Sodre: realidad actual y perspectivas
Pedro Ramela empieza explicando el origen de la situación.
–Hubo una asamblea de los músicos a propósito de algunas carencias en su labor, y ante la falta de respuesta a sus demandas, solicitaron la renuncia del Consejo Directivo. Después nos reunimos con los delegados de la orquesta y convinimos en ir a una asamblea general del gremio para discutir todos los temas, incluido el pedido de renuncia.
–¿Por qué una medida tan drástica?
P. R.–A veces hay gotas que derraman el vaso. Pero el asunto central es la incertidumbre, es decir qué se va a hacer con el Sodre. Las condiciones de trabajo se han ido deteriorando: no tenemos salas, las salas son improvisadas, prestadas, los atriles también son prestados.
Aparentemente se van a habilitar salas el año que viene. Pero hoy es una situación de nómades.
–¿Qué se resolvió en esa asamblea general?
P. R. –Reclamar una actitud distinta al Consejo Directivo; nos mandató a dar un plazo a las autoridades, para que nos dieran por escrito cuál es el proyecto del Sodre, de modo que pudiéramos trabajar para resolver los distintos problemas que tenemos. Le comunicamos al Consejo Directivo la resolución de la asamblea y también enviamos comunicados a la prensa. Pero lo que se publica en la prensa son notas al compañero delegado de la orquesta, y se mezclan con notas aparecidas en El País y en Búsqueda donde hay ciertas inexactitudes. Nosotros, como asociación de funcionarios, nunca le pedimos la renuncia al Consejo Directivo, aunque el trámite está en la agenda. Estamos en un compás de espera buscando caminos de diálogo y de discusión.
–¿Cuál fue la respuesta del CD?
P.R. –Nos pide un plazo mayor para responder por escrito acerca del futuro del Sodre, y nos presenta un cronograma intenso de 12 reuniones entre octubre y noviembre para abordar todos los aspectos.
Tenemos una cantidad de reivindicaciones porque han pasado muchos años durante los cuales el deterioro del Sodre es muy importante: falta de gente, de recursos, de salas, de instrumentos, de materiales.
Necesitamos señales de hacia dónde vamos. Nosotros tenemos nuestra visión bastante crítica pero también estamos dispuestos a trabajar junto al Consejo Directivo.
–¿Afusodre tiene alguna propuesta concreta?
P. R. –Proponemos un organismo 220 de la Constitución, con autonomía técnica y económica. Si hoy el Sodre quiere contratar un violín, por ejemplo, el contrato va al MEC y es el ministro que lo contrata. Proponemos un servicio descentralizado como es el Correo, por ejemplo. Para darle agilidad. Y que el Consejo Directivo esté integrado por directores de todas las áreas. Ha pasado que el Consejo toma determinadas medidas o directivas y las Direcciones disponen otra cosa.
–Esta serie de problemas que usted ha enumerado, ¿son de ahora o vienen arrastrándose de antes?
P. R. –Son de antes, pero claro, un organismo dependiente, si bien ha tenido un apoyo, una inyección de dinero de parte de los ministerios, también ha tenido asfixias. El sodre viene arrastrando una falta de recursos muy importante que es producto de otra época. En realidad, en cada rendición de cuentas de este gobierno ha habido una inyección de dinero, tal vez no acorde a las necesidades, pero hay un cambio.
–¿Y cuál es la respuesta del Consejo Directivo ante estos planteos?
Jorge Risi: –Lo presupuestal no depende de mí; ojalá dependiera de mí… Pienso que iremos planteando juntos, las autoridades y Afusodre, un escalonamiento hasta llegar a un reordenamiento que no pasa por decir Fulano gana más o menos, sino que tiene que responder a un concepto general, para determinar qué ha sido y qué es el Sodre. Qué significa el Sodre hoy, para la sociedad uruguaya de hoy. Quiero ser muy claro en esto: no creo que la estructura actual del Sodre sirva como sirvió en los años 30, 40 ó 50, porque el mundo es otro. Entonces, cuál es esa nueva estructura, yo no se lo puedo decir así: estamos pensando, trabajando, tratando de actualizarnos. El Sodre ha servido y ha servido mucho, y lo que nos proponemos es que hubiera un Sodre que sirviera ahora. Y de aquí a futuro, en las próximas décadas (no estamos hablando del mes que viene), que sirviera tanto como sirvió aquel Sodre hecho en 1930 y que en los setenta, un poco emblemáticamente con el incendio, empezó a irse a pique.
En lo que tiene que ver con espacios, con lugares físicos, con falta de salas, a mí eso me irrita un poco, porque estoy hasta las orejas luchando por ese problema, y que la gente no se dé cuenta de que la mayor parte de los problemas vienen por eso, y se piense que nosotros nos hemos distraído o que no queremos que haya salas. Hoy lo digo públicamente: abrimos en 2009, y el 31 de marzo de 2008 se abre el Auditorio y la Sala Balzo. Hasta ahora mantuve un perfil más que bajo, subterráneo. Porque a lo mejor equivocadamente, hay perspectivas muy buenas que están casi a punto de concretarse (a punto quiere decir un mes o dos o tres). Y yo creía que iba a haber cosas muy concretas a fines de setiembre. No las hubo. Se postergaron porque aunque siguen siendo muy buenas, los caminos cambiaron –concretamente la donación (no préstamo) de España– y toda la ingeniería del proceso posterior. Es muy fácil decir «está la voluntad del rey» pero el rey no es los reyes magos, no se saca la plata del bolsillo para dársela al Sodre, como en algún momento se creyó incluso a altos niveles. Y hay que hacer un trabajo muy serio de contrapartida en el cual hay una actualización del Sodre que es, que fue y que será.
