"Hemos logrado un crecimiento con redistribución simultánea"
–A tres años del triunfo electoral del Frente Amplio y tomando en cuenta que la promesa central fue el cambio ¿ha cambiado el Uruguay?, ¿cuáles son los cambios más importantes?
–Sin ningún lugar a dudas, el Uruguay ha cambiado y ha cambiado para bien. Para empezar, me parece importante destacar los cambios intangibles del período, los elementos centrales que conforman el panorama de cambios.
Primero, la reconstrucción del imaginario de la esperanza. Ahora, a cualquier ciudadano que se le pregunta, todas las encuestas indican que tiene una perspectiva hacia el futuro absolutamente diferente que en los gobiernos anteriores. Segundo, se ha cumplido con la sustancia del compromiso programático, incluyendo los temas más emblemáticos como son los DDHH o el compromiso de que se va a cumplir en materia educativa el 4,5% del PBI para la educación. Con lo cual se reconstruye la credibilidad en cuanto a la coherencia que tiene que haber entre los compromisos electorales que se asumen y lo que después se hace, se comienzan a recomponer los puentes entre la sociedad civil y el sistema político. Tercero, se incluye al Uruguay en la modernidad, porque todos los gestos refieren a cambios, transformaciones y reformas, inserción internacional y nuevos vínculos, y mueven transversalmente a toda la sociedad uruguaya. Cuarto, es la reincorporación de valores identitarios básicos, como la solidaridad. El gran dilema que estamos viviendo y muchos de los conflictos sociales y de las tensiones que se dan son justamente porque se está apuntando a desarrollar y mantener esto que es el compromiso con la solidaridad. Como lo expresaba hace unos días el Pepe Mujica y yo comparto plenamente con él, el dilema básico que se está expresando en muchos de los conflictos es entre la comunidad y la corporación. Comunidad o corporación ha pasado a ser un eje de tensión, justamente por las opciones sociales del gobierno.
Quinto, el gobierno ha agendado un sistema de reformas como un elemento permanente, esto no lo veía la sociedad uruguaya desde hace décadas.
–Los cinco grandes ejes de la campaña del Frente Amplio fueron: el Uruguay Productivo, el Social, el Innovador, el Democrático y la Inserción en la Región y en el Mundo. ¿Cómo evalúa usted el cumplimiento en la gestión del gobierno de estos compromisos programáticos?
–Empecemos por la gran prioridad del gobierno, que ha sido la cuestión social. Si uno toma un tipología que resulta muy útil en cuanto a la conformación del país: un Uruguay excluido, un Uruguay organizado y un Uruguay privilegiado; el gobierno en estos primeros treinta meses ha apuntado en su gestión al Uruguay sumergido y excluido. También ha atendido al Uruguay organizado en la medida que ha generado empleo y ha mejorado el ingreso, pero con respecto a este segmento de la sociedad, le queda mucha agenda pendiente. Esto es así porque la prioridad ha estado en el Uruguay excluido. Esta prioridad se ha visto en el gasto social del gobierno que ha llegado al 50% del Presupuesto, que es un incremento notable. También en la creación del Mides y en el Plan de Emergencia y la extraordinaria cobertura que tuvo. En la agenda de reformas que incluye tres que son fuertemente redistributivas: la tributaria; la de salud, con la incorporación de medio millón de menores al sistema; y en las asignaciones familiares, con otro medio millón, que multiplican los niveles de ingresos.
Esto muestra que el Uruguay está desarrollando de manera muy destacada en América Latina un nuevo modelo, que es el de crecimiento con redistribución simultánea. Esto lo ha hecho Lula en Brasil con el plan Fome Zero, algo en Argentina y poco en Chile, donde el crecimiento es espectacular, pero al mismo tiempo que disminuyó la pobreza aumentó la brecha entre pobres y ricos. En Uruguay se está siguiendo un camino muy original.
Se ha renovado la legislación social y esto sí que movió las raíces, estamos haciendo un bloque de reformas sociales como no hay antecedentes en la historia nacional, salvo en la época de José Batlle y Ordóñez.
