"Que el Frente no olvide que si está en el poder se lo debe a la gente"
–Usted ha sido mencionado para integrar el nuevo Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio, renovado luego de la renuncia de su anterior presidente, el general Licandro. Ignoro si ya le ha sido comunicado oficialmente, pero, anticipándome a lo que parece un hecho, me permito preguntarle cómo le ha caído esa noticia.
–El general Licandro es un personaje que ha ido abriendo camino, un camino por el que hemos transitado nosotros. Y su renuncia es una renuncia a determinada actividad, que no significa renunciar al camino que tiene que seguir transitando en la opción política que ha hecho, ya muchos años atrás. Es un personaje al que yo considero de referencia permanente, porque no solamente tiene una determinada edad, sino la sabiduría que da esa edad. Tiene la experiencia de haber caminado por caminos muy difíciles, que en algunos momentos fueron oscuros, y que él supo sortear. No fue un continuador, fue un pionero. La diferencia es que el continuador va solo; el pionero va adelante con muchos otros a su lado o detrás. Y él no perdió nunca el diálogo con los que vienen detrás, aspecto que le dio ese especial sesgo a su personalidad.
–Licandro renuncia y cuando se refiere a esa renuncia públicamente, de todos modos de forma muy mesurada, hace cuestión a una cierta lentitud, a una cierta omisión en la toma de algunas decisiones, a un ritmo de trabajo que él hubiese preferido de otro modo, frente a algunos temas. Temas que, si usted habla de conducta política, son delicados. En su opinión, ¿siente eso como una forma de presión?
–Aclaro que yo no estoy oficialmente integrando el Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio…
–Pero se lo ofrecieron…
–Me lo ofrecieron y fue votado, creo que por unanimidad, junto a los restantes nombres que se manejaron. Pero no me ha sido comunicado aún por las autoridades del Frente. Por lo tanto, me considero un ciudadano que se entera por la prensa que se han dado determinadas circunstancias, pero oficialmente no sé nada. Es decir, no tengo ninguna relación con las otras personas que también han sido votadas para el mismo Tribunal. Me merece un enorme respeto Chifflet, soy un admirador de su persona, que es de una integridad total. Sobre todo porque esa rectitud que tiene no lo ubica en el plano de la radicalidad. La radicalidad es otra cosa. Él es inflexible con sus principios y me parece que eso, esa integridad, es lo que marca, en el intento de generar un Tribunal de Conducta Política, aceptar la idea de que la conducta es lo que lleva a un determinado criterio y va marcando ese criterio en la medida en que se camina juntos. Pero vuelvo a decir, yo no he recibido una comunicación oficial. Si yo puedo opinar algo, lo haré como ciudadano común. Soy un ciudadano uruguayo y, si bien es cierto que, profesionalmente, soy un sacerdote, no dejo de ser ese ciudadano común. Tengo una opinión política, tengo una definición política, y ambas cosas las he canalizado a través del MPP, que es un movimiento y como tal, se hace en la acción, se va alimentando, recreando en la acción. Eso que yo considero es fruto del MPP, me hace decir que no considero al Frente como un partido hecho, sino un partido que se va haciendo, que en el movimiento se va recreando. Por eso digo que el Frente no es el mismo de 1971, no es el mismo de 2005, sino que es un movimiento histórico. Pero no histórico porque es tradicional, sino porque hace la historia, se mete en ella, participa e influye en ella. Con mucha prudencia, con objetivos muy claros, pero también teniendo muy claro qué pasos hay que ir dando para lograr el objetivo. Teniendo en cuenta eso, creo que el Tribunal de Conducta Política debe asumir ese tipo de responsabilidad. Es decir, si bien es cierto que están claros los objetivos tiene que prestar atención también a los tiempos en los cuales, estratégicamente, debe irlos realizando. Todo Tribunal de este tipo tiene la obligación y el derecho a que se le informe de todo lo que sucede en el partido. ¿Por qué? Porque la ética no es una actitud puntual, es una actitud existencial. O tengo esa concepción o no la tengo. Y la ética va cabalgando en la justicia. Y la justicia es «te doy o no te doy», es la armoniosa relación del mundo de los hombres entre sí. La armoniosa relación de las instituciones con los objetivos que se han marcado…
Información y comunicación
–Ah, pero necesita información como elemento esencial…
–Claro, entonces la ética va pulsando permanentemente si los objetivos son realizados en cada acto asumido. Ahí es donde tiene que intervenir el Tribunal. Porque no es un tribunal solamente en cuanto a las personas, sino en cuanto al partido político, a toda la institución. Y puede decir: «No está cumpliendo con sus objetivos, con su misión».