El 31 de marzo del año próximo abriremos el Estudio Auditorio de 18 de Julio; no podemos fallar más. Hemos tenido problemas de todo tipo, y son problemas reales, no son inventados, muy difìciles de desenganchar. El complejo de salas apuesto a que, con suerte, se abra a mediados de 2009.
–Supongo que esas carencias a que hacen referencia usted y Ramela generan gastos extra.
J.R.–¡Por supuesto! Además, tenemos los gastos. La gente no se hace una idea de lo que cuesta todo. La gente dice «¡qué barbaridad! ¿por qué no hay más salas?». A nosotros no nos causa ninguna alegría tener la sala cerrada, pero no tenemos más remedio que recurrir a salas prestadas totalmente inadecuadas, y cuando vamos a una sala que no está preparada para eso, se producen, obviamente, conflictos. Sin hablar de los transportes… ¿Usted sabe cuánto cuesta mover un piano de cola? Mil dólares para trasladarlo de un lugar a otro. Y los viáticos a los funcionarios que viven lejos… La falta de salas genera problemas prácticos pero también un problema de personalidad, porque la mayoría de los músicos de la Ossodre no conocieron el viejo Sodre y por tanto nunca tuvieron una «casa musical», es decir, una sala propia. Esa situación de nomadismo le va quitando autoestima, autorrespeto. Todos estos problemas hacen que un colectivo se deteriore.
–De todos modos, los conflictos con el sindicato existen
J.R.–Cuando me preguntan si hay conflictos con el sindicato, yo digo que no. Ya desde antes de estos malentendidos veníamos conversando. No es fácil dialogar y no es fácil arrastrar una inercia de confrontación entre un sindicato y la dirección. Una de las primeras cosas que le dije a Ramela fue «yo no estoy del otro lado del mostrador». Yo me comí 14 años de exilio y una condena a muerte por estar de este lado del mostrador y estoy muy orgulloso de ello. El trabajo en conjunto hay que llevarlo adelante en la práctica, en cosas chiquitas, no gloriosas… Lo glorioso puede ser trabajar en la chiquita. Trabajar juntos y ver cómo podemos hacerle entender a la gente que cuando no sale algo no es porque yo sea malo o porque el sindicato sea malo. Y
o quisiera dar una señal de que estamos trabajando juntos en este momento. Sé que a lo mejor esto genere problemas en la interna del sindicato porque no todos comparten esa idea, pero vamos a arreglarnos. Lo que no quiero más es la lloratina constante, «que no se pudo esto, que los trámites son largos, que no hay plata, que no hay lo otro»… ¿Es posible construir algo con esa mentalidad, llorando continuamente? Tenemos que tratar de sacar las cosas adelante juntos. En planes de futuro, el Consejo Directivo está tratando de profundizar una línea de pensamiento. El Sodre nació como una radio oficial a imagen del paradigma de la cultura de una sociedad. La orquesta vino después, y se destacó más que las radios porque las radios vegetaron hasta que les dimos otro impulso. Acá no hay una propuesta de separación, y lo quiero decir muy claramente, si alguien la tuvo, alguien la habrá tenido… Hay rumores por ahí, que tal vez se apoyan en alguna idea que yo desconozco, o en planes para desvincular las radios del resto del organismo; pero nada de eso es real. Incluso, pienso, ojalá tuviéramos la televisión integrada para tener un verdadero complejo cultural y de comunicación.
Pero volviendo al tema, a veces yo puedo decir una cosa en rueda de amigos y eso después se transforma y se desvirtúa, por eso no culpo a las personas que aparecen como diciendo tal cosa, sé que no lo dijeron. Todo el desarrollo de este proceso del complejo de salas y su gestión, va a ser un terremoto saludable, una crisis, que etimológicamente significa momento de cambio. Va a haber cosas que van a cambiar, y a la gente le cuesta mucho cambiar, todos tenemos mucho miedo al cambio. Esto es una locomotora del cambio, es una oportunidad única de ponernos en el siglo XXI. No va a ser lo mismo, no va a ser un teatro más grande para hacer más conciertos. No, es un concepto diferente de cultura, que estará unido a un centro de formación artística, a un instituto de investigación, de investigación artística y científico-artística. Y el Sodre tiene que posicionarse como punta de lanza en este proceso.
–¿Usted coincide con Risi, Ramela?
Pedro Ramela –Básicamente estamos de acuerdo. Hemos planteado la posibilidad de generar algunas comisiones de trabajo para la gestión del teatro, qué se quiere para el complejo; porque está todo en discusión y está bien que así sea. Nosotros como sindicato apostamos a los cambios y sabemos que cuesta mucho cambiar…*
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