Por ejemplo, en la legislación sobre trabajo doméstico, sobre tercerizaciones, sobre trabajadores rurales, ahora sobre negociación colectiva en privados y públicos. Lo que ha sido la formalización del trabajo en el BPS. La atención a las minorías.
Este conjunto de medidas tiene su expresión en la disminución en un tercio de la pobreza en el Uruguay en dos años y medio. Esto es una verdadera hazaña, según estimaciones de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, hay entre 330 mil y 350 mil pobres menos en el millón de pobres que había cuando asumimos. Por supuesto que hay un enorme tramo de cosas para hacer, porque estamos hablando de que asumimos el gobierno con un millón de compatriotas en la pobreza. Además, se han generado 200 mil nuevos puestos de trabajo, en dos años y medio.
Uruguay productivo
–¿Qué pasa con el Uruguay Productivo, uno de los aspectos más cuestionados por la oposición y también por organizaciones sociales?
–Los avances han sido muy importantes. En primer lugar, se despejó la incertidumbre sobre lo que iba a ser un gobierno de izquierda con aquel horizonte negro de que iba a producir la fuga de capitales y no se cuantas catástrofes más. No sólo no ocurrió eso, se ha producido un crecimiento de la inversión, del consumo y de las exportaciones realmente espectacular, estamos con tasas asiáticas de crecimiento. La inversión extranjera directa se ha cuadriplicado. El turismo ha crecido a pesar del desastre de los cortes de puentes. Se han manejado con éxito los puntos de mayor vulnerabilidad heredados como el endeudamiento externo y el interno. Se salió del FMI y se logró un margen de maniobra que no había, aprovechando una coyuntura favorable en materia de liquidez internacional. Se manejó el endeudamiento interno caso a caso y se fue absorbiendo buena parte del desastre heredado, no todo, porque la historia no se puede desandar en términos absolutos. Uno de los aspectos más importantes, es que no sólo se ha hecho esto que es un buen manejo macroeconómico, sino que se han desarrollado políticas sectoriales, por ejemplo en textiles; políticas de corte horizontal, promoción de Pymes y de cluster, es decir de conglomerados y también políticas territoriales, por ejemplo en el norte azucarero.
Simultáneamente, se reconstruyó el Estado. Fundamentalmente lo que denominamos en la OPP «los músculos del Estado», que son las agencias y las empresas públicas. Las empresas públicas que el Uruguay salvó pero no pudo impedir que fueran vaciadas. Si se repasan todas las empresas se va a encontrar un notable proceso de reconstrucción. Se salvó el BROU que estaba destrozado y se inició la reconstrucción del BHU, en eso estamos en el debe porque falta mucho, pero había perdido dos mil millones de dólares en cinco años.
Esto además tuvo una expresión concreta para los uruguayos, se logró el incremento del ingreso medio de los hogares. Pero además, se logró mejorar la distribución del ingreso en la sociedad. En los próximos días vamos a presentar un documento de la OPP, que es un estudio muy exhaustivo de cruce de las reformas que muestra que no sólo mejoró el ingreso medio sino que mejoró la distribución del ingreso gracias a las políticas redistributivas que se están ejecutando. Todo esto se hizo aprovechando coyunturas regionales e internacionales favorables, pero también absorbiendo las desfavorables, como la suba del petróleo, por ejemplo. Se ha logrado una consolidación económica que ha permitido que un país que había sido vaciado de sus reservas internacionales ahora las tenga y bajó sus niveles de endeudamiento con respecto al PBI. Junto con esto se controló la tensión inflacionaria. No es poco en materia económica.
–Cuando usted habla de que se mejoró la distribución del ingreso ¿a qué
se refiere concretamente? ¿Mejoró la participación de los trabajadores en el ingreso? ¿Se redujo la brecha entre los pobres y los ricos? Porque eso hasta ahora no estaba claro.