–Es un matiz importante. Yo creo que hay mucha gente que no lo veía de esa manera. Pensaba al Tribunal más centrado en el juicio de conductas personales…
–Claro. A mí, que soy un miembro de la iglesia, los hechos puntuales de las personas no me impiden entrar en la totalidad, porque la iglesia es un cuerpo que debe estar dando un testimonio de vida. El Frente es un movimiento político que, en su conjunto, o en sus ideales y en las estrategias que asuma, debe estar apuntando a eso y dando a la ciudadanía que puso su confianza en él las posibilidades de que pueda seguir confiando. De lo contrario, el desencanto político es irreversible. Lograr esa confianza otra vez, cuesta mucho.
–Ha introducido un tema que me importa mucho, tal vez por deformación profesional: el tema de la información, de la comunicación. Si lo entendí bien, usted imagina que un Tribunal de Conducta Política, para la tarea que se le plantea, debe estar informando de todo al instante para participar de esa construcción de la historia a la que aludió. ¿Usted comparte esa idea que se ha expandido de que la información interna, por ejemplo de la Mesa Política u otros altos ámbitos hacia el resto del Frente, no funciona bien?
–Voy a seguir opinando como un simple ciudadano. Yo entiendo que el Frente, y para mí es un gesto ético esto, ha descuidado la información y la formación de las bases. Hay un gran teólogo francés, del siglo pasado, uno de los gestores del Segundo Concilio Vaticano, que dice, en un librito muy chiquito «Fe y civilización cristiana», algo así: «De alguna manera tenemos que estar llamando a aquellos que están transitando caminos que la iglesia no ha transitado, los cristianos de avanzada. Pero sepan que son de avanzada de quienes vienen detrás. Si se adelantan tanto en el caminar que pierden el contacto con los demás, aunque tengan la razón caen por Dios». Yo lo leí en 1964 y me produjo tal impacto… Yo me consideraba ese ser que, quizás, veía un poco más allá del resto de la gente, pero era importante que no perdiera la conexión… ¡el lenguaje!… para saber decir en dónde están los demás y, si es posible, que caminemos juntos. ¡Eso es lo que yo creo que el Frente debe tener en cuenta! De lo contrario, hay una falta de ética. El Frente no está en razón del poder de tener un presidente…
–…sino de la propia gente…
–…de la gente, de mover a esa gente, porque el poder está en razón de todo un pueblo, no solamente de quienes lo están apoyando, sino de una oposición… Pero no gobernar porque hay una oposición, sino por fidelidad a sus criterios, porque es a la sociedad que eligió frente a la que está obligado. Y cuando nosotros nos adentramos en el plano del socialismo, lo social, el hombre, que es un ser social, que es un ser en comunicación, en relación, es el que conduce a la historia. Y la historia será construida humana o inhumana. El Frente tiene que estar apostando a que las bases estén interiorizándose para que sean gestoras del poder, para ir haci
endo que esa historia sea lo que se busca… Porque no es Tabaré Vázquez el poder. Él es, yo diría, una especie de signo de un poder que se desarrolla desde las bases, porque sin las bases no puede existir el poder. Por eso digo que la información y la formación es un problema ético.
–Relacionado con esto, ¿por qué cree que ha ocurrido ese descuido por la información y la formación? Cronológicamente, ese proceso coincide, más o menos, con el acceso al poder del Frente Amplio. ¿Eso tiene que ver? Bueno, «llegamos al poder, somos gobierno» y ahí se perdió un poco la relación con esa otra cosa esencial, básica.
–Yo no me voy a escudar en decir que esto es un efecto de un hecho mundial. Acá hay como un mundo que fue y otro mundo que comienza a ser y por eso las bases se están sacudiendo, van rompiendo esquemas… ¿verdad? Yo no voy a decir eso. Voy a decir que el Frente no tiene experiencia de gobierno…
–La está adquiriendo sobre la marcha…
–La está adquiriendo, tiene experiencia de oposición. Y en la urgencia de ir satisfaciendo desafíos que se le presentan, tiene que ir aprendiendo. Y, al mismo tiempo, yo diría que descuidó toda esa parte en la cual la ciudadanía, aun aquel que le prestó el voto al Frente y hoy dice «no se lo vuelvo a prestar»… Bueno, ahí el Frente no puso todos los medios posibles para informar, para aclarar las dudas, para superar las incomprensiones que el pueblo mantiene. Eso lo irá aprendiendo en la marcha. Pero…, ojalá, ojalá que aprenda. Que no se olvide que si está en el poder se lo debe a la gente.
El gobierno y el movimiento
–Ahora bien, dejando a un lado a la parte del Frente que hoy integra el gobierno, que están en esa tarea de aprendizaje que usted dice, ¿no es posible que la otra parte, la que funciona a partir del movimiento, pueda resolver, independientemente de lo demás, ese problema de falta de información y comunicación?
