Cobra fuerza la posibilidad de efectuar una consulta popular

Empate fue igual a rechazo y el aborto se mantiene como un crimen en el Uruguay

DESDE EL SENADO:  JULIO GUILLOT Y  MARCELO MARQUEZ

Al levantarse el cuarto intermedio y reanudarse la sesión, el forista Abdala retomó su exposición en la que continuó abogando por una solución plebiscitaria al delicado tema de la despenalización del aborto. Reconoció que su propuesta de referendo consultivo no está prevista en nuestro ordenamiento jurídico, pero que puede habilitarse mediante mecanismos legislativos. Recordó antecedentes al respecto, como una propuesta de Eduardo Víctor Haedo en 1952 y leyó opiniones de Semino y de Pérez Pérez, favorables a una suerte de «encuesta de opinión pública» o, como él la llama, «macroconsulta» no vinculante pero de incalculable valor. Abundó y superabundó en consideraciones y argumentaciones a favor de su idea, aprovechando para dejar en evidencia la contradicción interna del partido de gobierno, cuyos legisladores apoyan mayoritariamente la despenalización del aborto mientras el Presidente ha amenazado con vetar la norma si es sancionada.

Michelini fue el primero en cuestionar la idea de Abdala sugiriendo una consulta vinculante o sea un plebiscito resolutivo. Pero el soldado forista siguió embalado y afirmó que todas las hipótesis conducen ineluctablemente a la consulta no vinculante.

 

Cobra fuerza la idea de una consulta

A todo esto, las barras fueron llenándose, igual que el martes, de hombres y mujeres que seguían con atención el debate; entre ellas, se destacaba la presencia de la ex diputada y actual edila Glenda Rondán, férrea partidaria de la despenalización del aborto.

Mónica Xavier expresó su acuerdo en consultar al pueblo, pero al igual que Michelini, propuso que fuera resolutivo; asimismo, planteó la posibilidad de que, mediante un acuerdo político, se aprobara la ley, se levantara el veto y se apoyara un referendo.

Gallinal, con su verba correntosa, le practicó un tirón de orejas a Abdala exhortándolo a pronunciarse y no retirarse de sala; «está bien que el pueblo decida, pero antes tenemos que pronunciarnos nosotros», afirmó con vehemencia. Abdala le recordó que en todos los partidos se ha practicado el mecanismo de retirarse de sala, y aseguró que no estaba dispuesto a sacar las castañas del fuego al Frente Amplio, donde es notorio el «tironeo interno».

Cuando fue el turno de Moreira –ex intendente de Colonia– se reencauzó la discusión hcia el tema de fondo, esto es, la despenalización del aborto y sus aspectos filosóficos, religiosos y políticos. Para el abogado blanco, el proyecto de ley se excede en cuestiones concretas como por ejemplo, la enunciación contenida en el texto de que en una relación sexual debe primar el placer por encima de la función biológica de la procreación.

Tampoco le gustó que la decisión de abortar quedara librada solamente a la mujer y que el varón estuviera excluido en esa circunstancia. Luego citó a Korzeniak (menos mal que el jurista no estaba en sala, porque si no, se armaba la gorda) para defender el derecho a la vida y a favor de la tesis de que la vida comienza en el momento de la concepción, y sostuvo que no se puede legitimar el aborto.

El doctor Alberto Breccia (E. 609) realizó una fina distinción entre lo legítimo y lo legal, y afirmó: «Cuando despenalizamos el aborto, no lo estamos legitimando, sino que lo estamos eximiendo de castigo».

Vino luego el turno de su colega y correligionario, el rojiclavelino Víctor Vaillant, integrante de la Comisión de Salud y firmante del informe en minoría (el que incluía la despenalización del aborto). Con su voz de timbre claro, expresó su optimismo en cuanto al buen fin del proyecto pues –según su opinión– en la Cámara baja será aprobado y, cuando vuelva al Senado, los senadores contrarios a la despenalización podrán rever su postura (Difícil para Sagitario, pero no imposible, ¿no?).

Estimó que el aborto es una autoagresión física y psíquica, y que nadie en su sano juicio está a favor del aborto. Por tanto, no se trata de un debate entre quienes están «a favor de la vida» y quienes están en contra. Es algo mucho más profundo, es un problema que existe pero que no se quiere ver, se oculta para no enfrentarlo. Explicó que hay un divorcio entre una norma y las pautas culturales de la sociedad, y advirtió que cuando las leyes van en contra de la cultura media, no se cumplen. Eso se demuestra por el hecho de que nadie denuncia un aborto como sí lo hace si se entera de un robo o de un homicidio. Terminó sosteniendo que la práctica clandestina implica un perjuicio para las mujeres más humildes ya que las pudientes recurren a clínicas privadas.

