales, motivar la participación de pequeñas empresas de origen agrícola o industrial, generar empleo, cuidar del medioambiente y dar seguridad al suministro energético interno.
Clavijo fue detallista y preciso. Recordó que el Poder Ejecutivo había designado una comisión para estudiar este asunto en 2005, con el barril de petróleo a 44 dólares, y el proyecto de ley recién se iba a aprobar anoche, cuando ese precio ha trepado a más de 90 dólares. Incontestable (si se seguía demorando –pudo haberlo dicho pero se contuvo– «nos van a comer los bichos»).
Clavijo fue, qué pena, algo extenuante, quizás debido a cierta parsimonia con que matizó su discurso. En realidad, no importó. Gracias a esos breves momentos de aburrimiento, los presentes –al menos yo– pudieron apreciar el ir y venir de las eficientes taquígrafas de la Cámara, algunos de cuyos nombres pude incorporar en rápido censo, escribiendo en vez de cantar como Gardel en «Chicas de New York»: Michele, Mary, Alejandra, Sandra, Silvia, Beatriz, Laura… ah, Laura. Bueno. También fue dable advertir que Artigas Melgarejo lucía esta vez, a contramano de su estilo habitual, una camisa celeste cuya sobriedad se me antojó un acto impiadoso de venganza contra mí: faltó que me la refregara en la cara, como si fuese la camiseta de Cerrito.
Luego, Cusano tomó la palabra y redobló la apuesta. Aunque habló a mayor velocidad que el preopinante, consumió más tiempo. Eso sí, se metió de cabeza (que es mucho decir) en aspectos menos numéricos, más románticos: la defensa de la naturaleza, los gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global y la probabilidad de que Estados Unidos y Europa también miren al Sur para hacerse de los agrocombustibles, que van a necesitar como hoy el petróleo.
Hubo luego un minucioso y largo informe –como aquel camino de Yupanqui, que bajaba, bajaba y se perdía– de Fernando Longo (Liga Federal Frenteamplista). Me permitió ver, por una inexplicable distracción, que Irene Caballero (Alianza Nacional), luciendo como para deshacer los históricos mármoles del Palacio, había decidido quedarse parada al lado de una puerta, en una de esas posiciones que lo hacen dudar a uno (claro, en un brevísimo instante de locura) acerca de qué debe hacer, si es que debe hacer algo.
Al final, por unanimidad
Concluida la oratoria, el proyecto de ley fue votado por unanimidad. El texto establece, entre otros aspectos relevantes, los siguientes: «Quedan excluidas del monopolio de la Ley 8.764, de 15 de octubre de 1931, la producción y exportación de alcohol carburante y biodiesel»; se producirán «a partir de materia prima nacional», pero el Poder Ejecutivo podrá, por razones de interés general, «eximir temporalmente, total o parcialmente», de tal requerimiento; «encomiéndase a Ancap incorporar alcohol carburante, en una proporción de hasta un 5%, sobre el volumen total de la mezcla entre dicho producto y las naftas de uso automotor que se comercialicen internamente hasta el 31 de diciembre de 2014″; en cuanto al biodiesel, esa proporción será de hasta el 2%; «la producción de agrocombustibles requerirá, además de las habilitaciones que correspondan, de la autorización del Ministerio de Industria y Energía»; «las plantas de biodiésel podrán producir para Ancap o para exportación, utilizando hasta 4.000 litros diarios para autoconsumo y flotas cautivas»; y «el biodiésel tendrá el régimen tributario vigente para el gasoil y el alcohol carburante el régimen de las naftas». *
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