–Como producto de lo que se ha hecho, más el impacto de las reformas es que disminuye la brecha entre los pobres y los ricos. No sólo disminuye la pobreza y aumenta el ingreso medio, disminuye la brecha entre los ricos y los pobres. No sólo estamos ante una sociedad que crece, estamos construyendo una sociedad más justa.
Esto se debe en gran parte a que el gobierno apostó al fortalecimiento de los actores sociales. Esto llevó a los Consejos de Salarios y al movimiento sindical con 300 mil afiliados, esto permitió una pelea redistributiva que mejoró los ingresos de los que estaban más abajo. Si a esto le unimos que hay una transferencia del orden de los 200 millones de dólares de arriba hacia abajo por la Reforma Tributaria, más el aspecto redistributivo de la Reforma de la Salud, nos da que no sólo se crece, sino que se crece con mayor justicia.
–¿Cuáles son los aspectos cumplidos que usted destacaría en el capítulo del Uruguay Democrático y particularmente en la democratización de la sociedad y el poder?
–¿Quién iba a pensar que al año de gobierno íbamos lograr lo que se logró en materia de DDHH? Sobre todo en lo referente al cumplimiento del Artículo 4 de la Ley de Caducidad, la investigación sobre los desaparecidos y todo lo que significó como impacto para el conjunto de la sociedad. Conmoción porque se pensó que no era lograble y también por el impacto en la sensibilidad de la gente por lo que se encontró. Por supuesto que queda mucho por hacer, pero se ha avanzado mucho. Se legisló contemplando la situación de los ex presos y perseguidos. Se legisló sobre fueros sindicales, en lo referente a hábeas data y acceso a la información del Estado. Se han respetado los medios de comunicación y su independencia en el sentido más estricto, amplio y riguroso. Se está reconstruyendo la sostenibilidad en materia de seguridad pública para un país devastado en términos sociales. Se crearon instancias de diálogo social que cambiaron el vínculo con los trabajadores en base a los Consejos de Salarios.
Se creó un vínculo con la sociedad a través de los Consejos de Ministros saliendo al interior del país y que se profundizará ahora con las recorridas del propio Presidente a partir del año que viene. Además, se está generando una iniciativa de enorme potencia en base a la propuesta de Descentralización que crea un tercer nivel de gobierno, en base a los municipios, los consejos y las alcaldías electivas. Se respetó la independencia del Poder Judicial, dándole además medios, respetando la independencia técnica de los fiscales y del fiscal de Corte.
Otro elemento clave es que este gobierno, por primera vez en muchos años, ha respetado y cultivado el vínculo con los gobiernos departamentales, independientemente del partido que sean. Nunca hubo una transferencia de la magnitud que se ha hecho, 200 millones de dólares, a los gobiernos departamentales.
FA de cara a la sociedad
–Claramente usted establece un balance positivo. ¿Cuáles son las asignaturas pendientes, los problemas que quedan por resolver?
–Este balance no es conformista. Nos queda una enorme cantidad de cosas por hacer. Creo que uno de los principales desafíos que tenemos es que la opinión pública comprenda que las reformas deben ser miradas en su globalidad y que todas son evolutivas. Es cierto que habrá que introducir modificaciones en la Reforma Tributaria porque hay impactos en grupos localizados, de alcance limitado, pero que existen e importan, levantar el mínimo imponible y otras deducciones. Pero también es cierto que hay que ver el conjunto de las reformas, en algunos conflictos que están planteados los trabajadores no ven que lo que aportan por un lado, a veces lo reciben y lo compensan por otro. Las reformas hay que mirarlas en su conjunto, y por supuesto que habrá que ajustar, nadie puede pretender que un conjunto de reformas de esta magnitud no tenga problemas en su implementación. Los debes los veo en materia de comunicación, no de información. En la falta de tiempo, porque nadie piensa que transformaciones de esta magnitud se hacen en dos años, se necesita una década, una década de transformaciones progresistas.
–Que la sociedad no tenga una visión global de las reformas ¿es responsabilidad del gobierno, de la fuerza política o de ambos?
–Puede haber problemas de acción política y de comunicación, seguramente los hay. Pero también es un problema de tiempos.