 

«La mujer no es un envase»

Margarita Percovich aprovechó su tiempo para corregir y refutar afirmaciones de sus colegas contrarios a la despenaliza-

ción del aborto. Sostuvo que normalmente la sexualidad se ejerce mucho más por placer que con fines reproductivos, y afirmó que este proyecto de ley induce a que la sexualidad se ejerza con responsabilidad.

Asimismo, hizo notar que la norma en discusión apunta a involucrar al padre, contra lo sostenido por Carlos Moreira. Y finalizó afirmando –para sustentar la tesis de que la mujer debe decidir sobre su cuerpo– que «la mujer no es un envase; no es un mero útero». Lorier se sumó a las fundamentaciones de sus colegas y se mostró partidario de efectuar una consulta popular resolutiva.

Heber, por su parte, abundó y redundó en argumentos ya expuestos por sus pares, y aprovechó para rechazar la calificación de «conservadores» lanzada por los partidarios de la despenalización a sus colegas opuestos a la misma, y no vaciló en considerar que la defensa de la vida es «progresista». Reiteró que el gran tema en discusión es la vida.

 

«Si no hay veto, cambia la historia»

Alberto Couriel (E 609) consideró que esta ley es una de las más relevantes del período. Pronunció un discurso muy emotivo en el que resaltó la militancia tesonera de Margarita y Mónica a favor de la equidad; dijo que él –criado en un medio machista– había aprendido mucho de ellas y también de su esposa. Coincidió en la necesidad de promover una consulta popular resolutiva, e introdujo –dirigiéndose a Abdala– un elemento novedoso: expresó su intención de rogar al compañero Tabaré que revea la intención de vetar. Lo interrumpió Abdala para decir: «ah, si no hay veto, cambia la historia», dando a entender que si se lograba un compromiso público del Presidente de no vetar la ley, otra sería su postura.

«Con afecto y con cariño yo le quiero decir al Presidente (que) acepto sus convicciones, su capacidad jurídica, su capacidad política porque es un líder en nuestro movimiento político y es el que está guiando la acción del Poder Ejecutivo y de toda la fuerza política. Pero también le quiero decir al señor Presidente de la República que se trata de un tema en que las convicciones personales, la autoridad jurídica y política tienen que quedar a un lado a los efectos de que sea la sociedad, mediante un referéndum, mediante la vía de la democracia directa, la que decida sobre la despenalización del aborto. Y yo estoy dispuesto a jugar todo lo que sea necesario para convencer al Presidente, para decirle ‘querido Tabaré, acá la sociedad uruguaya es la que tiene que resolver'», afirmó.

 

Un oficialista discordante

Carlos Baráibar –ex democristiano y actual uruasambleísta– fue la nota discordante en la bancada oficialista. El y su correligionario Alberto Cid fueron los votos negativos que impidieron la sanción del proyecto que incluía la despenalización del aborto. Pero con altura, buenos argumentos y respeto hacia sus correligionarios, Baráibar se declaró «culturalmente» contrario a la despenalización del aborto. Los valores cristianos incorporados desde la niñez lo llevan a rechazar la iniciativa y a valorar sobre todas las cosas el derecho a la vida, y a velar por su protección por tratarse de uno de los derechos fundamentales del hombr
e. En una extensa exposición citó y leyó parte de alegatos contra el aborto suscritos por médicos y hasta por Luis Pérez Aguirre, e insistió en que hay que avanzar en la prevención y en la educación.

Susana Dalmás, correligionaria de Cid y Baráibar, manifestó su intención de votar afirmativamente la despenalización del aborto, en el entendido de que «penalizar es clandestinizar». Discrepó con la idea de que votar o no el proyecto era un asunto de conciencia y expresó que, a su entender, era una cuestión política. Asimismo, distinguió con claridad que su postura era a favor de la libertad de elección y no a favor del aborto: «Pro choice», como rezaba el eslogan del Partido Demócrata en EEUU.

 

Las votaciones

Vinieron luego las exposiciones de Alfie y Abreu, que reiteraron argumentos contrarios a la despenalización, y finalmente, don Rodolfo puso el asunto a votación. Después de resolver que se pondría a consideración primero el proyecto que incluye la despenalización, Mónica pidió que la votación fuera nominal. Así se hizo y el resultado fue de 15 a 15. Se puso nuevamente en consideración (como pide el reglamento) y el conteo arrojó 15 en 30, exactamente la mitad, con lo cual el proyecto de ley quedó rechazado.

