"No veo voluntad política"
¿Cómo se puede llegar a la verdad?
Creo por un lado en continuar la investigación paciente de periodistas y organizaciones de los derechos humanos, que han avanzado en estos años. También pienso que hay militares que estuvieron presentes en aquellas cosas, pero no se ensuciaron las manos, que deberían dar su testimonio. Yo tengo listas de direcciones antiguas y actuales, de militares que no estuvieron metidos en la tortura, pero saben todo lo que pasó. También creo que gente que ha sido denunciada por su tortura tiene que ser llamada a declarar e investigada por el propio Ministerio de Defensa. Para mí ha sido una afrenta lo que sucedió con el capitán de navío Ernesto Serrón. El Serrón que la ministra Berrutti dejó designar en la Comisión Administradora del Río Uruguay es el Serrón que yo denuncié y de quien no quise decir todo en el libro o ante los organismos internacionales. Pero hoy digo que ese Serrón llegaba al orgasmo torturando o se iba a masturbar después. Tuve pudor ajeno. Quedé dolido con esa frase de «es lo que dice una persona y no se puede comprobar». Es como si yo no hubiera tenido otra cosa que hacer de mi vida que escribir un libraco e irme de vacaciones durante 30 años a Europa. Todos los militares tienen un legajo donde están registrados sus destinos. Sería fácil saber quiénes tuvieron destino en el Fusna, el Dipre o el Fusema en esas fechas. Todos ellos saben lo que pasó. No podemos seguir encontrando datos trabajosamente. Cómo es posible que yo a 14 mil kilómetros de distancia pueda venir con el dossier del segundo comandante del Fusna encargado de las operaciones, secuestros y tortura de la gente del GAU, PVP y PCR. ¿Acá no hay nadie que lo pueda hacer? Es un juego de intereses que no puedo entender. La falta de voluntad, por ejemplo de la Comisión para la Paz, donde cuando fui a declarar monseñor Cotugno le pregunta a Gonzalo Fernández quién era «la familia Orletti»… O la mentira de un ex comandante de la Armada que niega la existencia de torturas en la marina. Esta sociedad debe construirse sobre las bases de la verdad. Me da pena que esta gente se muera de vieja y que con ella no haya justicia. No veo voluntad política. Es un drama personal para todos aquellos que tenemos seres queridos desaparecidos o que fueron torturados, pero por otro lado es un drama para el país, porque sobre estas bases algún día va a pasar de vuelta… *
«Llegué a la locura»
¿Siente que cerró el círculo?
Siento que cerré un gran capítulo…
¿Cómo se vive durante 30 años con todo este drama encima, llegó a la locura?
Si, llegué a la locura… Mi primera compañera, la madre de mi hija, estuvo muchos años presa en Uruguay por su condición de ROE. Una vez llegué a una conclusión que puede parecer espantosa, pero no me avergüenza decirlo. Llegué a agradecerle a Dios que hubiera caído presa cuando se iba para Buenos Aires y por cuestión de minutos la detuvieron. Sufrió toda la tortura que uno se pueda imaginar y muchos años de cárcel, pero todas sus compañeras y compañeros están desaparecidos. Si no la detenían, seguramente sería otra de las personas cuya desaparición estamos denunciando.
¿Eso lo afectó?
Lo que me afectó mucho fue ver torturar a compañeros y tener que hacerme el bobo. Caminar por los pasillos para escuchar qué les sacaban para poder avisarle a mis compañeros si podían ser víctimas de un procedimiento. Alguna vez vi cómo maltrataron a una compañera embarazada y yo, que estaba armado, me aguanté, y a veces me arrepiento y me digo por qué no entré y le pegué un par de tiros a esos milicos, aunque luego me hubieran cagado a tiros a mí… Pero después, me digo que si yo hubiera hecho eso, todo esto luego no hubiera salido para afuera. Y si hay que pagar un precio por ser honesto, estoy dispuesto a pagarlo. Otros han pagado un precio mucho más alto, que es la vida.
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