–El hacer político no corresponde exclusivamente a quien es el presidente o a quienes son ministros, etcétera. Es a los grupos políticos a los que les compete eso… Tienen una metodología de trabajo para ello, no pueden perder de vista que son los que deben estar aportando sabiduría a las bases para que éstas no se desencanten de lo que aquél que está ejerciendo el poder hace, sea por cuestiones tácticas, por necesidad de acompasar el ritmo, en fin… A veces no es el ritmo que las bases quieren. Las bases también deben ir adquiriendo una gran dosis de sabiduría de la paciencia. Porque aquello de que «por mucho madrugar no se amanece más temprano» es muy sabio. Ahora, ¿cómo hacemos esto? En el cómo vamos a estar en el conflicto. Algunos pensarán que hay que ir en ferrocarril, otros en avión, otros a pie… La cuestión es que todos caminemos hacia el mismo objetivo. Y la cosa es que las bases entiendan que se está caminando hacia ahí.
Entonces, información sí, pero no porque emana del presidente o de los ministros, sino de los grupos que están permanentemente dosificando el conocimiento de la acción del gobierno.
La reelección, el futuro
–Le hago otra pregunta al simple ciudadano. ¿Le parece un acierto o un error –aclarando que no se trata de juzgar a la persona, sino a la forma de representación– que la presidencia del movimiento la ejerza alguien que, al mismo tiempo, es ministro del gabinete?
–Yo no veo incompatibilidad. Pero es una pregunta que me toma de sorpresa, porque no lo tenía presente, no es un asunto acerca del cual estuviese reflexionando. Yo pienso que el Frente debe ir, en ese proceso de «ser en el tiempo», teniendo conductores en los momentos precisos. Hacer aquello que pueda ir dosificando la capacidad de reflexión y la capacidad de respuesta a los desafíos nuevos. Entonces creo que no debe haber autoridades inamovibles. Por eso la necesidad, me parece, de un equipo de consulta permanente para ver si le vamos «tomando el pulso a la República». El asesoramiento debe existir, no porque sea una ficción intelectual, sino como la reinterpretación de una realidad… ¡Me asesoran porque están metidos en las bases! Y me asesoran de lo que las bases sienten.
–Se me ocurre ahora, por lo que acaba de decir, y no es una picardía periodística, traer un tema de suma actualidad. Usted ha deslizado un concepto muy interesante sobre la inamovilidad de las autoridades. Está claro que no la comparte. Hablando de la reelección, y más allá de que el propio Presidente ha cerrado este asunto, se sigue insistiendo. Hasta filosóficamente usted no sería reeleccionista…
–Yo no soy reeleccionista. Ahora, acá tenemos que diferenciar algo. Si yo me dejo llevar por mi corazón, quisiera que Tabaré Vázquez siga. Tabaré es aquel muchacho que yo conocí en 1962…
–Está bien, pero ese es un planteo emocional, afectivo…
–Claro, claro. Entonces, la mentalidad no es sólo afecto, sino también intelecto. Y hay que saber armonizar el intelecto con el afecto. Y el afecto no debe ir en razón del hombre, sino en razón del pueblo. Yo quiero, entonces, que abramos el abanico de las personas que pudieran continuar el camino que Tabaré Vázquez inició, porque en ese camino puede ser que, en una segunda instancia, apliquemos clisés. Traigamos gente nueva, rodeada de gente que dará un asesoramiento también distinto…
–Sí, por eso que usted decía de ir construyendo la historia al momento en que se participa de ella…
–La historia es un proceso dialéctico. Vamos del no al sí. Y a partir del sí vamos a descubrir otro no que lo tendremos que resolver.
La filosofía del INDA
–Paso ahora al terreno de su querido instituto, el INDA. Le recuerdo, antes que nada, una idea que usted desarrolló y que me pareció, desde entonces, algo muy interesante: buscar la forma de convertir los merenderos, o los comedores del instituto, en lugares de alegría. Es un concepto poco común en estos tiempos; no demasiada gente piensa así en este país. ¿Cómo le va con eso?