Puesto a votación el otro proyecto (que había eliminado el capítulo referido a la despenalización), el mismo recogió la más absoluta unanimidad: 31 en 31 (Abdala había reingresado a sala).

 

Fundamentos de votos

Los senadores Isaac Alfie, Luis Alberto Heber, Ruperto Long, Alberto Cid, Luis Oliver (suplanta a Eduardo Ríos), Washington Abdala, Eber Da Rosa, y Carlos Baráibar, en su orden, fueron los que fundamentaron el voto de los dos informes sobre Salud Sexual y Reproductiva que provenían de la Comisión de Salud Pública.

«Una posición de tipo político me ha llevado a adoptar esta posición en contra de ese informe en minoría (el que habilita la despenalización) que va en contra de lo que yo he sostenido en la anterior legislatura. Pero no puedo dejar de soslayar que hay un anuncio público y reiterado de parte del Presidente de la República anunciando un veto sobre el proyecto, y como legislador del gobierno me siento en la responsabilidad de no incentivar un conflicto legislativo-ejecutivo porque mi Presidente me merece el respeto en su convicción que ha sido seguramente valorada desde el punto de vista de la bioética», puntualizó Cid.

El parlamentario de AU aclaró que no tenía discrepancias con el proyecto informado en minoría (por la correligionaria Mónica Xavier) si no que fue «por las razones políticas» expuestas.

 

Educación sexual

El legislador Heber (Herrerismo) adelantó que impulsará cambios en algunos de los artículos del proyecto sancionado pero valoró «normas que son buenas para el país en la implementación de la educación sexual en el país, en normas sanitarias que puedan ayudar en que esta situación que muchas veces se encuentran muchas familias y muchas madres, puedan tener la debida atención y prevención que todos queremos en nuestro país».

 

Tema muerto

El forista Abdala indicó que en el ámbito parlamentario «el tema está muerto».

Dijo que votó el segundo proyecto porque «es bueno meterse en él, trabajar preventivamente, hacer basa con ese proyecto para ir generando condiciones».

«Si hoy estaba convencido, ahora estoy superconvencido: el único camino para salir de este bloqueo es convocar al pueblo. ¿Será consultivo? Fantástico. ¿Será obligatorio? Fantástico. Pero convengan conmigo senadores que el tema acá está absolutamente agotado, máxime con la espada de Damocles del Presidente de la República», sostuvo Abdala.

 

Lamento

Por su parte, Oliver lamentó que el proyecto «haya impactado en la opinión pública por uno de sus aspectos, cuando en realidad se trata de un proyecto de ley mucho más rico, complejo y abarcador, reconociendo los derechos sexuales y reproductivos como parte de los derechos humanos y sentando como principio ético el respeto por la diversidad, el combate a la discriminación y toda forma de violencia sexual».

 

Discrepancias

En otro orden, el legislador Long (Alianza Nacional) precisó que tenía «profundas discrepancias» con el texto sancionado y que lo respaldó al sólo efecto de habilitar la discusión y poder señalar artículo por artículo los cambios que son necesarios introducirles al mismo».

Admitió que «es un avance en la educación sexual».

 

El concepto

En tanto, el legislador Alfie puntualizó que votó a favor de la iniciativa por el concepto de «la defensa del derecho a la vida sexual y reproductiva» pero «no quiere decir que estemos de acuerdo con todos los artículos».

 

Convicciones

A su turno, el nacionalista Da Rosa destacó los aspectos de «la educación, el fortalecimiento en materia sexual, con lo que tiene que ver las discriminaciones, las formas de violencia en el plano sexual».

En lo personal, Da Rosa expresó que «no ha incidido ni remotamente ni nos hemos acordado que el Presidente de la República pensara vetar eventualmente este proyecto. En nuestra decisión son motivaciones y convicciones personales».

 

Conciencia

En tanto, el encuentrista Baráibar señaló que «es un tema que tiene que ver con la libertad de conciencia de cada uno, como así lo ha entendido en toda su historia nuestra fuerza política» por lo que «en este caso no estoy representando a quienes nos votaron porque es un tema de conciencia». Baráibar no descartó la posibilidad de que sean los ciudadanos los que se pronuncien en forma definitiva sobre este tema. *

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