En este momento estamos en la implementación de grandes reformas, todas al mismo tiempo y naturalmente cada uno evalúa por cómo le impacta personalmente. Pero esto después va a decantar. Cuando las reformas tengan un tiempo de aplicación y de corrección. Cuando la Reforma de la Salud esté vigente, cuando se aporte y se reciba el servicio, cuando la Reforma Tributaria se ajuste y si a esto le unimos el crecimiento económico, la generación de puestos de trabajo, entonces allí sí la evaluación podrá ser global. Este es el peor momento para la evaluación del ciudadano, porque las reformas recién se están implementando.
–¿Cómo explica usted los cuestionamientos e incluso la movilización social cuestionando algunas de las reformas del gobierno?
–Hay un debate ideológico instalado en la sociedad que hay que seguirlo hasta las últimas consecuencias. Es este dilema que denominamos corporación-comunidad. La fragmentación múltiple de la sociedad que heredamos tiene que ver con eso. Ante el retorno a prácticas viejas de algunas corrientes, no estaría de más la relectura de Lenin, en algunos aspectos, en otros por supuesto que no, pero sí en lo referente a la crítica al tradeunionismo, sobre aquello de cuáles son los intereses inmediatos y cuáles son los intereses estratégicos de los trabajadores. Hay problemas político-electorales que se cruzan.
Tenemos problemas, pero el balance es altamente positivo. Esto no quiere decir que no haya malestar y el malestar en gran parte se debe a nuestras omisiones en materia de comunicación.
Pero no es sólo eso, cualquiera que haya estado preso sabe que la expectativa que se genera a partir a veces de un pequeño elemento, muchas veces está alejada de la realidad y la impaciencia nos gana.
Por lo tanto, la diferencia entre las expectativas y la dureza de la realidad que reclama cambios de carácter acumulativo es una tensión clara.
–Una de las señas de identidad de la izquierda y también una condición para la realización de los cambios es la participación y la movilización de la ciudadanía. ¿A qué atribuye usted el déficit que se plantea en ese plano y que ha sido reconocido por el propio FA?
–No es un problema del gobierno, sino de la fuerza política. Resulta imprescindible que la fuerza política, el FA, asuma un rol mucho más protagónico en sus vínculos con la ciudadanía. Porque si no se va a dar la paradoja de que este gobierno ha generado y va a generar un gran número de espacios de participación y si la fuerza política no entiende que como ciudadanos tienen que participar, los espacios quedarán vacíos o los ocupará la oposición.
El FA tiene que colocarse mucho más de cara a la sociedad que al propio gobierno, es la mejor forma de consolidar el gobierno y el proceso de cambios.
Una de nuestras principales debilidades ha sido la poca actividad de la fuerza política, esto es una responsabilidad del conjunto.
También lo son los problemas no resueltos en materia de cohesión ideológica y de transformación ideológica, que todos sabíamos que estaban.
La izquierda ha tenido la extraordinaria habilidad de generar una cultura del consenso, pero eso no significa q
ue haya acuerdo de sustancia en los proyectos. Hay culturas en transformación que atraviesan a todas las organizaciones.
Nuestro principal problema en términos políticos es ser capaces de elaborar la cultura de la izquierda para sostener al gobierno y profundizar las reformas y asegurar la continuidad de los cambios. Nuestro principal problema no es ganar las próximas elecciones, nuestro principal problema es la gobernabilidad después de ganar las próximas elecciones.
–¿Cómo definiría la situación con respecto a la oposición?
–La oposición no ha sido nuestro principal problema. Lo digo porque nunca presentó un programa alternativo. Una oposición es riesgosa cuando tiene un programa alternativo que resulta convincente para la población, pero para eso tiene que tenerlo. No advierto cuál es el programa alternativo de la oposición, salvo decir que no a lo que propone el gobierno.
Esto no quiere decir que su comportamiento haya estado a la altura de la circunstancias que el país reclama. Por ejemplo, no poder resolver el problema de los organismos de contralor resulta patético, que se haya convertido en vitalicios es absolutamente patético. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad