Admite que la expulsó de su casa ante "ataques verbales y físicos violentos" hacia su hija

Huidobro desmiente agresión a una médica

La respuesta del legislador, titulada «La otra versión», refiere a un episodio ocurrido en abril de 2006 en su propio domicilio durante la asistencia médica de emergencia solicitada para su hija. Huidobro admite que expulsó de su domicilio a la médica ante los «ataques verbales y físicos violentos» hacia su hija pero desmiente haberla tomado «por el pescuezo» como sostiene el artículo.

A raíz de este hecho, según Brecha, la médica formuló una denuncia ante la Policía.

A continuación publicamos la misiva del senador Huidobro:

 

«La otra versión»

«Esa tarde Manuelita fue atendida en forma correcta en el Emergencia de la Española y volvimos a casa con la orden de llamar al sistema móvil a cualquier hora si la fiebre aumentaba.

Así lo hicimos cuando la fiebre creció.

La señora entró sola a nuestro humilde apartamento de planta baja y corredor al fondo con puerta de chapa (no «clásico» como estereotipo de vivienda para un senador) y se dirigió directamente a la habitación matrimonial iluminada a pleno pasando de largo por un brevísimo comedor también iluminado y por la puerta de la pequeña habitación de la niña también iluminada. No miró, ni saludó al senador que estaba en el comedor. La señora nunca supo que esa persona era un senador (se enterará después y ya veremos por qué). Nadie hizo «valer» eso ante ella ni ante el sistema convocado por teléfono.

Al ver que la niña de cinco años, despertada al efecto, resistía ante su madre (llegando a escupirla con una técnica recién aprendida) ser revisada por la señora, ésta se sentó al lado del senador, sin mirarlo, golpeando con sus dedos la mesa en manifestación de impaciencia (estaba muy apurada) dirigiéndose con voz levantada y tono prepotente a la madre de la niña, alegando que tenía mucho que hacer y no estaba para perder el tiempo. Nunca propuso irse y volver cuando la niña estuviera en paz. Nunca hubo «una batalla campal» entre la niña y la madre.

Cuando la madre logró calmar a la niña (no demoró mucho) la señora volvió a la habitación, tomó a la pequeña de ambos bracitos y sacudiéndola con violencia física inusitada comenzó a gritarle reiteradamente, su cara contra la de la niña: -¡Vos a mí no me vas a escupir! ¿Entendiste? ¡vos a mí no me vas a escupir!.. Así sucesivamente ante una niña aterrorizada, helada, sorprendida porque era la primera vez en su corta vida que recibía ese maltrato físico y verbal tanto dentro como fuera de su casa.

Esta señora agredió de palabra a la esposa del senador y a la niña pasando luego a la agresión física sobre una niña enferma de cinco años.

Abusando de la necesidad ineludible de asistencia médica, y de la autoridad que ante gente humilde en una casa humilde ejerce su profesión, violó elementales conceptos éticos, los derechos del paciente y los de la niñez. Todo ello en un ámbito doméstico.

Manuelita, enchastrada ahora también públicamente, ha sido exquisitamente atendida por pediatras como el Dr. José Pereyra o la Dra. Claudia Benítez quienes pueden informar acerca de si Manuelita, que hoy tiene seis años, es agresora habitual. Ha sido atendida por decenas de pediatras en el Casmu y la Española, para quienes esta familia sólo puede tener palabras de agradecimiento y elogio. Tanto por enfermedades leves como por heridas graves. En la enorme mayoría de los casos dichos profesionales tampoco sabían que Manuelita es hija de un senador, la atendieron en lugares aún más humildes que el de este incidente y mantuvieron como es lógico las virtudes propias de una vocación como la que eligieron.

Esa señora no. Y por ello fue expulsada del hogar agredido. Nadie la tomó por el pescuezo ni tampoco perdió botones de chaqueta alguna.

Volvería a serlo mil veces si mil veces repite sus ataques verbales y físicos violentos.

Jamás fue amenazada con la pérdida de su trabajo en la Española: por el contrario, y teniendo en cuenta que la niña necesitaba la asistencia que le fue negada, el senador resolvió comunicar el incidente a la Dra. que esa noche estaba a cargo del servicio para evitar que dicha asistencia le fuera negada por un mal informe realizado por la señora expulsada. Recién entonces, y por teléfono, el senador se identificó rogándole además a la Dra. citada que no elevara a autoridades superiores de la Española el amargo asunto porque no quería perjudicar a la señora. El incidente estaba agotado.

Acaba de enterarse a un año y medio de distancia, que fue denunciado en la Comisaría, en el Sindicato Médico, en la Asociación de Pediatría y en la Comisión Mujer del Parlamento.

Cree que todo ello es tan falso como la versión insultante, antojadiza y forzosamente parcial dada. Tiene relaciones bastantes en todos esos ámbitos (salvo en la Comisaría) como para que se lo hubieran comunicado.

Tampoco puede creer en el pedido de disculpas formulado por la cra. Lucía Topolansky en nombre del MPP por la sencilla razón de que tampoco fue informado.

Por fin: lo más preocupante es la liviandad con la que tantas personas desinformadas tomaron partido (agregando mentiras) por la versión unilateral y única de un altercado, dada además por alguien que ni tan siquiera fue testigo directo. El senador es fácilmente ubicable. Y su esposa también. Ninguna de esas dos personas agredidas fue consultada aunque no más fuera para oír la otra campana y luego formar opinión. La tercera persona, Manuelita, conviene dejarla vivir en paz. No ser tan crueles. Por lo menos destinar los prejuicios, el bleque y los insultos para los adultos. Ella no es candidata a nada. «

E.F.H.»

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