–Estamos recorriendo, con el director adjunto Luis Alvarez, por cuarta vez el país para lanzar esta idea y para lograr que prenda. No mantengamos la pobreza, erradiquemos la pobreza. Yo puedo trabajar con pobres, pero si en mi mente tengo que solamente voy a darles de comer a los pobres, estoy institucionalizando la pobreza. Si por un lado yo digo: la pobreza es consecuencia de un desajuste socio político económico, es al gobierno al que le compete corregirlo. Está la causa y deben estar los medios que corrijan la situación, que alimenten la conciencia de las personas que están en esa pobreza. La pobreza tiene el defecto de despersonalizar… Se habla de los pobres… «¿Qué tenemos para los pobres?» «Mamá, está golpeando un pobre». Pierden la dignidad de ser personas para ir a buscar una tacita de leche o un plato de comida. No. Te doy para que des. Por tanto, tenemos que poner los medios para que el pobre se vaya recuperando a sí mismo, que no se estanque, que no haga de la pobreza su trabajo para subsistir. Por eso pensamos que los niños tienen que ir a centros recreativos, no a los merenderos. Centros donde se recreen como persona. ¿Cómo lo hacen? Jugando, que es su trabajo. Y serán los adolescentes, entonces, que aprendan técnicas de juego, quienes las desarrollarán, divirtiéndose también, con esos niños. El juego tiene la virtud de ser reglado. No hay juego sin reglas. De esa manera van introduciendo en su conciencia la idea de vivir en una sociedad que tiene reglas, en una sociedad que aspira al bien común. Sustraigo al adolescente de la tentación de un mercado de producción y consumo y le doy un sentido de la vida que lo va a unir solidariamente con los chicos. Y, a su vez, haciendo lo posible por incorporar a la mujer. La pobreza también tiene el defect
o de «desmujerizar» a la mujer. Debe recuperar su autoestima, su coquetería… Dejar ese abandono de andar en chancletas, con un pucho en la boca, siendo solamente paridora de hijos, sin ser la madre que va acompañando el crecimiento de sus hijos. Hoy se desocializa a la mujer, que vive en esa cultura de muerte de «hoy no tengo y no sé si tengo mañana». Entonces, recreamos al niño, recreamos al adolescente, recreamos a la mujer…
–…y se termina recreando a la familia…
–…a la familia, sí. Porque, vea, la pobreza es femenina. Se feminiza porque quien carga con todo el peso es la mujer. Es un peso que la abruma y la destruye. Si recuperamos a la mujer, recuperamos a la familia. Porque el marido… «¡andá vos!, encargate de eso…». Y, a veces, hoy es el marido, mañana es el compañero y pasado… Pero si la mujer está adherida y encuentra un ámbito para recrearse y halla un lugar para socializar con otras mujeres, ahí puede estar la salida…
–¿Y ese programa como va? Digo, materialmente.
–Canelones, por ejemplo, es un departamento que ya tiene 144 animadores adolescentes para trabajar jugando con los niños. Esto lo hemos lanzado en todas las intendencias y los equipos de acción social locales quedan impregnados por esto y desde ahí parte la coordinación. Está habiendo muy buena respuesta. Serán campeonatos de fútbol, departamentales, regionales, nacionales, será el handball, la bolita… Pero el niño va a jugar con el incentivo del compromiso del campeonato. Yo creo que la cosa se ha puesto en marcha…
–¿Le falta presupuesto?
–No. En absoluto. Las intendencias no tienen que pensar en tantos profesores, porque ese recurso sale de los mismos adolescentes, los animadores. Una mujer del kilómetro 27 de la interbalnearia me decía: «Me da mucha alegría, porque yo tenía una gran preocupación de que a mi hijo lo fuera a tragar la droga». Ese muchacho está ahora tan enamorado de su trabajo que halló paz. El adolescente capta esto, es un animador y lo va a reproducir. Cuando tomamos INDA, con mi equipo dijimos: «INDA debe desaparecer como almacén de los pobres». Es un instituto de alimentación nacional. Si ese instituto hace al desarrollo integral de la persona, será un instituto no para darle de comer a los pobres sino para marcar criterios, una sana política de ciudadanía. Los ciudadanos son los sujetos a quienes INDA debe estar mirando permanentemente. Fíjese que a nivel de niñez de cero a seis años hay un 56% de menores con anemia. Es por una comida inadecuada, se llenan la barriga de chicitos, de papitas y no comen una comida nutritiva. Ahí tenemos que trabajar. Y con la mujer, que debe tener una alimentación adecuada. La embarazada, la adolescente embarazada… porque está gestando un feto desnutrido. Nosotros apostamos a esto: el Uruguay ha dotado al mundo de una cantidad de cerebros, miles formados acá que están vendiendo sus frutos en otros países. Salvemos a esta generación. Salvemos a estos niños, a estos adolescentes, a estas mujeres, démosle un contenido cultural, un sentido de vida que ellos puedan plasmar en su propia tierra.
–¿Se siente apoyado en esta cruzada?
–Totalmente. No sólo a fin de año, cuando fui a charlar con el presidente y todo su equipo, sino siempre. Cuando le expuse todo esto, me dijo: «Por eso te elegí». Tener el aval del presidente, de los ministros, de los intendentes, de mi equipo, es muy importante. *
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